Trump desestima a Machado: "No tiene apoyo ni respeto en Venezuela"

El expresidente estadounidense relega a la líder opositora venezolana pese a su respaldo a la intervención, dejando en entredicho el futuro político del país

La política internacional volvió a dar un giro inesperado en la crisis venezolana cuando Donald Trump desestimó públicamente la capacidad de liderazgo de María Corina Machado dentro de su propio país. En unas declaraciones que han causado conmoción en los círculos diplomáticos, el magnate republicano aseguró que la dirigente opositora, galardonada recientemente con el Premio Nobel de la Paz, carece del respaldo popular y la autoridad necesaria para gobernar Venezuela.

Las palabras de Trump llegaron tras una serie de pronunciamientos de Machado que parecían alinearse estratégicamente con la postura intervencionista de Washington. La opositora, conocida como la 'dama de hierro' del antichavismo, había defendido sin ambages la intervención estadounidense como única vía viable para derrocar al régimen de Nicolás Maduro. "Un gobierno criminal solo abandonará el poder ante una amenaza creíble de fuerza", había declarado años atrás, marcando una línea dura que la diferenciaba de otros sectores más moderados de la oposición.

El apoyo explícito de Machado a las políticas de asedio de Trump contra Caracas alcanzó su punto álgido tras la captura de Maduro, cuando la líder opositora proclamó que Venezuela estaba "preparada para tomar el poder". En aquel momento, sus declaraciones fueron interpretadas como un aval directo a la estrategia norteamericana y un intento de posicionarse como la sucesora natural en un escenario postchavista. Incluso llegó a justificar la intervención extranjera argumentando que Venezuela ya estaba "invadida por agentes rusos, iraníes, de Hezbolá, Hamás y cárteles colombianos".

Sin embargo, la respuesta de Trump ha resultado ser un golpe de efecto devastador para las aspiraciones de Machado. "Es una mujer muy agradable, pero no tiene ni el apoyo ni el respeto dentro del país", sentenció el expresidente, desmontando con una sola frase el capital político que la opositora había intentado construir. La frialdad del comentario, lejos de cualquier reconocimiento a su lealtad, dejó en evidencia la naturaleza pragmática de la política exterior estadounidense.

El desaire resulta especialmente doloroso si se considera que Machado había utilizado su discurso en pro de Trump como posible compensación por no haber sido él quien recibiera el Nobel de la Paz, premio que el republicano había reclamado para sí mismo en reiteradas ocasiones. Durante la ceremonia de entrega, la venezolana elogió las "acciones decisivas" de la administración Trump contra Maduro, calificando al régimen como una "estructura criminal" más que una simple dictadura.

El impacto de las palabras de Trump ha sido inmediato en la disidencia venezolana, que ahora se ve obligada a recalcular su estrategia. La oposición, que había apostado fuertemente por el respaldo internacional como vía de legitimación, se enfrenta a la realidad de que sus aliados pueden desconocerla cuando los intereses geopolíticos así lo dictan. La ausencia de cualquier mención a un calendario electoral, a los resultados de los comicios de 2024 o a una transición democrática en las declaraciones de Trump ha añadido una capa de incertidumbre adicional.

En su comunicado previo a las declaraciones de Trump, Machado había celebrado que "el Gobierno de Estados Unidos ha cumplido su promesa de hacer valer la ley" y se había situado en el centro de la sucesión: "Vamos a poner orden, liberar a los presos políticos, construir un país excepcional". Incluso llegó a mencionar a Edmundo González como "legítimo presidente", una referencia que ahora parece una concesión necesaria ante la falta de respaldo directo a su propia figura.

La situación revela las complejas dinámicas del poder en escenarios de transición forzada. Mientras Machado había construido su imagen sobre la defensa de la soberanía nacional frente a la injerencia de actores como Rusia o Irán, su respaldo a la intervención estadounidense la expuso a la volatilidad de los intereses cambiantes de Washington. El pragmatismo trumpista, que prioriza el control de recursos estratégicos como el petróleo venezolano por encima de alianzas ideológicas, ha dejado a la oposición sin un ancla clara.

El futuro inmediato de Venezuela parece depender más de las decisiones unilaterales de la Casa Blanca que de cualquier proceso interno de negociación. Trump dejó clara su intención de mantener el control sobre los activos petroleros venezolanos, sin ofrecer garantías sobre la restitución de la democracia. Esta postura, que ignora por completo la voluntad expresada en las urnas por millones de venezolanos, pone en riesgo cualquier intento de solución pacífica y negociada.

Para la oposición, el desafío ahora es reconstruir su legitimidad desde adentro, sin depender exclusivamente de apoyos externos que pueden evaporarse. La lección es clara: en política internacional, no existen alianzas permanentes, solo intereses permanentes. Y en este juego de poder, María Corina Machado ha descubierto que su capital político, por sólido que parezca en el escenario internacional, necesita una base de apoyo interno mucho más robusta para ser viable.

El escenario que se abre es de incertidumbre total. Sin un cronograma claro, sin compromisos electorales y con una oposición desdibujada, Venezuela enfrenta un nuevo capítulo en su prolongada crisis. La figura de Machado, hasta ahora central en el discurso antichavista, debe ahora redefinir su papel o arriesgarse a quedar relegada al margen de las decisiones que marcarán el futuro de la nación.

Referencias

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