Crisis en el Real Zaragoza: las cuentas del descenso y la carrera contra el tiempo

Con solo 17 puntos en 20 jornadas, el conjunto aragonés necesita una remontada épica para evitar el descenso a Primera RFEF

El Real Zaragoza vive sus horas más bajas. La derrota sufrida ante la UD Las Palmas no es simplemente otro revés más en una temporada complicada, sino la evidencia palpable de una crisis que se ha instalado en el seno del club y que amenaza con consumirlo por completo. El equipo no da respuesta sobre el terreno de juego, mientras que la gestión deportiva muestra signos evidentes de parálisis, cuestionada por unas decisiones en el mercado de verano que no han dado resultado y por una inactividad preocupante durante el mercado invernal.

Los números son tercos y no dejan lugar a la interpretación. En las últimas cuatro jornadas, el conjunto maño ha conseguido únicamente 2 puntos de 12 posibles. Las derrotas en el Ibercaja Estadio ante Cádiz y Las Palmas, sumadas a los empates conseguidos a domicilio en Málaga y Burgos, dibujan un panorama sombrío. Aunque es cierto que en alguno de estos compromisos el balón no ha rodado de forma justa, en situaciones límite como la actual, recurrir al argumento del merecimiento resulta una excusa poco convincente. La raíz del problema se encuentra en capas mucho más profundas de la estructura del equipo.

Tras disputar 20 jornadas del campeonato, el Real Zaragoza ha cosechado tan solo 17 puntos. Este registro, francamente insuficiente, obliga a analizar la tabla con verdadera alarma. Aún restan por delante 22 encuentros, lo que significa que el club necesitaría añadir aproximadamente 33 puntos más a su casillero para alcanzar la cifra mágica de los 50 puntos que históricamente aseguran la permanencia en LaLiga Hypermotion. Este objetivo exige una transformación radical en el ritmo de consecución de puntos, pasando de la actual mediocridad a una regularidad casi perfecta.

La competición no ofrece tregua. La igualdad que caracteriza esta temporada en la segunda división del fútbol español no hace sino agravar el escenario para el Zaragoza. A falta de una jornada para completar la primera vuelta, la SD Huesca marca la frontera de la salvación con 23 puntos, cifra que podría incrementarse hasta los 26 una vez finalizada la primera mitad del campeonato. Si las tendencias actuales se mantienen, todo indica que el umbral definitivo para evitar el descenso se situará nuevamente en torno a los 50 puntos. Para el conjunto aragonés no existe otra alternativa que apretar el acelerador de forma inmediata y contundente.

El próximo compromiso ya supone un examen de máxima exigencia. El Zaragoza visitará El Sardinero para cerrar la primera vuelta, uno de los estadios más intimidatorios de la categoría. El Racing de Santander ha construido su fortaleza en casa, donde ha sumado seis victorias exhibiendo un fútbol ofensivo y despiadado. El dato es demoledor: los cántabros han anotado 23 goles en su feudo, superando la cifra total de tantos que ha conseguido el Real Zaragoza en lo que va de temporada.

A partir de ahí se abre un tramo de la temporada que puede resultar definitivo. Dos compromisos consecutivos en el Ibercaja Estadio ante la Real Sociedad B y el Castellón, una salida complicada al estadio del Albacete, la visita del Eibar a Zaragoza, y una doble jornada de desplazamientos ante Cultural Leonesa y Andorra conforman un bloque de partidos ante rivales directos en la lucha por la permanencia. Estos enfrentamientos podrán marcar el futuro inmediato del equipo y, de no mediar una reacción, sentenciar su destino antes de que concluya el mes de febrero.

El último episodio, la derrota ante la UD Las Palmas, volvió a poner de manifiesto las carencias del conjunto aragonés. Los insulares dominaron el primer tiempo y supieron asestar el golpe decisivo en la reanudación. El Zaragoza dispuso de una ocasión de oro mediante Kenan Kodro que hubiera podido cambiar el signo del encuentro, pero una vez más la falta de puntería se convirtió en castigo. Apenas dos minutos después, Estanis Pedrola certificaba el triunfo visitante.

La ironía del caso Pedrola resulta especialmente dolorosa para la afición zaragocista. Incorporado por el rival durante esta misma semana, el delantero resultó decisivo dejando un mensaje contundente sobre la importancia de reforzar el plantel con rapidez y acierto. Precisamente eso es lo que hoy más se echa de menos en la entidad maña. La salvación está a seis puntos y la línea que separa la permanencia del descenso se vuelve cada vez más delgada.

El tiempo se agota y el margen de error ha desaparecido por completo. Cada partido se convierte en una final, cada punto perdido en una losa que dificulta la remontada. La directiva debe tomar decisiones urgentes si quiere evitar que uno de los clubes históricos del fútbol español caiga en el pozo de Primera RFEF. La plantilla, por su parte, necesita encontrar rápidamente la chispa que le permita competir con garantías. La afición, desesperanzada pero fiel, espera una reacción que de momento no llega.

La situación recuerda a otras crisis históricas del club, pero la actual tiene matices particulares. La falta de gol es preocupante, la defensa muestra fisuras constantes y el centro del campo carece de liderazgo. El entrenador parece haber agotado las fórmulas y la plantilla no responde a los estímulos. En los despachos, la planificación deportiva ha fracasado estrepitosamente, con fichajes que no han rendido y una política de cesiones que ha dejado huecos importantes.

El calendario, lejos de ofrecer un respiro, presenta una sucesión de obstáculos. Después del duelo en Santander, donde el Racing espera como un tigre en su guarida, llegan dos compromisos en casa que se antojan vitales. La Real Sociedad B y el Castellón visitarán Zaragoza en una semana decisiva. La presión del Ibercaja Estadio será enorme, y la capacidad de respuesta del equipo bajo tal tensión es una incógnita.

Las salidas a Albacete y Andorra, terrenos complicados, se suman a la visita del Eibar, uno de los gallitos. La Cultural Leonesa, en su estadio, también representa una trampa. Cada kilómetro recorrido en estos desplazamientos se convierte en una travesía por el desierto, donde el agua de la esperanza escasea. La afición empieza a mostrar signos de hastío, aunque las banderas ondean y los cánticos resuenan.

El vestuario necesita un milagro deportivo, pero también psicológico. Recuperar la confianza perdida es tan importante como sumar puntos. Los veteranos deben liderar esta reconstrucción, mientras que los jóvenes aportan frescura. La mezcla no está funcionando, y el cuerpo técnico debe encontrar la fórmula mágica. La solución pasa por el trabajo, la unión y la fe en un proyecto que ahora mismo parece agónico.

El destino del Real Zaragoza se decide ahora. No hay margen para esperar, para dudar o para lamentaciones. Solo queda acción, resultados y puntos. Muchos puntos. La cuenta atrás ha comenzado y el reloj no se detiene. La historia del club está en juego.

Referencias

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