El Málaga de Funes castiga al Sporting en El Molinón (3-1)

Los andaluces suman su cuarta victoria en seis partidos con el nuevo entrenador y se acercan a los puestos de ascenso

El Málaga CF ha iniciado el año 2026 con el pie derecho, demostrando que el proyecto de Juan Funes empieza a dar sus frutos. La victoria por 3-1 en la complicada visita al Estadio El Molinón ante el Real Sporting de Gijón confirma el excelente momento de los boquerones, que suman su cuarta victoria en los últimos seis encuentros desde la llegada del técnico argentino al banquillo.

El encuentro, correspondiente a la jornada XX de la Segunda División española, dejó claro desde el inicio cuál era el equipo con las ideas más claras. El Málaga se presentó en Gijón con una mentalidad ganadora y una propuesta de juego que desbordó por completo a los locales durante los primeros cuarenta y cinco minutos. La grada de El Molinón, habitualmente un factor intimidatorio, presenció impotente cómo su equipo era superado en todos los aspectos del juego.

Dominio absoluto en la primera mitad

El conjunto andaluz no necesitó tiempo de adaptación. Desde el pitido inicial, impuso un ritmo de juego que el Sporting no pudo contrarrestar. La posesión del balón fue un monopolio malagueño, con una circulación pausada pero efectiva que encontraba espacios en la defensa rojiblanca constantemente. El sistema táctico de Funes, probablemente un 4-3-3 que se convertía en 4-5-1 sin balón, ahogó las vías de creación gijonesas.

La superioridad visitante se tradujo en ocasiones claras de gol que podrían haber sentenciado el partido antes del descanso. El protagonismo de David Larrubia resultó fundamental. El centrocampista malagueño, en una acción que demostró su calidad técnica y visión de juego, recuperó el esférico en su propio campo, inició una galopada que dejó atrás a varios defensores sportinguistas y, cuando parecía que iba a finalizar la jugada él mismo, sirvió un pase medido a Chupe, quien no perdonó desde los once metros.

El tanto, convertido desde el punto de penalti, reflejaba perfectamente la dinámica del encuentro. El Málaga no solo dominaba el balón, sino que también mostraba una efectividad letal en las áreas. La jugada colectiva previa al penalti evidenció el trabajo táctico que Funes ha inculcado en su equipo: presión alta, recuperación rápida y transiciones vertiginosas. El delantero Chupe, autor del gol, demostró su olfato goleador en una acción que definió con la frialdad de un especialista.

El Sporting, por su parte, pareció desconcertado por la intensidad visitante. Las bandas, habitual vía de ataque gijonesa, permanecieron bloqueadas por un Málaga bien plantado y ordenado tácitamente. Los intentos de salida de balón de los locales se frustraban una y otra vez ante el bloque bajo bien estructurado del conjunto andaluz. Los centrocampistas sportinguistas no encontraban espacios para conectar con sus delanteros, y la defensa, liderada por Diego Sánchez, mostraba síntomas de desorganización.

Antes del descanso, el Málaga tuvo la oportunidad de aumentar su ventaja. Un cabezazo de Adrián Niño se estrelló contra el larguero, en una acción que dejó claro que los visitantes no se conformaban con el mínimo margen. El balón no entró por milímetros, pero la sensación era que el segundo gol era cuestión de tiempo si se mantenía la misma tónica. El propio Adrián Niño, que formaba una dupla letal con Chupe en la punta de ataque, se mostraba como una amenaza constante para la zaga local.

La reacción local y el control malagueño

La segunda mitad comenzó con un Sporting más enérgico. Los de Gijón salieron de los vestuarios con otra actitud, presionando más arriba y buscando generar peligro en la meta defendida por el guardameta visitante. Sin embargo, esta mayor intensidad tuvo un efecto secundario negativo: los jugadores rojiblancos se enzarzaron en continuas protestas con el colegiado Alejandro Morillas.

Dos acciones polémicas, que el árbitro consideró dentro de los límites reglamentarios, desataron la ira de la grada y los futbolistas locales. Este estado de nerviosismo, lejos de ayudar, perjudicó el rendimiento sportinguista. El Málaga, con la experiencia de un equipo curtido en mil batallas, supo mantener la calma y aprovechar el desconcierto rival. La capacidad de gestión emocional se convirtió en un factor clave en estos minutos.

Fue precisamente en este contexto cuando llegó el segundo gol visitante. Adrián Niño, que ya había avisado en la primera parte, culminó una jugada de contragolpe que dejó sin respuesta a la zaga gijonesa. El tanto prácticamente sentenciaba el encuentro, aunque todavía quedaba tiempo para más emociones. La combinación entre los atacantes malagueños resultó imparable para una defensa local que ya mostraba signos de desgaste.

El penalti que daba esperanzas

El Sporting no se rindió. Una mano inocente pero clara de Einar Galilea dentro del área malagueña permitió a los locales recortar distancias desde el punto de penalti. Juan Otero asumió la responsabilidad y transformó la pena máxima con solvencia, devolviendo la ilusión a la parroquia rojiblanca. El delantero colombiano mostró su calidad desde los once metros, engañando al portero con un disparo raso y potente.

Sin embargo, esa esperanza duró apenas unos segundos. La alegría local se vio truncada por una acción que cambió por completo el rumbo del partido. Brian Oliván, defensor del Sporting, cometió una entrada temeraria sobre David Larrubia que el colegiado inicialmente sancionó con tarjeta amarilla. La jugada, a priori, parecía una acción más de las que suceden en un partido intenso, pero las imágenes en repetición mostraban la crudeza del impacto.

La intervención del VAR y la expulsión

El VAR intervino de inmediato. Alejandro Morillas acudió al monitor de videoarbitraje y, tras revisar las imágenes, decidió rectificar su decisión inicial. La tarjeta amarilla se convirtió en roja directa para Brian Oliván, quien tuvo que abandonar el terreno de juego, dejando a su equipo con diez hombres y con más de veinte minutos por delante. La decisión, aunque controvertida para los intereses locales, fue acertada desde el estricto cumplimiento del reglamento.

La expulsión fue un golpe anímico del que el Sporting no pudo recuperarse. El Málaga, con superioridad numérica y una ventaja en el marcador, administró el partido con inteligencia, aunque todavía faltaba el golpe definitivo. El técnico Funes aprovechó la situación para reordenar su equipo, dando entrada a piezas frescas que mantuvieran el ritmo competitivo.

El tanto de la sentencia

Aprovechando el desorden defensivo del Sporting, el Málaga consumó su exhibición con el tercer gol. Un error en la salida de balón de los locales fue aprovechado por Julen Lobete, quien se plantó solo ante Rubén Yáñez y definió con un disparo cruzado impecable que dejó sin opciones al meta sportinguista. La jugada nació de una pérdida de balón en zona de creación del Sporting, que el Málaga castigó con su letalidad característica.

El tanto, además de sentenciar el choque, provocó la celebración desmedida del goleador, que se quitó la camiseta y vio la correspondiente tarjeta amarilla por exceso de celebración. Una acción que no empañó la brillante actuación del delantero, que entró desde el banquillo para dejar su sello personal en el encuentro. El gol llegó en el momento perfecto, cuando el Sporting más apretaba en busca del empate.

Los minutos finales y las estadísticas

Los últimos compases del encuentre estuvieron marcados por las continuas protestas de los jugadores del Sporting. Diego Sánchez, defensa local, vio la tarjeta amarilla por reiterar sus quejas al colegiado, reflejando la frustración de un equipo que veía escapar los puntos en su feudo. La tensión era palpable en cada acción, con entradas duras y continuos reclamos.

El árbitro añadió diez minutos de descuento, un tiempo considerable que el Málaga supo administrar con veteranía. Los cambios de Funes, con la entrada de Juanpe Jiménez y Eneko Jauregi por Carlos Dotor y Chupe, buscaron refrescar el equipo y mantener la posesión para consumar el tiempo. La gestión del reloj se convirtió en una prioridad para los visitantes.

El partido finalizó con la victoria merecida del Málaga, que suma tres puntos de oro en su lucha por los puestos de ascenso. Las estadísticas reflejaron la superioridad visitante: mayor porcentaje de posesión, más remates a puerta y una efectividad superior. El dominio territorial fue evidente, con el Málaga controlando el centro del campo gracias a la labor de su medular.

El impacto de Funes en el Málaga

La llegada de Juan Funes al banquillo malagueño ha supuesto un antes y un después. Con cuatro victorias en seis encuentros, el técnico ha conseguido revertir una dinámica negativa e infundir una confianza que se traduce en resultados. Su filosofía de juego, basada en el control del balón, la presión intensa y las transiciones rápidas, ha calado en profundidad en la plantilla. Los jugadores han asimilado perfectamente los conceptos tácticos del argentino.

El Málaga, que a principio de temporada parecía alejado de la pelea por el ascenso, se ha convertido en un serio candidato. La victoria en El Molinón, uno de los campos más complicados de la categoría, demuestra que el equipo está preparado para los retos más exigentes. La afición boquerona empieza a soñar con el retorno a Primera División, un objetivo que ahora parece más cercano que nunca.

Perspectivas para ambos equipos

Para el Sporting, la derrota supone un revés importante en sus aspiraciones. El equipo gijonés, que contaba con el factor campo a su favor, no pudo hacer valer su condición de local y mostró carencias tácticas y emocionales que deberá corregir de inmediato. Las protestas constantes y la expulsión de Brian Oliván reflejan un estado de nerviosismo que no ayuda al rendimiento deportivo. El entrenador deberá trabajar la gestión emocional de su plantilla.

El Málaga, por el contrario, viaja de vuelta a la Costa del Sol con la moral por las nubes. La regularidad que está mostrando bajo el mando de Funes convierte al equipo en un firme candidato a pelear por los puestos de playoff de ascenso, e incluso a soñar con algo más. La solidez defensiva y la efectividad ofensiva son las señas de identidad de este nuevo Málaga.

El calendario no da tregua, y ambos equipos deberán afrontar la siguiente jornada con la necesidad de sumar puntos. El Málaga lo hará con la confianza de un equipo que ha encontrado su mejor versión, mientras que el Sporting deberá levantarse rápidamente si no quiere descolgarse de la pelea por los objetivos marcados al inicio de la temporada. La competición es larga y exigente, pero el Málaga ha demostrado que tiene los argumentos para estar entre los mejores.

Referencias

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