El Estadio El Sadar presenció un duelo vibrante entre dos equipos que conocen bien la exigencia de la competición. Osasuna y Athletic Club cerraron su compromiso liguero con un justo empate a uno que reflejó el equilibrio de fuerzas sobre el césped. El encuentro, correspondiente a la jornada tras el parón navideño, dejó sensaciones encontradas en ambos banquillos, pero la verdad es que el reparto de puntos se ajustó a lo visto durante los noventa minutos.
El choque arrancó con un ritmo endiablado, típico de estos derbis en los que la intensidad prima por encima de cualquier otra consideración. Los locales, comandados por su técnico en la banda, salieron con la intención clara de imponer su ley en casa desde el primer silbato. La presión sobre la salida de balón del rival y las transiciones rápidas marcaron los primeros compases del partido.
El gol de Osasuna llegó de una forma que pocos podían prever. Pasada la media hora de juego, una falta directa aproximadamente a veinticinco metros de la portería visitante se convirtió en la oportunidad perfecta para Rubén García. El centrocampista rojillo, conocedor de la técnica necesaria para estas acciones, ejecutó una ‘folha seca’ impecable que superó la barrera y sorprendió a Unai Simón, que no pudo reaccionar a tiempo ante la trayectoria imposible del esférico. El 1-0 hizo justicia al dominio territorial de los navarros en esa primera mitad.
La reacción del Athletic Club no se hizo esperar. El gol recibido actuó como un revulsivo para los hombres de Ernesto Valverde, que comenzaron a adelantar líneas y a generar peligro por las bandas. Iñaki Williams y Nico Williams empezaron a encontrar espacios en la retaguardia local, aunque la defensa rojilla, bien organizada y con Catena como referente, supo contener las acometidas visitantes. El meta Herrera también tuvo su protagonismo con varias intervenciones de mérito que evitaron el empate antes del descanso.
La segunda mitad presentó un guion completamente diferente. El Athletic salió de los vestuarios con otra actitud, asumiendo el control del balón y sometiendo a su rival a un asedio constante. Osasuna, por su parte, optó por replegarse ligeramente, concediendo terreno para buscar el contragolpe. Esta estrategia, válida en principio, acabó por dar frutos para los vascos.
Cerca del minuto setenta, una recuperación alta del Athletic en campo rival desembocó en la jugada del empate. Navarrete robó el esférico y filtró un pase magistral a Guruzeta, quien se encontró solo ante la portería. Delantero que es delantero, el atacante controló con calma y definió con un disparo cruzado que batió a Herrera, estableciendo el definitivo 1-1 en el marcador.
El tanto visitante no hizo más que avivar el ánimo de un Athletic que creyó en la victoria hasta el último suspiro. Los últimos veinte minutos fueron un monólogo de los leones, que asediaron la meta de Herrera con insistencia. Catena se convirtió en el salvador de su equipo con dos intervenciones providenciales, primero taponando un disparo a bocajarro de Iñaki Williams y posteriormente despejando un balón que se colaba en su portería.
Los cambios introducidos por ambos técnicos buscaban refrescar el dibujo táctico. El Athletic agotó sus sustituciones buscando mayor profundidad ofensiva, mientras que Osasuna intentó reforzar el centro del campo para cortar el flujo de juego visitante. Las tarjetas amarillas comenzaron a aparecer por el lado de ambos conjuntos, reflejo de la tensión de un final de partido en el que cada balón era una batalla.
Una de las jugadas más polémicas llegó en los instantes finales, cuando Raúl García cabeceó al fondo de la red, pero el gol fue anulado por posición adelantada. El delantero rojillo, que había entrado desde el banquillo, no pudo celebrar su tanto y el encuentro mantuvo su empate a uno.
El árbitro decretó cuatro minutos de añadimiento, tiempo en el que el Athletic siguió insistiendo pero sin fortuna. Dos disparos consecutivos de los visitantes fueron repelidos por la defensa rojilla, que aguantó con uñas y dientes para mantener el punto en casa.
El pitido final dejó un sabor agridulce en ambos bandos. Por un lado, Osasuna sumó un punto valioso ante un rival directo, aunque la sensación fue de haber podido sacar algo más tras su buen primer tiempo. Por otro, el Athletic se llevó un punto de su visita a un estadio complicado, pero con la sensación de haber merecido algo más tras su exhibición en la segunda mitad.
El análisis estadístico refleja el dominio visitante en la segunda mitad, con una posesión superior y más llegadas claras. Sin embargo, la efectividad de Osasuna en la primera mitad y su capacidad de sufrimiento en la segunda le permitieron mantener el empate.
Este resultado deja a ambos equipos en una posición intermedia de la tabla, con la mirada puesta en los próximos compromisos. La regularidad será clave en esta segunda vuelta del campeonato, y cada punto sumado ante rivales de entidad cobra una importancia vital.
El fútbol, una vez más, demostró que el esfuerzo y la intensidad no siempre se traducen en victoria. A veces, el empate es el resultado más justo para dos equipos que se entregaron al máximo sobre el verde. El El Sadar aplaudió el esfuerzo de sus jugadores y despidió el encuentro con el convencimiento de que el campeonato aún tiene mucho que decir para ambos conjuntos.
La próxima jornada presenta nuevos retos. Osasuna deberá visitar un campo complicado donde la exigencia será máxima, mientras que el Athletic recibirá en San Mamés con la obligación de ganar para no despegarse de los puestos europeos. La competición no da tregua y cada partido es una historia diferente que escribir.