El Leganés rompe su maldición: primera remontada en 609 días

La victoria ante el Albacete marca un antes y un después en la era Igor Oca, liberando al equipo de la presión que le mantenía en zona de descenso

La victoria del Leganés en el Carlos Belmonte ante el Albacete (1-3) representa mucho más que tres puntos en el casillero. Para el conjunto pepinero, este triunfo supone un punto de inflexión emocional y competitivo, la confirmación de que la era Igor Oca puede cambiar la dinámica de un equipo que parecia atrapado en un círculo vicioso de nerviosismo y resultados negativos. Lo más significativo no fue solo doblegar a un rival directo, sino la manera: remontando un gol en contra, algo que el Leganés no conseguía desde hace prácticamente dos años.

El contexto previo al encuentro era delicado. El Leganés llegaba a Albacete navegando por territorio de descenso, una situación insólita para un club que se había marcado el ascenso como objetivo ineludible. Esa carga de expectativas había generado una tensión palpable en el vestuario, visible en los rostros de los jugadores y en las decisiones precipitadas sobre el césped. El exceso de responsabilidad había paralizado al equipo, que mostraba una facilidad preocupante para descomponerse cuando las cosas no salían según el guion previsto.

El partido en el Belmonte parecía seguir ese guion ominoso. El Albacete, más intenso y acertado en los primeros compases, se adelantó en el marcador y dispuso de ocasiones para sentenciar. Los locales, además, gozaron de una inusitada fortuna: cuatro balones al palo y un gol anulado por un fuera de juego milimétrico. Pero la clave estuvo en la resistencia. Bajo los palos, Juan Soriano se erigió como el mejor jugador del encuentro con dos intervenciones de mérito en la primera mitad que mantuvieron vivo al Leganés. Esas paradas no fueron solo técnicas, sino psicológicas: evitaron el 2-0 que habría resultado demoledor para la confianza de un grupo frágil.

La segunda mitad dibujó un escenario diferente. Oca movió el banquillo, el equipo ganó en verticalidad y, sobre todo, en tranquilidad. La remontada llegó con un gol de Millán que igualaba el encuentro, y a partir de ahí el Leganés creyó. Los goles definitivos llegaron con naturalidad, reflejando una superioridad que en los primeros 45 minutos había estado ausente. El técnico, en la rueda de prensa posterior, no ocultó su disconformidad con el arranque del equipo, pero valoró la reacción como un síntoma de madurez.

El dato que lo corona todo: 609 días. Tanto tiempo había transcurrido desde la última vez que el Leganés superó una desventaja inicial para terminar ganando. Aquella ocasión fue el 26 de mayo de 2024, en Elda, ante el Eldense. Un gol de Franquesa en el minuto 95 dio la vuelta a un 1-0 en contra y proporcionó al equipo el empujón definitivo hacia el segundo ascenso a Primera División. Aquella tarde, Franquesa fue protagonista absoluto; en Albacete, el asistente del 1-1 fue también suyo, demostrando que ciertos jugadores tienen la capacidad de activar la chispa colectiva en momentos críticos.

La temporada pasada, en su regreso a la élite, el Leganés nunca remontó un duelo. Los partidos que ganó fueron siempre liderando el marcador desde el inicio o manteniendo la igualada. La incapacidad para reaccionar ante la adversidad se convirtió en un lastre, y esta campaña en Segunda la tendencia parecía repetirse. Antes del triunfo en Albacete, el único atisbo de reacción había sido en Santander, donde el Racing se adelantó y el Leganés logró empatar gracias a un tanto de Cissé. Pero eso no era suficiente para un equipo que necesitaba creer en sí mismo.

La filosofía de Oca pasa precisamente por desactivar esa bomba de presión. El técnico ha dejado claro que no quiere hablar de objetivos a largo plazo, sino de cortoplacismo. No se trata de renunciar al ascenso, sino de descomprimir el vestuario, de evitar que la mirada en el calendario y la tabla paralice a los futbolistas. El mensaje es simple: pensa en el próximo entrenamiento, en el próximo partido, en la próxima acción. La remontada de Albacete es el ejemplo perfecto de esta mentalidad: resistir, insistir y creer que cada minuto es una oportunidad nueva.

Los números previos eran demoledores. En 17 encuentros anteriores, el Leganés no había sido capaz de igualar una desventaja. Peor aún: en cuatro ocasiones se había adelantado para acabar perdiendo o empatando (contra Cádiz, Deportivo, Burgos y Zaragoza). Contra la Real Sociedad B, logró empatar… pero le arrebataron el punto en el último suspiro con un polémico penalti. Esas situaciones, lejos de ser casuales, reflejaban un patrón de comportamiento bajo presión que Oca trabaja para erradicar.

La victoria en Albacete, por tanto, no es solo un resultado aislado. Es la confirmación de que el cambio de chip es posible. El Leganés ha demostrado que puede sufrir, resistir y revertir una situación adversa. Ha mostrado entereza cuando antes se descomponía. Y lo ha hecho con un Oca en el banquillo que, lejos de echarle más leña al fuego de las expectativas, prefiere gestionar el día a día para construir una base sólida.

El reto ahora es la consistencia. Una remontada no cambia una temporada, pero puede cambiar la mentalidad de un vestuario. El Leganés ha roto una maldición de 609 días y, con ella, el miedo escénico que le paralizaba. La zona de descenso sigue siendo una realidad, pero ya no es una condena. Es un lugar del que se puede salir, un partido a la vez, sin mirar más allá del próximo rival. Ese es el legado de Albacete: la certeza de que, cuando las cosas se ponen difíciles, el equipo tiene las herramientas para no derrumbarse. Y eso, en una temporada larga y exigente, puede ser más valioso que cualquier punto conseguido.

Referencias

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