Travis Head vuelve a castigar a Inglaterra en el tercer Test de Ashes

El bateador australiano anota su segunda centena de la serie y deja a Inglaterra al borde de la derrota en Adelaide

La noche en el Adelaide Oval ha resultado ser un nuevo capítulo de sufrimiento para Inglaterra en esta serie de Ashes. Travis Head, el bateador australiano, ha vuelto a convertirse en la bestia negra del equipo visitante con una impecable centena que constituye su segunda en esta serie, dejando a los ingleses al borde de una derrota que parece inevitable.

El día comenzó con un rayo de esperanza para Inglaterra. Con la necesidad de acercarse a la ventaja australiana, los bateadores visitantes mostraron una resistencia inesperada. Jofra Archer, conocido principalmente por sus habilidades como lanzador rápido, sorprendió a propios y extraños al construir una valiente media centena, su primera en el formato Test. Su innings no fue solo una demostración de poder, sino de temple, aguantando 73 bolas frente a un ataque australiano que no perdonaba. Cada boundary que Archer encontraba era un pequeño triunfo para un equipo que necesitaba inspiración desde cualquier fuente. Su asociación con Stokes fue el faro en la oscuridad.

Pero el verdadero epicentro de la resistencia inglesa fue Ben Stokes. El capitán, convertido en referente indiscutible de este equipo, libró una batalla de épica contra la pelota, la situación y el cansancio. Durante 198 bolas, Stokes resistió los embates de Pat Cummins, Mitchell Starc y Nathan Lyon, acumulando 83 runs que, en contexto, valían por el doble. Cada carrera era un pequeño triunfo, cada bloqueo un acto de desafío. Sin embargo, cuando Stokes finalmente cayó, succionado por una bola de Lyon que encontró el borde de su bat, la resistencia inglesa se desvaneció como humo. El equipo fue despedido por 325, una desventaja de 82 runs que en teoría era manejable, pero en práctica se ha convertido en una montaña.

Los ingleses necesitaban wickets, y rápido. Y durante un breve y glorioso período, lo consiguieron. Brydon Carse, con su acción vigorosa y su capacidad para generar velocidad extra, y Josh Tongue, con su precisión incisiva y movimiento lateral, generaron un colapso australiano inicial que hizo soñar a los visitantes. Jake Weatherald cayó por 12, enganchado en slips. Marnus Labuschagne, la máquina de hacer runs, se fue por 8, sorprendido por un reves de Tongue. Cameron Green, el prometedor all-rounder, por solo 6, atrapado en corto. Cuando Will Jacks, el spinner inglés, atrapó a Usman Khawaja por 28, Australia estaba 85-4 y el Adelaide Oval callaba. Por un momento, el sueño inglés parecía posible. Las esperanzas de una remontada histórica empezaban a tomar forma.

Fue entonces cuando Travis Head decidió tomar las riendas. Acompañado por Alex Carey, el wicket-keeper australiano, Head inició una reconstrucción que pronto se convirtió en una demostración de dominio absoluto. Mientras Carey jugó el papel de escudero perfecto, aportando una valiosa media centena de 89 bolas llena de golpes inteligentes y rotación de strike, Head desplegó todo su repertorio. Los drives por el off-side, los pulls desdenados, los cortes que encontraban los gaps más estrechos. La asociación creció sin que Inglaterra pudiera encontrar la forma de romperla.

La centena de Head, su segunda en la serie tras la conseguida en Brisbane, llegó con un elegante drive por el off-side que encontró la cerca. Los 100 runs fueron celebrados con el típico gesto australiano: humilde pero cargado de significado. Head no solo estaba anotando runs; estaba aplastando las aspiraciones inglesas, bola tras bola. Su innings de 120 no out al cierre del día era un monumento a la concentración y la agresión controlada. Carey, por su parte, se mantuvo firme en 65, también sin ser despedido.

Los expertos no tardaron en pronunciarse. Phil Tufnell, ex spinner inglés y ahora comentarista de BBC Test Match Special, no ocultó su desilusión: "Es el mismo guión, una y otra vez. Head encuentra espacios donde no los hay y Inglaterra no tiene respuesta. Es frustrante ver cómo un solo bateador desmonta todo un plan de juego". Sus palabras reflejaban la frustración de una nación que ve cómo su equipo se desmorona en el momento crucial.

Graeme Swann, otro ex lanzador de rotación inglés, fue aún más directo en TNT Sports: "No puedes regalar dos horas de dominio y luego permitir que un bateador de clase mundial te castigue así. Es una lección dura, pero necesaria. La diferencia entre ambos equipos se muestra en estos momentos". Su análisis apuntaba a una falla estructural en el enfoque inglés, no solo a un fallo individual.

Desde el bando australiano, Nathan Lyon, el veterano spinner, ofreció su perspectiva: "Ver a Travis en esta forma es un placer. Juega el cricket australiano en su esencia: agresivo, inteligente y sin miedo. Sabe cuándo atacar y cuándo defender, y eso es lo que lo hace especial". Lyon, que conoce bien las dinámicas de su equipo, enfatizó cómo Head ha llenado el vacío dejado por otros bateadores.

Justin Langer, ex entrenador australiano, analizó en profundidad para TNT Sports: "Esta es la diferencia entre un buen equipo y un gran equipo. Cuando estás contra las cuerdas, tienes jugadores que responden. Head es ese jugador. No se achanta, no duda. Solo juega". Su comentario subrayaba la calidad mental del equipo local.

La preocupación más grande para Inglaterra, sin embargo, no está en el marcador, sino en el estado físico de su líder. Ben Stokes, quien no ha lanzado una sola bola en la segunda entrada australiana, camina con gesto adolorido por el campo. Durante su innings con el bat, el esfuerzo fue tan extremo que las consecuencias son evidentes. Saltos que antes eran fáciles ahora requieren esfuerzo visible.

Jeetan Patel, entrenador de lanzamiento de rotación de Inglaterra, confirmó las sospechas en TNT Sports: "Se ha agotado por la causa. Ha dado todo, literalmente todo, y el cuerpo le está pasando factura. Es un guerrero, pero incluso los guerreros tienen límites". Las palabras, aunque elogiosas, esconden una verdad alarmante: Inglaterra no puede competir al máximo nivel sin un Stokes al 100%. Su ausencia en el ataque con la bola es una ventaja enorme para Australia.

Con el partenariado entre Head y Carey superando holgadamente los 150 runs, y la ventaja australiana extendiéndose más allá de los 300, la realidad es implacable. Inglaterra necesitaría un colapso histórico de Australia, o un milagro de proporciones bíblicas, para evitar la derrota. Y con el campo ofreciendo cada vez menos ayuda a los lanzadores, y el desgaste mental evidente en los rostros ingleses, las probabilidades son mínimas.

El tercer día promete ser una continuación del sufrimiento inglés. Head, instalado en los 120, buscará aumentar su cuenta personal mientras que Carey, en los 65, intentará convertir su innings en una centena. Para Inglaterra, la estrategia es confusa: ¿atacar y arriesgarse a una persecución imposible, o defender y prolongar la agonía? La decisión del capitán Brendon McCullum y del entrenador será crucial.

Las Ashes se escapan de las manos inglesas de forma dramática. La pregunta ya no es si Australia retendrá el preciado Urn, sino cuándo lo harán. Y en Adelaide, bajo las luces de un estadio que ha sido testigo de tantas gestas, Travis Head ha escrito otro capítulo glorioso en la historia de este clásico del cricket.

El equipo inglés debe ahora mirar hacia adelante, pero las sombras del presente son alargadas. La serie no está perdida matemáticamente, pero el espíritu parece quebrado. Head, con su bate, ha hecho más que anotar runs; ha sembrado duda en el corazón inglés. Cada boundary que anotó era un recordatorio de la brecha de calidad entre ambos equipos.

Para los aficionados ingleses que se quedaron despiertos hasta altas horas de la madrugada, la sensación es de déjà vu. Otra vez, un bateador australiano ha elevado su juego en el momento perfecto. Otra vez, Inglaterra ha mostrado carácter pero ha carecido de la calidad necesaria para capitalizar las posiciones de ventaja. La historia se repite, y en el cricket, como en la vida, las lecciones no aprendidas vuelven a cobrar factura.

Australia, por su parte, juega con la confianza de un equipo que sabe que tiene la serie en su bolsillo. Con Pat Cummins liderando con astucia, Steve Smith esperando su turno con el bat, y un ataque equilibrado, los locales parecen imparables. Head es solo la punta del iceberg de una estructura sólida y bien engrasada.

El tercer Test está destinado a convertirse en otra victoria australiana. Para Inglaterra, la reflexión será dolorosa pero necesaria. Necesitan más jugadores que puedan convertir las posiciones de ventaja en resultados, necesitan más profundidad en su bowling, y sobre todo, necesitan encontrar una manera de neutralizar a Travis Head. Porque hasta que no lo hagan, las Ashes seguirán siendo un sueño lejano, un trofeo que se resiste a cruzar el hemisferio norte. La cruzada inglesa continúa, pero el camino se hace cada vez más empinado.

Referencias

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