La proyección geopolítica de Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump ha vuelto a poner en el centro del debate internacional la soberanía de Groenlandia. En una entrevista reciente, Arancha González Laya, exministra de Asuntos Exteriores, ha lanzado una advertencia contundente a la Unión Europea: prepararse activamente ante una posible intervención estadounidense en el territorio autónomo danés.
La diplomática española ha dejado claro que la postura europea no puede ser pasiva. "Europa no tiene que esperar a que Estados Unidos tome por la fuerza Groenlandia", ha manifestado, subrayando la necesidad de una respuesta anticipada y coordinada. Su mensaje apunta directamente a la necesidad de que el bloque comunitario defina límites claros ante lo que considera una intromisión inaceptable en su esfera de influencia.
El llamado a la acción preventiva
Para González Laya, la preparación europea implica más que simples declaraciones diplomáticas. La exministra ha enfatizado que "prepararse significa enviar unos mensajes muy claros a Estados Unidos", alineándose con la postura ya adoptada por la primera ministra danesa y otros líderes comunitarios. Este enfoque proactivo, según su visión, es esencial para establecer un límite rojo que Washington no debería cruzar.
La política socialista ha desglosado su estrategia en dos pilares fundamentales. Por un lado, la claridad en el mensaje: dejar sin ambigüedades que cualquier intento de coacción sobre Groenlandia sería inadmisible para Europa. Por otro, la preparación de una respuesta contundente en caso de que las amenazas se materialicen. "Europa también puede responder", ha asegurado, recordando que el bloque posee herramientas diplomáticas y económicas significativas para hacer valer su posición.
El patrón de proyección de poder
La preocupación de González Laya no surge en el vacío. El análisis de la diplomática española sitúa las intenciones sobre Groenlandia dentro de un patrón más amplio de proyección de poder por parte de la administración Trump. Según sus palabras, el presidente estadounidense "quiere proyectar poder sobre el hemisferio que él considera su esfera de influencia".
Este patrón, ha ilustrado, se ha manifestado de manera recurrente en diferentes escenarios: Venezuela, Panamá, Canadá, México y Colombia han sido mencionados como ejemplos de la doctrina de hegemonía regional que Trump parece perseguir. La inclusión de Groenlandia en esta lista no es casual, sino que responde a una visión estratégica que pone a Europa en una posición particularmente delicada.
"Groenlandia es Europa", ha subrayado la exministra, recordando el estatus del territorio como parte del Reino de Dinamarca, aunque con amplia autonomía. Esta condición convierte cualquier amenaza sobre la isla en un asunto directo de la seguridad y la soberanía del continente, no solo de Copenhague.
Las implicaciones de un aliado militar
Uno de los aspectos más controvertidos que González Laya ha destacado es la paradoja de la amenaza desde un aliado. Groenlandia no es solo un territorio europeo; es además un aliado militar de Estados Unidos a través de su pertenencia a la OTAN. La isla alberga la base aérea de Thule, instalación estratégica clave para el sistema de defensa estadounidense.
"El tomar por la fuerza un territorio, y más aún cuando está en un país aliado militarmente con Estados Unidos, como es Groenlandia, pone el problema en un nivel superior", ha advertido. Esta situación crea un precedente peligroso que podría fracturar la cohesión de la Alianza Atlántica y establecer un nuevo paradigma en las relaciones interaliadas.
La diplomática ha insinuado que una acción unilateral de Washington sobre Groenlandia no solo afectaría a Dinamarca, sino que cuestionaría el principio de integridad territorial que ha sustentado el orden internacional post Segunda Guerra Mundial. Para Europa, esto representaría un desafío existencial a su autonomía estratégica.
La respuesta europea en construcción
Aunque la exministra ha sido clara en su llamado a la acción, la realidad es que la respuesta europea aún está en fase de definición. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ya ha descartado cualquier negociación sobre la soberanía de Groenlandia, pero la coordinación a nivel comunitario requiere tiempo y consenso.
González Laya ha defendido que España debe formar parte activa de esta respuesta. "El grueso de la Unión Europea, incluyendo España", ha precisado, debe articular una posición firme y unida. La diversidad de intereses dentro del bloque comunitario, sin embargo, complica la articulación de una postura común, especialmente cuando se trata de contrarrestar a su principal aliado de seguridad.
La exministra ha sugerido que la preparación europea debería incluir mediidas diplomáticas preventivas, consultas intensas con Dinamarca y Groenlandia, y la identificación de posibles respuestas escalonadas. Estas podrían ir desde declaraciones formales de condena hasta medidas económicas o de cooperación en áreas de interés para Washington.
El contexto de la autonomía groenlandesa
Es fundamental comprender que Groenlandia no es simplemente una posesión colonial. Desde 2009, la isla goza de un régimen de autonomía amplio que le confiere competencias en prácticamente todos los ámbitos de gobierno, excepto defensa y política exterior. El 90% de su población es inuit, con una identidad cultural distinta a la danesa.
El interés de Trump en Groenlandia no es nuevo. Durante su primera presidencia ya expresó interés en adquirir la isla, argumentando su importancia estratégica y sus recursos naturales. El cambio climático ha hecho más accesible la región ártica, aumentando su valor geopolítico y económico. Esto explica por qué la administración estadounidense ha retomado con renovado ímpetu su interés por el territorio.
Sin embargo, tanto Dinamarca como Groenlandia han sido tajantes: la isla no está en venta. El primer ministro groenlandés, Múte Bourup Egede, ha reiterado que "Groenlandia es nuestro" y que su futuro debe decidirse por su propio pueblo. Esta postura refuerza el argumento europeo de que cualquier cambio de soberanía debe ser consentido, no impuesto.
El dilema de la seguridad europea
El caso Groenlandia pone de manifiesto una tensión estructural en la política exterior europea: la dependencia de la seguridad estadounidense versus la defensa de la soberanía continental. Aunque la UE ha avanzado en su autonomía estratégica, sigue siendo vulnerable a la presión de Washington.
González Laya ha tocado este nervio al afirmar que "Europa también puede responder". La afirmación implica que el bloque comunitario tiene capacidad de agencia propia, aunque su efectividad depende de la unidad política y la voluntad de asumir costes. La pregunta clave es qué tipo de respuesta sería creíble sin poner en riesgo la relación transatlántica.
Expertos en relaciones internacionales apuntan que la respuesta europea más efectiva sería multilateral y basada en el derecho internacional. Invocar principios de la Carta de la ONU sobre integridad territorial y autodeterminación de los pueblos daría legitimidad a la posición europea. Además, coordinar la respuesta con otros aliados como Canadá o Reino Unido fortalecería el mensaje.
El futuro de la relación transatlántica
Las declaraciones de González Laya reflejan una preocupación creciente sobre la dirección de la política exterior estadounidense. Si bien la retórica de Trump sobre Groenlandia podría interpretarse como una táctica de negociación, la exministra advierte que tomarla a la ligera sería un error estratégico.
"Prepararse significa enviar unos mensajes muy claros", ha reiterado, insistiendo en que la prevención es más efectiva que la reacción a posteriori. Esta lógica preventiva, común en seguridad internacional, adquiere especial relevancia cuando se trata de evitar una crisis entre aliados.
La diplomática española ha dejado entrever que la cohesión europea será el factor decisivo. Si la UE logra hablar con una sola voz, su capacidad de disuadir a Washington aumenta exponencialmente. Por el contrario, la división o la ambigüedad podrían interpretarse como una invitación a la presión unilateral.
En última instancia, el mensaje de González Laya es un llamado a la madurez estratégica europea. La UE debe decidir si quiere seguir siendo un actor reactivo en el escenario global o si está preparada para defender sus intereses con la firmeza que exigen los tiempos. Groenlandia, en este sentido, se convierte en un caso de prueba para la autonomía continental.
El tiempo juega en contra. Cada día sin una posición clara fortalece la percepción de que Europa es un actor dividido e indeciso. La advertencia de la exministra es clara: la preparación no puede esperar. Si la UE quiere evitar una crisis de soberanía en su propio territorio, debe actuar ahora, con contundencia y unidad.