El Real Murcia ha cerrado la primera semana del año demostrando una vez más por qué se ha convertido en uno de los equipos más sólidos de la categoría. Con una victoria por 0-2 ante el Sanluqueño, los granas suman tres puntos más que les consolidan en posiciones de play-off, manteniendo vivo el sueño del ascenso. Lo más destacable no es solo el resultado, sino la capacidad del conjunto murcianista para imponerse incluso cuando el juego no fluye con la brillantez esperada.
El encuentro celebrado en El Palmar reflejó dos caras bien diferenciadas de un mismo equipo. La primera mitad dejó entrever un conjunto falto de ritmo, con la resaca propia de los primeros días del año y sin la chispa necesaria para desbordar a un rival necesitado. El Sanluqueño, pese a encontrarse en la parte baja de la tabla, planteó un planteamiento ordenado que complicó el desarrollo del juego grana.
Los primeros compases del partido generaron cierta esperanza entre la afición. Las incursiones de Pedro Benito y Jorge Mier por las bandas auguraban un despliegue ofensivo de garantías. Sin embargo, esa promesa inicial se diluyó rápidamente ante la dificultad para crear espacios y la falta de profundidad en las últimas acciones. El conjunto gaditano, bajo las órdenes de su nuevo técnico Daniel Casas, supo cerrar filas y neutralizar las aspiraciones murcianistas.
La mejor ocasión del primer periodo, paradójicamente, fue para el Sanluqueño. En el minuto 24, un saque de esquina ejecutado por Zequi encontró la cabeza de Diallo, quien se elevó por encima de la defensa para impactar un balón que el larguero rechazó milagrosamente. Este aviso dejó patente que el Real Murcia no podía permitirse el lujo de dormirse en los laureles, aunque la fortuna le sonriera en ese instante.
La segunda parte trajo consigo un guion diferente. Adrián Colunga, consciente de la necesidad de refrescar el ataque, recurrió a su baza más efectiva: David Flakus. La decisión del entrenador de mantener al delantero esloveno en el banquillo hasta el momento clave ha generado debate en las últimas jornadas, pero su impacto es innegable. Por tercer partido consecutivo, Flakus inició el encuentro como suplente, lo que alimenta las especulaciones sobre su adaptación a las exigencias del técnico.
La entrada del ariete cambió el signo del partido. En apenas minutos, Flakus demostró su olfato goleador, materializando dos acciones que sentenciaron el encuentro. El primero llegó tras una asistencia magistral de Juan Carlos Real, quien con visión de juego desequilibró a la zaga local. El segundo, obra de una combinación con Schalk, certificó la victoria y dejó claro que, pese a las dudas sobre su condición física o táctica, el esloveno sigue siendo el hombre gol del equipo.
La situación de Flakus abre un interrogante interesante sobre la gestión del vestuario. No convence del todo al cuerpo técnico, lejos de ser el delantero 'Top' que se esperaba cuando llegó, pero su efectividad es incontestable. Como ocurriera ante el Sabadell, sin su presencia en el campo el Real Murcia carece de la puntada final necesaria para traducir el dominio en goles. Esta dualidad entre rendimiento y confianza del entrenador configura uno de los principales frentes abiertos en la actualidad del club.
El sistema de juego del Real Murcia ha encontrado en los centros laterales una vía de desahogo constante. Los extremos son, sin duda, los futbolistas más en forma del plantel. Jorge Mier y David Vicente han asumido el rol de generadores de peligro por las bandas, mientras que Cristo Romero ha ganado enteros como alternativa zurda, relegando a Álvaro Bustos al banquillo. Esta profundidad en el ataque posicional permite a Colunga variar sus esquemas según las necesidades del rival.
La victoria ante el Sanluqueño, aunque gris en cuanto a la imagen ofrecida, refuerza una idea clave: el Real Murcia sabe ganar de múltiples formas. Unos días con inspiración, otros con oficio, pero siempre encontrando el camino hacia los tres puntos. Esta capacidad de adaptación es la que distingue a los equipos que pelean por objetivos importantes de aquellos que se conforman con la mediocridad.
Con este triunfo, los granas se afianzan en la zona de privilegio, manteniendo la presión sobre los líderes y consolidando su candidatura al ascenso. La regularidad es el principal activo de un conjunto que ha sabido capear los momentos de dificultad y aprovechar los instantes de acierto. La temporada es larga y quedan muchos obstáculos por superar, pero la senda trazada es la correcta.
El reto inmediato para Colunga y su staff será encontrar el equilibrio perfecto entre el juego colectivo y la individualidad de sus estrellas. La integración total de Flakus en el once inicial podría ser la clave para desbloquear el potencial ofensivo completo del equipo, pero la decisión debe basarse en criterios tácticos y no solo en la efectividad goleadora. El camino hacia el play-off exige consistencia, inteligencia competitiva y saber sufrir cuando el partido no acompaña. El Real Murcia está demostrando poseer estas cualidades.
La afición granas puede sentirse optimista. Los resultados avalan el trabajo del cuerpo técnico y la plantilla, aunque siempre quede la sensación de que el techo del equipo está por alcanzar. Si el Real Murcia logra conjugar su solidez defensiva con un ataque más fluido y regular, las opciones de pelear por el ascenso directo se multiplicarán. Mientras tanto, seguir sumando victorias, sea como sea, sigue siendo la mejor medicina para mantener viva la ilusión en la ciudad de Murcia.