La Unión Europea ha anunciado este viernes un paquete de ayuda económica por valor de 620 millones de euros para Siria, destinado a los años 2026 y 2027. La medida, confirmada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, busca apoyar la reconstrucción y el desarrollo humanitario del país tras años de devastadora guerra civil.
La declaración se produjo durante una visita oficial de ambos líderes europeos a Damasco, donde se reunieron con el presidente interino sirio, Ahmed al Sharaa. "Hace más de un año, décadas de miedo, silencio y violencia estatal finalmente dieron paso a la esperanza, la oportunidad y la posibilidad de renovación. Sabemos que el camino hacia la reconciliación y la recuperación es difícil. Estamos aquí hoy para trabajar por Siria y por todos los sirios", manifestó Von der Leyen en un comunicado conjunto.
La gira diplomática, que incluyó previamente una escala en Jordania y continuará durante el fin de semana en Líbano, se desarrolla en un momento de extrema tensión en la región. Mientras los representantes europeos dialogaban con las autoridades sirias en la capital, en el norte del país estallaba una de las crisis militares más graves desde la supuesta conclusión del conflicto armado en diciembre de 2024.
La escalada bélica en Alepo
La ciudad de Alepo, histórica joya del norte sirio y escenario de algunas de las batallas más cruentas de la guerra civil, ha vuelto a convertirse en epicentro de la violencia. Desde el pasado martes, fuerzas leales al Gobierno de Damasco han mantenido intensos enfrentamientos con milicianos kurdosirios pertenecientes a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el corazón de la urbe.
Los combates se concentran principalmente en dos barrios del centro de Alepo: Sheij Maqsud y Ashrafiyeh. Estas zonas, que albergan una población mixta de etnia kurda y árabe, permanecieron prácticamente aisladas durante el último año. Las FDS, que controlan vastas extensiones del territorio oriental sirio, mantenían una presencia significativa en estos enclaves urbanos.
Los servicios hospitalarios locales han confirmado que la violencia ha causado al menos veinte fallecimientos, convirtiéndose en la confrontación más letal registrada en la zona desde el cese oficial de las hostilidades. La cifra, sin embargo, podría ser superior debido a las dificultades para verificar información en zonas de combate.
El fracaso del alto el fuego
En un intento por contener la crisis, durante la madrugada del viernes se alcanzó un acuerdo provisional de cese del fuego entre las partes enfrentadas. El pacto establecía la evacuación pacífica de los combatientes kurdos hacia las áreas bajo control de las FDS en el este del país, utilizando autobuses durante las horas diurnas.
Sin embargo, la tregua resultó efímera. Aproximadamente a media tarde del mismo viernes, fuentes oficiales de Damasco acusaron a los milicianos de las FDS de haber abierto fuego contra soldados regulares sirios, violando los términos del acuerdo. Estos incidentes reavivaron los enfrentamientos, que aunque menos intensos que en jornadas previas, volvieron a sacudir las calles del centro de Alepo.
La rápida ruptura del alto el fuego evidencia la profunda desconfianza mutua y la fragilidad de cualquier intento de negociación entre el Gobierno central y las milicias kurdas. Los disparos intercambios, inicialmente de mortero en semanas anteriores, han escalado ahora a combates directos y bombardeos que ponen en riesgo a la población civil.
El contexto de las tensiones kurdo-gubernamentales
La actual crisis no es un incidente aislado, sino la culminación de meses de deterioro en las relaciones entre Damasco y las FDS. En marzo del año pasado, ambas partes firmaron un acuerdo de integración mediante el cual las FDS se comprometían a disolverse paulatinamente e incorporarse a las estructuras estatales sirias. Este pacto, celebrado como un paso histórico hacia la reunificación del país, nunca se implementó efectivamente.
Las negociaciones posteriores para concretar los términos de integración han fracasado reiteradamente, generando un clima de frustración y recelo. Las FDS, respaldadas históricamente por la coalición internacional liderada por Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico, han mantenido su autonomía de facto en el noreste sirio. Esta situación genera inquietud en Damasco, que aspira a recuperar el control total sobre todo el territorio nacional.
La tensión se ha agudizado por cuestiones políticas y étnicas complejas. Los kurdos sirios, que representan aproximadamente el 10% de la población total del país, han buscado durante años mayor autonomía cultural y política. El Gobierno central, por su parte, teme que cualquier concesión en este sentido pueda fomentar el separatismo y debilitar la unidad nacional en un momento crítico de reconstrucción.
Implicaciones regionales y respuesta internacional
La visita simultánea de los máximos representantes de la UE a Damasco mientras estalla la violencia en Alepo envía mensajes contradictorios sobre la estabilidad real del país. Por un lado, la comunidad internacional muestra disposición a ofrecer ayuda económica para la reconstrucción siria. Por otro, los eventos en Alepo demuestran que los conflictos internos siguen latentes y pueden reactivarse en cualquier momento.
La oferta de 620 millones de euros, aunque significativa, está condicionada al progreso en la reconciliación nacional y el respeto a los derechos humanos. La UE ha dejado claro que su apoyo depende de avances concretos en la integración de todas las comunidades sirias, incluida la kurda, dentro de un marco político inclusivo.
La situación en Alepo también preocupa a los países vecinos. Turquía, que considera a las FDS una organización terrorista vinculada al PKK kurdo, observa con atención los desarrollos. Por su parte, Irán y Rusia, aliados tradicionales de Damasco, han expresado su respaldo a la soberanía territorial siria, aunque sin comprometerse militarmente en este nuevo enfrentamiento.
El futuro incierto de Siria
La crisis actual pone de manifiesto los desafíos estructurales que enfrenta Siria en su proceso de transición. Mientras el Gobierno interino de Al Sharaa busca legitimidad internacional y apoyo económico, debe simultáneamente gestionar las aspiraciones de las minorías étnicas y las milicias armadas que controlan vastas zonas del territorio.
La comunidad internacional, representada por la UE, parece dispuesta a ofrecer ayuda, pero exige estabilidad y gobernabilidad. La violencia en Alepo, sin embargo, demuestra que la paz sigue siendo frágil y que la reconciliación nacional requerirá más que acuerdos formales.
Para la población civil, especialmente en zonas como Alepo, la situación representa una pesadilla recurrente. Después de años de guerra devastadora, la perspectiva de nuevos enfrentamientos genera desesperanza y fomenta el éxodo de refugiados hacia países vecinos y Europa.
El camino hacia una Siria estable y unificada pasa necesariamente por un diálogo genuino entre todas las partes. La integración de las FDS no puede imponerse por la fuerza, pero tampoco puede perpetuar un sistema de autonomías que fragmente el Estado. Encontrar este equilibrio será la principal tarea del Gobierno sirio y de sus interlocutores internacionales en los próximos meses.
Mientras tanto, Alepo sigue siendo el símbolo de una paz incompleta. Las calles que una vez albergaron mercados vibrantes y una de las comunidades más diversas de Oriente Próximo, ahora son escenario de enfrentamientos que amenazan con reabrir heridas que nunca llegaron a cicatrizar del todo. La respuesta de la comunidad internacional, más allá de los anuncios de ayuda económica, será crucial para evitar que Siria vuelva a sumergirse en el caos.