Crisis en Yemen: líder separatista huye tras fracasar negociación

Aidaros Alzubidi enfrenta destitución y ataques aéreos saudíes tras no presentarse a conversaciones de paz en Riad

La crisis política y militar en Yemen ha alcanzado un nuevo punto de tensión tras la decisión del líder del Consejo de Transición del Sur (STC), Aidaros Alzubidi, de no presentarse a las negociaciones de paz convocadas en Arabia Saudita. Este gesto ha desencadenado una serie de represalias que incluyen su destitución oficial, acusaciones de alta traición y una campaña de ataques aéreos en su provincia natal de Dhale. La situación pone de manifiesto las profundas grietas dentro de la coalición internacional que interviene en el conflicto yemení desde 2015. Los hechos ocurrieron el pasado miércoles, cuando la coalición militar liderada por Riad lanzó una serie de bombarderos sobre objetivos en Dhale, ubicada en el suroeste del país, causando la muerte de al menos cuatro personas según fuentes hospitalarias consultadas por agencias internacionales. Esta ofensiva aérea representa una respuesta directa a lo que las autoridades sauditas consideran una traición por parte de Alzubidi, quien había sido convocado a la capital saudita para participar en un diálogo destinado a reducir la escalada de violencia en la región sur de Yemen. El Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen, órgano ejecutivo que agrupa a diversas facciones rivales en un intento de gobernabilidad, anunció de inmediato la destitución de Alzubidi de sus funciones. En un comunicado oficial, el organismo le acusó de alta traición y participación en una insurgencia armada, señalando que había abusado de la causa legítima del sur del país para cometer delitos graves contra la población civil en las provincias meridionales. La decisión de Alzubidi de no abordar el avión hacia Riad no fue improvisada. Según revelaron fuentes del propio STC, el líder se enteró de que durante las reuniones se le exigiría la disolución de su grupo armado, que forma parte del complejo entramado del Consejo de Liderazgo Presidencial. Ante esta perspectiva, optó por permanecer en territorio yemení y preparar una respuesta militar. El portavoz de la coalición saudita, mayor general Turki al-Maliki, declaró que Alzubidi huyó a un lugar desconocido después de distribuir armamento y municiones a decenas de combatientes dentro de Adén, la ciudad portuaria que sirve de capital temporal al gobierno yemení reconocido internacionalmente. Esta movilización armada habría sido interpretada como una provocación directa a la autoridad de la coalición y una amenaza a la estabilidad de la zona. La escalada de violencia entre el STC, que recibe apoyo de los Emiratos Árabes Unidos, y las fuerzas leales a la coalición saudita se ha intensificado en las últimas semanas, particularmente en los alrededores de Adén. Esta ciudad estratégica, que alberga al gobierno desde que los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, tomaron la capital Saná en 2014, se ha convertido en el epicentro de una lucha de poder entre antiguos aliados. La tensión entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, ambas potencias petroleras que han colaborado durante años en la intervención yemení, ha alcanzado niveles preocupantes. El avance del STC en territorio meridional y la respuesta militar saudita han puesto de relieve diferencias estratégicas que podrían redefinir el equilibrio de poder en la región. Tras los ataques aéreos, el STC emitió un comunicado expresando su grave preocupación por la situación y afirmando que Alzubidi continúa ejerciendo sus funciones en Adén. El grupo solicitó urgentemente a la coalición que cesara los bombardeos y reiteró su disposición al diálogo, a pesar de la ruptura del proceso negociador. La organización también denunció haber perdido contacto con la delegación que finalmente viajó a Riad, lo que añade un elemento de incertidumbre sobre el paradero y la seguridad de sus miembros. El conflicto en Yemen, que ya es considerado una de las peores crisis humanitarias del mundo, se ve ahora complicado por esta división interna entre las fuerzas que conforman la resistencia contra los hutíes. La comunidad internacional ha hecho múltiples llamamientos al cese de hostilidades, pero la fragmentación de los actores armados y la multiplicidad de intereses regionales han frustrado todos los intentos de paz duradera. Expertos en seguridad regional advierten que la confrontación entre el STC y la coalición saudita podría crear un nuevo frente de guerra, mientras que los hutíes mantienen su control sobre el norte del país y continúan lanzando ataques esporádicos contra objetivos sauditas. La situación de Dhale, provincia clave en la línea de frente entre fuerzas suristas y leales al gobierno, es particularmente delicada. Los habitantes civiles se ven atrapados entre fuego cruzado y bombardeos aéreos, con servicios básicos colapsados y escaso acceso a ayuda humanitaria. La decisión de Alzubidi de movilizar tropas en esta zona indica una preparación para una confrontación prolongada, lo que podría desestabilizar aún más la frágil situación en el sur. La coalición justifica sus ataques como una medida preventiva para evitar que Alzubidi intensifique el conflicto y lo extienda a otras provincias. Sin embargo, críticos de la intervención saudita argumentan que esta respuesta militar solo sirve para agravar las divisiones y dificulta cualquier solución política negociada. El futuro inmediato de Yemen parece cada vez más incierto. Mientras el STC defiende su autonomía y el derecho a representar los intereses del sur, Arabia Saudita insiste en mantener la unidad territorial bajo el gobierno reconocido internacionalmente. Los Emiratos Árabes Unidos, por su parte, mantienen una postura ambigua, apoyando al STC pero sin romper formalmente con la coalición. La comunidad diplomática observa con preocupación cómo esta nueva crisis interna podría ser aprovechada por los hutíes para reforzar sus posiciones o incluso expandir su influencia hacia áreas debilitadas por la lucha entre sus adversarios. La necesidad de una negociación integral que incluya a todos los actores se hace más urgente que nunca, aunque la voluntad política y la confianza mutua parecen estar en mínimos históricos. Mientras tanto, la población yemení continúa sufriendo las consecuencias de una guerra que se ha extendido por más de nueve años, con hambruna, enfermedades y desplazamientos masivos como resultado de la violencia incesante. La última escalada en Dhale solo añade otro capítulo a este conflicto complejo y multifacético, donde las lealtades cambian rápidamente y las soluciones pacíficas parecen cada vez más lejanas.

Referencias

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