Delcy Rodríguez agradece a España su apoyo diplomático a Venezuela

La vicepresidenta venezolana destaca la "valiente postura" de Sánchez ante la presión internacional

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha expresado públicamente su agradecimiento al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por la postura diplomática adoptada por España en el marco de la reciente crisis internacional. En un comunicado difundido a través de su canal oficial de Telegram, Rodríguez destacó la "valiente postura del Gobierno de España al condenar la agresión", en referencia a las recientes tensiones geopolíticas que han puesto al país caribeño en el centro de la escena mundial.

Durante el encuentro mantenido con Sánchez, la alta funcionaria venezolana planteó la necesidad de "trabajar conjuntamente en una agenda bilateral amplia y beneficiosa para ambos pueblos y gobiernos". Esta declaración supone un intento de fortalecer los lazos diplomáticos entre Caracas y Madrid en un momento de gran volatilidad regional, donde las presiones externas y los intereses económicos chocan con las soberanías nacionales.

El contexto de estas declaraciones no puede entenderse sin considerar la intensa presión estadounidense sobre Venezuela. El presidente Donald Trump ha adoptado un tono cada vez más confrontacional, no solo con Caracas, sino con toda la región latinoamericana. Sus recientes amenazas sobre Groenlandia, asegurando que Estados Unidos "hará algo" con el territorio autónomo danés "por las buenas o por las malas", han generado una oleada de preocupación internacional que trasciende el Atlántico.

En este escenario, la diplomacia europea emerge como un posible contrapeso. El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, ha reivindicado la labor de España en la crisis venezolana, afirmando rotundamente que "no hay Gobierno en el mundo que haya hecho más por el pueblo venezolano". Albares también ha advertido que los recientes acontecimientos suponen "un intento de cambio de las reglas del orden internacional", una percepción compartida por varios actores globales ante la creciente unilateralidad de algunas potencias.

La dimensión energética del conflicto es innegable. Trump ha mantenido una postura ambigua respecto al gobierno de Delcy Rodríguez, llegando a calificarlo como "un aliado" en determinados momentos, mientras presiona a las petroleras occidentales para que inviertan masivamente en el país. En una reciente reunión con empresas energéticas, el mandatario estadounidense les instó a desembolsar 100.000 millones de dólares en proyectos venezolanos, advirtiendo que, de no hacerlo, tenía "25 personas dispuestas a reemplazarlos".

La petrolera española Repsol ha sido mencionada expresamente en este contexto. Según fuentes oficiales, la compañía habría transmitido a Trump su intención de "invertir con fuerza" en Venezuela e incluso triplicar la producción petrolera del país. Este interés empresarial choca con la retórica política, creando un escenario complejo donde los intereses económicos parecen moldear las decisiones geopolíticas.

Paralelamente, las negociaciones diplomáticas avanzan por varios frentes. Qatar ha desempeñado un papel crucial como mediador, facilitando incluso la primera prueba de vida del presidente Nicolás Maduro tras el ataque sufrido. Este gesto ha sido agradecido públicamente por Rodríguez, quien destacó la contribución de Doha en la construcción de un diálogo constructivo con Washington.

La vicepresidenta venezolana ha dejado claro que la respuesta a las presiones de EEUU se gestionará "en el ámbito de la diplomacia", descartando por ahora medidas de confrontación directa. Esta postura concuerda con la de otros líderes latinoamericanos como el presidente brasileño Lula da Silva y el colombiano Gustavo Petro, con quienes Rodríguez ha coincidido en "la necesidad de una cooperación amplia" para enfrentar los desafíos regionales.

El tema de los presos políticos también ha marcado la agenda. La liberación de ciudadanos españoles detenidos en Venezuela generó críticas desde el Partido Popular, cuya presidenta, Cuca Gamarra, cuestionó la gestión del ex presidente Zapatero en las negociaciones. Sin embargo, el Gobierno español defendió la operación como un éxito diplomático que salvaguardó vidas.

En Perú, el presidente Dina Boluarte ha adoptado una postura más beligerante, afirmando que la incursión militar en Venezuela era "necesaria pese a la ruptura de derecho". Esta declaración pone de manifiesto las divisiones existentes dentro de la región sobre cómo abordar la crisis.

El Vaticano, por su parte, habría mediado en secreto durante las pasadas Navidades para explorar una salida negociada que incluía el exilio de Maduro a Rusia, una información que, si se confirma, revelaría la intensidad de los contactos diplomáticos tras bambalinas.

En este contexto, la soberanía de Groenlandia ha emergido como un símbolo de la nueva era geopolítica. Tanto el Gobierno autónomo groenlandés como las fuerzas políticas danesas han reivindicado su derecho a la autodeterminación frente a las amenazas de Trump. Curiosamente, casi cuatro de cada diez daneses consideran probable que el presidente estadounidense termine invadiendo el territorio, reflejando el temor a un escenario impensable hace apenas meses.

La delegación del Departamento de Estado de EEUU ya ha llegado a Caracas para mantener conversaciones directas, mientras Venezuela confirma que no está previsto que Rodríguez viaje al exterior en las próximas fechas, centrando sus esfuerzos en la gestión interna y la diplomacia virtual.

El escenario que se dibuja es complejo: por un lado, la presión económica y militar de Estados Unidos; por otro, la resistencia diplomática de Venezuela con apoyo de aliados europeos y latinoamericanos. El petróleo sigue siendo la principal herramienta de negociación, con promesas de entregar entre 30 y 50 millones de barriles a cambio de alivio sancionador.

La clave estará en saber si la diplomacia multilateral puede contener los impulsos unilaterales y construir una salida negociada que respete la soberanía venezolana mientras aborda las legítimas preocupaciones internacionales. Por ahora, el agradecimiento de Delcy Rodríguez a España representa un pequeño pero significativo paso hacia el diálogo, en un momento donde cada gesto diplomático cuenta.

Referencias

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