Supercopa en Arabia: Florentino y Laporta se miden con el Barçagate de fondo

El escándalo de los pagos a Negreira planea sobre Yeda mientras Mbappé lidera el duelo deportivo entre Real Madrid y Barcelona

El desierto saudí de Yeda, a escasos kilómetros de La Meca, se convierte este sábado en el epicentro del fútbol español. Más allá de la final de la Supercopa que enfrentará a Real Madrid y FC Barcelona, el palco del estadio Al-Awwal Park albergará un encuentro de altura: Florentino Pérez y Joan Laporta compartirán espacio por primera vez con el Barçagate en plena efervescencia judicial. El caso Negreira, que ha sacudido los cimientos del arbitraje nacional, será el invitado incómodo en una cita donde lo deportivo y lo institucional chocan de frente.

La tensión no es baladí. El presidente madridista ha liderado la ofensiva para esclarecer los pagos millonarios que el club azulgrana realizó durante dos décadas a José María Enríquez Negreira, vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros (CTA). Según la investigación, cinco mandatarios del Barcelona —José Luis Núñez, Joan Gaspart, Sandro Rosell, Josep Maria Bartomeu y, sobre todo, Laporta— desembolsaron 8,4 millones de euros para garantizar, en palabras del propio Negreira ante el juez, que "no hubiera arbitrajes en contra" del conjunto culé.

El Real Madrid no ha permanecido impasible. La entidad blanca ha solicitado formalmente una renovación total del cuerpo arbitral de Primera División, argumentando que la mayoría de los colegiados actuales están "influenciados" por la era Negreira. La petición, radical pero fundamentada en la sospecha de parcialidad histórica, ha chocado con la inacción de las instituciones. Florentino Pérez mantiene el timón del caso judicial, presionando para que las consecuencias no queden en mera anécdota.

La postura de los organismos rectorios resulta, cuanto menos, ambigua. Por un lado, Pedro Rocha, presidente de la RFEF, evita mirar de frente el escándalo porque los señalados no son solo los dirigentes del Barcelona, sino también los miembros del CTA, que dependen directamente de la federación. Por otro, Javier Tebas, máximo responsable de LaLiga, ha centrado su discurso en la prescripción del caso, asegurando que la modificación exprés de la Ley del Deporte en 2023 blindó al club azulgrana del descenso de categoría. Para Tebas, el debate está cerrado; para el Madrid, apenas comienza.

El contexto judicial empaña lo que, en el terreno de juego, promete ser un duelo de primer nivel. La noticia deportiva pura la protagoniza Kylian Mbappé, quien ha recuperado a tiempo de su lesión para liderar al conjunto blanco. El francés, considerado el mejor futbolista del planeta, se convirtió en la gran incógnita de la semana. Su ausencia inicial en la expedición que viajó a Arabia fue una maniobra táctica: los servicios médicos de Valdebebas aprovecharon cuatro días adicionales para tratar su molestia con tecnología punta y garantizar su presencia en la final.

La estrategia ha funcionado. Mbappé estará en el once titular, y su duelo con Lamine Yamal se anticipa como uno de los más vibrantes del año. El joven canterano azulgrana, de 18 años, representa la nueva generación culé, mientras el francés encarna la consolidación del proyecto madridista. El choque de estilos —la explosión del francés contra la técnica del español— será el plato fuerte para los aficionados, pero también para los patrocinadores y el millón de espectadores globales que seguirán el evento.

No es el único enfrentamiento estelar. En el centro del campo, Jude Bellingham y Pedri medirán su influencia en el juego. El inglés, recuperado de su mejor forma, buscará imponer su físico y visión ante la precisión táctica del canario. Mientras, bajo palos, la batalla entre Thibaut Courtois y Joan García cerrará el círculo de duelos individuales que definen el moderno fútbol de élite.

La Supercopa de España en Arabia Saudita, lejos de ser un mero trofeo de pretemporada, se ha convertido en un escaparate de negocio y poder. El contrato con el país saudí garantiza a los clubes participantes ingresos millonarios, pero también expone las contradiccciones del fútbol moderno: se juega en un territorio con historial de vulneración de derechos humanos, mientras se alza la voz por la transparencia en el arbitraje. La hipocresía no pasa desapercibida para los observadores críticos.

Para el Barcelona, ganar significaría un respiro en su peor crisis institucional de las últimas décadas. Para el Real Madrid, la victoria reforzaría su liderazgo tanto en el terreno como en los tribunales. Pero más allá del resultado, el verdadero gancho de esta final es el pulso soterrado entre dos modelos de gestión: el del club blanco, que ha apostado por la transparencia como bandera, y el azulgrana, que intenta capear el temporal sin asumir responsabilidades penales.

El palco será, por tanto, un ring simbólico. Florentino Pérez, con el respaldo de la victoria judicial parcial —la Audiencia Nacional ha admitido la querella del Madrid—, observará a su homólogo con la mirada de quien espera explicaciones que nunca llegarán. Laporta, por su parte, mantendré la pose de quien cree en la prescripción y en el olvido público. Entre ambos, el fantasma de Negreira, los 8,4 millones y una década de sospechas que han erosionado la credibilidad del fútbol español.

Cuando el árbitro pite el inicio, el balón rodará y las miradas se centrarán en Mbappé, Bellingham y compañía. Pero en las gradas, en los pasillos del poder y en los juzgados, la batalla real continuará. Porque esta Supercopa no se decide solo en los 90 minutos; se juega también en los despachos, en las declaraciones judiciales y en la capacidad de un club para limpiar su imagen mientras otro la ensucia. Yeda será testigo de todo ello.

Referencias

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