El Craven Cottage fue testigo de una de las noches más vibrantes de la Premier League en esta temporada. Lo que prometía ser una victoria tranquila para el Liverpool se convirtió en un sufrido empate a dos que dejó sabor agridulce en ambos bandos. Los reds se adelantaron con dos tantos que parecían definitivos, pero los locales, liderados por un inspirado Harrison Reed, lograron una meritoria remontada en los minutos finales.
El encuentro comenzó con el dominio esperado por parte de los visitantes, quienes desde el pitido inicial buscaron imponer su ritmo y calidad en el césped londinense. La presión alta y la velocidad en las transiciones eran las armas principales de los hombres de Arne Slot, que entendieron rápidamente que la victoria era crucial para mantenerse en la pelea por los puestos altos de la tabla.
El primer golpe llegó de la mano de Cody Gakpo, uno de los hombres más activos del encuentro. El delantero neerlandés recibió un balón en la frontal del área y, con una definición exquisita con su pierna izquierda, batió al portero rival. El remate a quemarropa desde el lado izquierdo, junto al palo, dejó sin opciones a la defensa del Fulham y abrió el marcador cuando el partido aún no había alcanzado su ecuador. La celebración, sin embargo, le costó una tarjeta amarilla por excederse en los segundos posteriores al tanto.
Con la ventaja en el marcador, el Liverpool continuó manejando los hilos del partido. La posesión era visitante y las ocasiones comenzaron a llegar con mayor asiduidad. El segundo gol no se hizo esperar. Nuevamente Gakpo apareció como protagonista, esta vez con un remate que parecía el clavo en el ataúd para las aspiraciones locales. El tanto puso el 0-2 en el luminoso y dejaba al Fulham contra las cuerdas, obligado a reaccionar si quería sacar algo positivo de su feudo.
Sin embargo, el fútbol tiene estas cosas. Cuando todo parecía sentenciado, el Fulham encontró en la figura de Harrison Reed a su salvador. El centrocampista inglés recibió un pase de Kevin en la frontal y, sin pensárselo dos veces, sacó un latigazo con la derecha que se coló en la escuadra derecha de la portería defendida por Alisson Becker. Un golazo que devolvía la ilusión a la grada y ponía el 1-2 en el marcador con tiempo suficiente para soñar con la remontada completa.
Los cambios comenzaron a sucederse de forma incesante. Jürgen Klopp, entrenador del Liverpool, movió ficha introduciendo a Joe Gomez por Gakpo para reforzar la defensa y mantener la ventaja. Por su parte, Marco Silva, técnico del Fulham, apostó por la frescura de Harrison Reed, Sander Berge y Kevin para darle más mordiente a su centro del campo. La entrada de Adama Traoré y Jonah Kusi-Asare también buscaba aportar velocidad y desborde en los últimos metros.
El partido se volvió un ida y veta constante. El Liverpool, con Virgil van Dijk al mando de la zaga, intentaba administrar el resultado mientras el Fulham crecía en confianza. Las ocasiones comenzaron a llegar para los locales. Harry Wilson estrelló un balón en el larguero con un disparo lejano que hizo temblar a la afición visitante. Los centros de Timothy Castagne y las internadas de Antonee Robinson creaban peligro constante en el área de los reds.
La tensión era palpable. El cuarto árbitro anunció siete minutos de tiempo añadido, una eternidad para un Liverpool que veía cómo se le escapaba la victoria entre los dedos. En uno de los últimos ataques, una falta sobre Conor Bradley en zona defensiva dio algo de aire a los visitantes, pero el balón no viajó lo suficiente para alejar el peligro.
La jugada clave llegó cuando Joe Gomez cometió una falta en zona defensiva que desató la jugada del empate. El balón llegó a los pies de Reed, quien ya había demostrado su calidad con el gol anterior. La asistencia de Kevin fue medida al milímetro y la definición del centrocampista, magistral. El 2-2 subió al marcador y el Craven Cottage explotó de alegría.
Los últimos segundos fueron un caos organizado. El Liverpool intentó reaccionar con la entrada de Federico Chiesa y Jeremie Frimpong, pero la defensa del Fulham, bien ordenada por Jorge Cuenca y Virgil van Dijk, aguantó el tipo. Incluso hubo tiempo para un fuera de juego milimétrico de Chiesa que frustró una última ocasión de los reds.
El árbitro pitó el final y el empate se hizo justicia. El Fulham demostró carácter y nunca bajó los brazos ante un rival de entidad. Por su parte, el Liverpool se lleva un punto que sabe a poco tras haber dominado gran parte del encuentro. La Premier League vuelve a demostrar que no hay partidos fáciles y que cualquier equipo puede dar la campanada en cualquier momento.
El reparto de puntos deja a ambos conjuntos en situaciones diferentes. El Fulham suma un valioso punto que le acerca a la zona media de la tabla, mientras que el Liverpool ve cómo se le escapan dos puntos que podrían ser clave al final de la temporada en la lucha por los puestos de Champions. Lo que está claro es que el espectáculo estuvo garantizado y los aficionados disfrutaron de un auténtico partidazo de la mejor liga del mundo.