El Estadio de Mestalla fue testigo de una noche de contrastes para el Elche CF en su visita al Valencia. Un encuentro que dejó en el olvido la táctica colectiva para centrarse en las individualidades, donde el nombre propio fue sin duda Grady Diang, protagonista de una historia con dos caras en apenas un cuarto de hora. La dualidad del fútbol se personificó en un jugador que pasó de la gloria al error en un abrir y cerrar de ojos.
El partido comenzó con un guion inesperado para los franjiverdes. A los 15 minutos de juego, Diang recibió el esférico en las inmediaciones del área valencianista. Sin pensárselo dos veces, el congoleño sacó a relucir su calidad con un tremendo disparo con efecto que se coló por el palo largo de la portería defendida por Dimitrievski. Un golazo que adelantaba al Elche y que parecía abrir la puerta a una noche memorable para el centrocampista. La pelota entró con una parábola imposible, inalcanzable para el guardameta local, y los aficionados ilicitanos celebraban lo que parecía el preludio de una gran actuación.
Sin embargo, el fútbol tiene estas ironías. Doce minutos después de su obra maestra, Diang cometió una acción que cambió por completo su rol en el encuentro. Al ir a disputar una falta con el brazo extendido, el congoleño se expuso innecesariamente y el colegiado no dudó en señalar la pena máxima. Un penalti claro que transformó su condición de héroe a villano en un suspiro. El "19" franjiverde ni siquiera protestó, consciente de su imprudencia. La acción le costó la tarjeta amarilla y, posteriormente, la expulsión, dejando a su equipo con diez hombres en una situación comprometida.
Las valoraciones del resto de la plantilla reflejan un rendimiento desigual en la línea del Elche. El portero, por ejemplo, mostró una faceta poco habitual en su juego. Adivinó la dirección del penalti, pero no pudo evitar el gol. Su actuación estuvo marcada por la imprecisión, perdiendo once balones en la primera mitad, tres de ellos en jugadas que generaron peligro inmediato para el Valencia. Aunque mejoró tras el paso por vestuarios, la sensación general fue de irregularidad.
En la defensa, el lateral derecho tuvo una labor complicada pero efectiva. Enfrente tenía a Rioja, quien se convirtió en un auténtico quebradero de cabeza para la zaga ilicitana. No obstante, el defensor franjiverde demostró estar muy implicado y consiguió neutralizar durante gran parte del encuentro a la principal amenaza del conjunto ché. Su capacidad para anticiparse y cerrar espacios fue clave para mantener el resultado durante buenos minutos.
El central de la defensa mostró dos caras. Por un lado, sostuvo al equipo con su liderazgo en el eje de la zaga, pero por otro, jugó al límite en varias acciones que bien pudieron costarle una doble amonestación. El árbitro Ortiz Arias le perdonó la segunda tarjeta en al menos dos ocasiones. Además, mostró cierta fragilidad en la salida de balón desde el fondo, cometiendo errores que casi se pagan caros.
La peor noticia de la noche llegó con la lesión del capitán. Tras una colisión fortuita con Lucas Beltrán, el líder del equipo abandonó el terreno de juego en camilla, entre lágrimas y con la ovación del público de Mestalla. La lesión, aparentemente en la rodilla derecha, se produjo cuando estaba realizando una gran actuación. Su ausencia se notó en el ánimo del grupo, que vía como su referente se retiraba del campo en una situación dramática.
El lateral izquierdo francés, conocido por su solidez defensiva, tuvo un inicio titubeante. Mostró nerviosismo en los primeros compases, algo poco habitual en su trayectoria. Con el paso de los minutos, sin embargo, fue entrando en el partido y alcanzó un nivel excelente. Su desgaste físico fue tan importante que terminó el encuentro con calambres, evidenciando el esfuerzo desplegado en Mestalla.
El mediocentro organizador del equipo tuvo una noche poco activa. Normalmente es uno de los futbolistas que más contacto tiene con el balón, pero en esta ocasión apenas llegó a 43 toques, una cifra inferior incluso a la de algunos defensas. Su influencia en el juego fue mínima y no consiguió imponer su ritmo habitual, evidenciando que no fue su mejor día.
La noticia en el centro del campo fue la sustitución de un jugador clave. Por primera vez en lo que va de temporada, en la jornada 19, el técnico decidió retirarle del campo. A pesar de ello, su actuación individual fue buena en un contexto colectivo gris. Demostró profesionalidad pero no pudo evitar el paso atrás del equipo en su línea de medios.
El extremo portugués pasó desapercibido. Después de haber marcado en los dos últimos partidos, firmó una actuación discreta, sin impacto. Su carrera por completar el centro del campo se vio frenada por una noche en la que el ritmo del encuentro le superó. Lejos está todavía de la versión rápida, ágil y atrevida que se rompió el ligamento cruzado hace un año. Eso sí, mostró implicación defensiva, ayudando a marcar a Thierry hasta su lesión y a Foulquier después.
El delantero titular empezó con ganas, tratando de demostrar sus credenciales ante la que fue su casa durante seis meses. Sin embargo, su influencia se diluyó con el paso de los minutos. Mostró una de sus versiones menos reconocibles de toda la temporada, sin poder generar peligro sobre la meta rival. Su actuación fue errática, incapaz de encontrar su lugar en un sistema que se vino abajo tras la expulsión.
El extremo suplente que saltó al campo tampoco pudo cambiar el rumbo del encuentro. El ritmo del partido le superó en todo momento, mostrándose lejos de su mejor forma física. Aunque intentó aportar en tareas defensivas, su contribución ofensiva fue nula. La lesión de su compañero en el centro del campo le obligó a asumir responsabilidades que no pudo cumplir.
En definitiva, el Elche dejó Mestalla con un sabor agridulce. La expulsión de Diang condicionó todo el desarrollo posterior, pero las individualidades no pudieron compensar la falta de un plan colectivo sólido. La lesión del capitán añadió un drama extra a una noche que ya era complicada. Los franjiverdes deberán aprender de los errores de Mestalla si quieren mantenerse en la competición, especialmente en lo que respecta a la contención emocional y la toma de decisiones en momentos críticos. El fútbol castiga sin piedad las imprudencias, y Diang lo vivió en sus propias carnes, de la gloria al ostracismo en apenas un cuarto de hora.