El Celta hunde al Sevilla con un gol de penalti en el 87'

Marcos Alonso anota desde los once metros en el tramo final y deja a los andaluces a dos puntos de la zona de descenso, mientras los gallegos sueñan con Europa.

El Ramón Sánchez Pizjuán presenció una nueva noche de desolación para el Sevilla FC, que cayó derrotado por 0-1 ante un combativo RC Celta de Vigo. El encuentro, correspondiente a la jornada liguera, se decidió en los instantes finales mediante un penalti transformado por Marcos Alonso en el minuto 87, un golpe que deja al conjunto hispalense al borde del precipicio clasificatorio mientras que los celestes se asoman con ilusión a los puestos de competición continental.

Desde el pitido inicial, el Sevilla asumió el rol de dominador territorial, ejerciendo una presión asfixiante sobre la salida de balón rival. Los hombres de Almeyda mostraron una cara intensa, recuperando esféricos en campo contrario y generando una avalancha de centros laterales que, sin embargo, carecieron de la contundencia necesaria para batir la meta defendida por Vlachodimos. A pesar de este dominio aparente, fueron los visitantes quienes crearon las ocasiones más claras durante la primera mitad.

El guardameta griego del Celta se convirtió en figura clave para evitar el desastre inicial. Primero, Vlachodimos desvió con una estirada espectacular un disparo cruzado de Bryan Zaragoza que parecía colarse por la escuadra. Posteriormente, el cancerbero se erigió como muro infranqueable al detener un remate a bocajarro de Javi Rodríguez dentro del área pequeña, acción que demostró los apuros defensivos que sufrió el cuadro gallego pese a su solidez táctica.

La segunda parte mantuvo la tónica de un Sevilla volcado hacia adelante pero falto de ideas en el último tercio del campo. El Celta, bien ordenado por su técnico, esperó con paciencia su oportunidad para sorprender al contragolpe. Almeyda intentó refrescar su ataque con la entrada de Alexis y Vargas, pero el destino quiso que el suizo sufriera una lesión muscular apenas seis minutos después de saltar al césped, una desgracia que se suma a su reciente recuperación de una anterior rotura. Este contratiempo obligó al Sevilla a recomponer de nuevo su dibujo ofensivo.

La jugada decisiva llegó en el tramo final, cuando Ilaix Moriba se internó en el área hispalense y fue derribado por Oso. El colegiado no dudó en señalar la pena máxima. Marcos Alonso, con la sangre fría que le caracteriza, engañó a Dmitrovic y envió el balón al fondo de la red, desatando la euforia en el banquilo visitante y el silencio sepulcral en las gradas del Pizjuán.

Las consecuencias de este resultado son dramáticas para el Sevilla, que suma su tercera derrota consecutiva y cierra la primera vuelta del campeonato con apenas 20 puntos en su casillero. La entidad nervionense se encuentra a solo dos unidades de la zona de descenso, una situación que genera una enorme preocupación en su afición y plantel. El vestuario, visiblemente afectado, mostró una postura de autocrítica pero también de unidad frente a la adversidad.

Por su parte, el Celta de Vigo celebra una victoria de oro que le permite empatar a puntos con el Real Betis, actual ocupante de la última plaza que da acceso a competiciones europeas. El equipo de Giráldez ha experimentado una notable mejoría desde el inicio de la temporada, consolidando un juego basado en la solidez defensiva y la efectividad en las transiciones. Aunque reconocen que les cuesta traducir su buen hacer en ocasiones claras, el crecimiento del grupo es evidente.

Las declaraciones postpartido reflejaron las dos caras de la moneda. Desde el bando visitante, se destacó el progreso colectivo: "El equipo está mejorando mucho desde principio de temporada y los resultados lo están mostrando. Nos está costando un poco más las decisiones en el último tercio de campo pero el equipo crece. Que valga para seguir trabajando y disfrutando". Un mensaje optimista que invita a la ilusión europea.

En el Sevilla, el sentimiento fue de frustración justificada: "Otra derrota pero duele más porque no nos hemos merecido perder este partido. Al final en un detalle, un penalti, que nunca nos cae de cara. Dolidos pero hay que seguir. Somos profesionales, nos partimos la cara entrenando. Estoy a muerte con mi equipo". Un discurso de orgullo herido que busca mantener la moral ante la tormenta.

El análisis estadístico del encuentro revela un dominio territorial del Sevilla que no se tradujo en superioridad efectiva. Los andaluces completaron más de quinientos pases pero apenas generaron tres ocasiones claras, mientras que el Celta, con menos posesión, fue más punzante en ataque. La efectividad defensiva de los gallegos, liderada por un Vlachodimos inspirado, contrastó con la falta de acierto local.

La lesión de Vargas representa un duro golpe para las aspiraciones del Sevilla, que ve cómo su plantilla se ve mermada en un momento crítico del curso. El suizo, que regresaba tras una larga ausencia, volverá ahora a la enfermería en una situación que recuerda a la maldición de las bajas que ha perseguido al club durante toda la temporada.

Para el Celta, esta victoria confirma su buen momento. La gestión de Giráldez está dando sus frutos, con un equipo que compite de tú a tú en cualquier estadio. La presencia de Marcos Alonso aporta experiencia y calidad en momentos decisivos, como demostró con su ejecución desde el punto de penalti. Los celestes sueñan con regresar a Europa después de varias temporadas de transición.

El calendario no da tregua al Sevilla, que deberá recomponerse mentalmente para afrontar los próximos compromisos. La presión aumenta en el banquillo de Almeyda, quien necesita encontrar urgentemente la fórmula para convertir el juego dominador en resultados positivos. La afición, fiel pero exigente, reclama una reacción inmediata para evitar que la crisis deportiva se convierta en un drama institucional.

En definitiva, el triunfo del Celta en el Pizjuán por la mínima refleja la crueldad del fútbol moderno, donde el dominio no garantiza el éxito y la eficacia en los momentos clave marca la diferencia. El Sevilla se hunde en la incertidumbre del descenso, mientras que el Celta respira el aire fresco de la ilusión continental. Queda mucha temporada por delante, pero esta noche, los gallegos celebran un triunfo que puede marcar un antes y un después en sus respectivos caminos.

Referencias

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