Sito Alonso, protagonista por su reacción en Miribilla tras la derrota del UCAM Murcia

El entrenador del conjunto murciano protagoniza un incidente con la afición bilbaína mientras el Bilbao Basket recupera su mejor versión en casa

El UCAM Murcia afrontaba su visita a Miribilla con el billete para la Copa del Rey prácticamente en el bolsillo. La derrota del Gran Canaria en Zaragoza había allanado el camino para que el equipo de Sito Alonso disputara su tercer torneo del KO en los últimos cinco años. Sin embargo, lo que debía ser una mera formalidad se convirtió en una jornada marcada por la tensión, la polémica y un clima de hostilidad que superó lo meramente deportivo.

El Bilbao Basket salió a la cancha con una clara misión: reconciliarse con su afición. La última comparecencia en casa había dejado un regusto amargo tras una actuación nefasta que aún coleteaba en la memoria de los seguidores. Esta vez, los hombres de negro respondieron con un partidazo que devolvió la confianza a la parroquia bilbaína y, de paso, dejó en evidencia a un UCAM Murcia que pareció desconectado durante largos tramos del encuentro, incapaz de imponer su juego habitual.

La tensión, sin embargo, no llegaba solo por lo deportivo. La figura de Sito Alonso, ex entrenador del conjunto vizcaíno, generó una expectación especial desde el momento de su llegada. Desde su presentación, los pitos de la grada de Miribilla no se hicieron esperar, recordando los tiempos en los que dirigía al equipo local. La relación entre el técnico y la afición bilbaína atraviesa por un momento de absoluto divorcio, y este duelo no hizo más que profundizar la grieta hasta límites insospechados.

El momento más controvertido llegó cuando un sector de la grada entonó el cántico de "Sito cállate". La reacción del entrenador murciano no se hizo esperar y, lejos de mantener la compostura que exige su condición de profesional, optó por un gesto desafiante que encendió la mecha: se llevó la mano a la oreja derecha, instando a la afición a que elevase el volumen de sus protestas. Un movimiento que, según el reglamento de la competición, no está permitido y que podría acarrear consecuencias disciplinarias para el técnico, que ya había sido advertido previamente por los árbitros.

Tras el encuentro, Alonso intentó justificar su actitud alegando que había recibido una lluvia de insultos durante todo el partido, algo que consideró inadmisible. Sin embargo, esta excusa no convence del todo en el mundo del baloncesto profesional. Si cada técnico que sufre este tipo de situaciones en las canchas españolas respondiera de forma similar, el espectáculo deportivo se convertiría en una verbena continua donde los gestos desafiantes sustituirían al juego. La profesionalidad exige mantener la calma en situaciones de presión, algo que el entrenador del UCAM Murcia no consiguió en esta ocasión, demostrando una falta de madurez que le costó caro.

Para colmo, al retirarse del parquet, Sito Alonso mostró con los dedos el número tres, en alusión a las tres participaciones en la Copa del Rey que ha conseguido con su equipo en los últimos años. Un gesto que, más que justificación, parecía una forma de desviar la atención del varapalo deportivo que acababa de sufrir su equipo, que no pudo imponer su ritmo en ningún momento del duelo.

Y es que el Bilbao Basket firmó un encuentro soberbio desde todos los puntos de vista. Los cañonazos al unísono de Frey y Jaworski, sumados al paso adelante de Bagayoko, liquidaron las opciones del UCAM Murcia por completo. El conjunto local demostró una vez más que, cuando encuentra su ritmo en Miribilla, es capaz de competir con cualquier rival de la ACB, por muy en forma que llegue.

El partido arrancó con un UCAM Murcia metido en su habitual turbo, colocando un 4-11 en el marcador que hacía presagiar lo peor para los bilbaínos. Krampelj era el único jugador local que conseguía ver aro con cierta regularidad, manteniendo a flote a su equipo en los primeros compases. Sin embargo, la situación cambió radicalmente cuando Sito Alonso decidió realizar una rotación completa de sus cinco jugadores sobre la pista, un movimiento táctico que resultó desastroso.

Ese cambio de cromos resultó contraproducente para los intereses murcianos. Jaworski activó a su equipo en ataque y, ante la estrategia defensiva del UCAM Murcia de flotar sobre Bagayoko, este sorprendió a propios y extraños sacando a relucir una faceta desconocida hasta el momento: su capacidad como tirador a media y larga distancia. El pívot anotó un triple que puso por delante al Surne Bilbao Basket (31-28) y marcó un punto de inflexión claro en el desarrollo del encuentro, que ya no volvería a girar a favor de los visitantes.

Por su parte, en el bando visitante, DeJulius intentó hacer la guerra por su cuenta. El base estadounidense buscó el aro una y otra vez, penetrando, retrocediendo y lanzando desde la perímetro con insistencia, pero sus esfuerzos resultaron insuficientes para contrarrestar el juego coral y efectivo de los locales, que encontraron en el colectivo su mayor fortaleza.

La última huella del Bilbao Basket en Miribilla antes de este duelo había sido aquel cataclismo ante el Valencia, una derrota dolorosa que dejó a la afición en estado de shock y que ponía en entredicho el rumbo del equipo a mitad de temporada. Posteriormente, la victoria en Girona, primera fuera de casa en más de un año, sirvió para reconducir los ánimos y dar un respiro al proyecto. Pero había que demostrar que aquel percance ante los che no había sido más que algo puntual, y la respuesta fue contundente.

La misión se cumplió con creces. La frustración acumulada tras las derrotas ante Valencia y Barça se tornó en euforia colectiva. Las piezas del equipo de Sito Alonso, pitadas desde el inicio por su antigua afición, no encontraron la manera de imponer su ritmo ni su juego característico. La rotación masiva mediado el primer acto rompió la dinámica positiva inicial, y el Bilbao Basket no perdonó, castigando cada error visitante con transiciones rápidas y tiros abiertos.

El conjunto bilbaíno demostró que, cuando juega como sabe, es capaz de superar a uno de los equipos de moda en la competición. La defensa en zona, el robo tras canasta y la efectividad de sus jugadores referentes marcaron la diferencia desde el segundo cuarto. Solo una carambola matemática permitirá al UCAM Murcia acceder a la Copa del Rey, aunque ahora echará de menos esas victorias que se escaparon en pistas como Manresa o Lugo, donde tuvo el partido en sus manos.

Para Sito Alonso, el camino sigue siendo complicado tanto deportiva como personalmente. Su actitud en Miribilla no le ayuda a cerrar la herida con la afición bilbaína, y sus gestos postpartido han abierto un nuevo frente de críticas que distraen de su trabajo. El entrenador tendrá que centrarse en lo deportivo y dejar que el baloncesto hable por él, porque actitudes como las de este domingo solo consiguen desviar la atención de lo que realmente importa: el rendimiento colectivo de su equipo en la pista.

El Bilbao Basket, por su parte, recupera la confianza y la conexión con su grada, elemento fundamental para sus aspiraciones. La victoria sirve para cerrar una semana positiva y para demostrar que, pese a los altibajos sufridos durante la temporada, el proyecto sigue vivo y con objetivos claros. Miribilla volvió a ser ese fortín inexpugnable que tanto temen los rivales de la ACB, y la afición se fue a casa con la sensación de que su equipo ha dado un paso adelante en su crecimiento como conjunto.

En definitiva, una jornada para el olvido para el UCAM Murcia y su entrenador, y una tarde redonda para un Bilbao Basket que recupera su identidad en la cancha que mejor conoce. El baloncesto, al final, siempre termina imponiéndose a las polémicas, pero las imágenes de Sito Alonso en Miribilla perdurarán en el tiempo como un ejemplo de cómo no debe reaccionar un profesional ante la presión de la grada, y cómo los gestos pueden ensombrecer incluso los méritos deportivos conseguidos en el pasado.

Referencias

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