Aunque los protagonistas lo han negado reiteradamente durante años, las conexiones entre Jeffrey Epstein y la familia real británica, concretamente con el duque y la duquesa de York, constituyen uno de los capítulos más oscuros y persistentes en la historia reciente de la Casa Real. Una nueva revelación vuelve a situar a Sarah Ferguson y al príncipe Andrés en el centro de la polémica, esta vez mediante documentación financiera que demuestra una deuda pendiente con el financiero condenado.
El descubrimiento proviene de una fuente inesperada: el archivo fotográfico de Christopher Anderson, un reputado fotógrafo británico que en 2015 realizó una sesión de retratos a Epstein en su mansión de Nueva York. La sesión, encargada originalmente para ilustrar un artículo de New York Magazine, nunca llegó a publicarse, pero las imágenes han cobrado ahora una relevancia inesperada.
Anderson, quien accedió a vender las fotografías a Epstein por 20.000 dólares bajo la condición de que no fueran distribuidas previamente, guardó una copia de seguridad que permaneció olvidada durante una década. Al revisar este material, el fotógrafo encontró entre los retratos y detalles del estudio de Epstein una imagen que capturaba algo mucho más comprometedor: un correo electrónico impreso que revelaba la existencia de una deuda económica entre los duques de York y el magnate.
El documento, dirigido a Amanda Thirsk, quien entonces ejercía como secretaria privada del príncipe Andrés, expone con claridad mercantil la reclamación de pago por servicios prestados. El mensaje hace referencia específica a John O'Sullivan, antiguo secretario personal de Sarah Ferguson, y detalla una transacción financiera que nunca se materializó.
Las cifras son contundentes. Epstein reclamaba la cantidad de 59.933 dólares, una suma que ya representaba una reducción significativa respecto al importe original de 72.596 dólares. Según el contenido del email, la duquesa de York había confirmado en dos ocasiones por escrito que esta rebaja era aceptable tanto para ella como para su entonces marido, estableciendo un acuerdo que, aparentemente, nunca se cumplió.
El texto del mensaje es implacable: "A pesar de todos nuestros esfuerzos conjuntos, sigo sin recibir mi pago. Los acuerdos financieros se acordaron directamente entre el Duque, la Duquesa y yo durante aproximadamente dos meses. Sin embargo, según tengo entendido, no hay ningún plan para pagarme los 59.933 dólares que claramente se me deben".
Esta comunicación, que tenía en copia tanto al príncipe Andrés como a Sarah Ferguson, desmonta las versiones oficiales que siempre han minimizado la relación con Epstein como meramente circunstancial o social. La existencia de una deuda documentada implica una relación contractual y financiera directa, algo que las partes implicadas han preferido mantener en el anonimato.
El contexto temporal resulta especialmente significativo. El año 2015 ya era un periodo en que las acusaciones contra Epstein eran de dominio público, lo que hace aún más inexplicable el mantenimiento de vínculos financieros con una figura tan controvertida. Para Sarah Ferguson, quien había mantenido una amistad con Epstein desde antes de su divorcio con el príncipe Andrés en 1996, esta revelación supone un nuevo golpe a su ya deteriorada reputación pública.
El fotógrafo Anderson ha compartido este hallazgo a través de sus redes sociales, donde ha explicado minuciosamente las circunstancias del descubrimiento. Según su relato, Epstein obtuvo las fotografías mediante una amenaza velada, aunque el profesional conservó esa copia de seguridad que ahora ha resultado ser una fuente de información crucial para entender la profundidad de las conexiones entre el magnate y la aristocracia británica.
La deuda, relacionada con los servicios de John O'Sullivan, plantea interrogantes sobre la naturaleza exacta de los acuerdos. ¿Qué servicios prestó el exsecretario de Ferguson que requerían una compensación económica de tal magnitud? ¿Por qué Epstein, una figura con una fortuna estimada en cientos de millones, insistía en reclamar esta cantidad específica? Las respuestas a estas preguntas permanecen en el ámbito de la especulación, pero el documento habla por sí mismo.
Para la institución monárquica, este nuevo episodio representa un dolor de cabeza adicional. El príncipe Andrés ya se vio obligado a retirarse de sus funciones públicas en 2019 tras su polémica entrevista sobre Epstein, y esta evidencia financiera podría reabrir heridas que la Casa Real preferiría mantener cerradas. La posibilidad de que existan más documentos similares en poder de las autoridades o de terceros mantiene en vilo a los estrategas de comunicación del palacio.
La revelación también pone de manifiesto la importancia de la documentación en la era digital. Un simple email impreso, capturado casualmente en una fotografía, ha logrado sobrevivir una década para desvelar información que de otra forma habría permanecido oculta. En un mundo donde la privacidad es cada vez más escasa, este caso demuestra cómo los rastros digitales pueden volverse contra sus creadores en momentos inesperados.
Sarah Ferguson, quien ha reconstruido parcialmente su imagen pública a través de proyectos literarios y filantrópicos, se enfrenta ahora a un nuevo escrutinio mediático. Su relación con Epstein, que ella misma calificó en ocasiones como un "error de juicio", adquiere ahora una dimensión tangible y cuantificable que trasciende las excusas personales.
El caso sirve como recordatorio de cómo las redes de poder y dinero operan en los círculos más elevados de la sociedad. La facilidad con la que un financiero controvertido como Epstein se insertó en la vida de la familia real británica, no solo socialmente sino también financieramente, plantea cuestiones sobre los controles y la diligencia debida en las instituciones más prestigiosas del Reino Unido.
Mientras tanto, el fotógrafo Christopher Anderson se ha convertido en una figura clave para los investigadores y periodistas que siguen desentrañando la red de conexiones de Epstein. Su decisión de hacer público el hallazgo demuestra el papel que los profesionales de los medios pueden jugar en la rendición de cuentas, incluso años después de los hechos.
La deuda de casi 60.000 dólares puede parecer una cantidad insignificante para las fortunas involucradas, pero su valor simbólico es inmenso. Representa la prueba documentada de una relación que se ha intentado minimizar, una conexión que va más allá de las cenas o los eventos sociales para entrar en el terreno de las transacciones económicas directas.
A medida que más detalles emergen de la vida y las conexiones de Jeffrey Epstein, el caso de los duques de York se perfila como uno de los ejemplos más claros de cómo la élite global mantuvo vínculos con una figura cuya reputación era cada vez más tóxica. La pregunta que muchos se hacen es cuánto sabían realmente y por qué mantuvieron esa relación activa incluso cuando los riesgos eran evidentes.
Para el público británico, acostumbrado a los escándalos reales pero siempre exigente de transparencia, esta revelación plantea nuevas dudas sobre la idoneidad de ciertos miembros de la familia real para representar la institución. La capacidad de Sarah Ferguson y el príncipe Andrés para rehabilitar su imagen se ve ahora más comprometida que nunca.
El tiempo dirá si esta evidencia tiene consecuencias legales o simplemente reputacionales. Mientras tanto, el correo electrónico impreso sobre el escritorio de Jeffrey Epstein ha logrado lo que muchos investigadores no: proporcionar una prueba tangible de la naturaleza financiera de una relación que, durante demasiado tiempo, ha estado envuelta en negaciones y eufemismos.