El economista y exministro de Administraciones Públicas Jordi Sevilla ha lanzado este lunes una contundente crítica interna contra la dirección actual del PSOE. A través de un manifiesto promovido por la plataforma Socialdemocracia 21, el histórico dirigente socialista reclama una reorientación ideológica urgente del partido hacia las raíces socialdemócratas que, a su juicio, se han diluido bajo el liderazgo de Pedro Sánchez.
El documento, presentado en un momento de máxima tensión política, aboga por recuperar la esencia de un partido que, según Sevilla, debe representar a la mayoría ciudadana en lugar de someterse a intereses de grupos minoritarios. La iniciativa ha generado un intenso debate dentro de las filas socialistas y ha obtenido una respuesta institucional inmediata por parte del presidente del Gobierno.
El núcleo de la propuesta
El manifiesto parte de una premisa contundente: "A los extremismos no se les derrota imitándolos, sino ofreciendo un proyecto democrático superior". Esta frase resume la filosofía que inspira a Sevilla y a los impulsores de Socialdemocracia 21, quienes consideran que el PSOE ha perdido su rumbo central al intentar competir en terrenos que no le son propios.
La principal apuesta del documento es la recuperación del diálogo institucional con el Partido Popular como vía para desbloquear la parálisis política actual. Sevilla identifica como "la mayor anormalidad del momento presente" la imposibilidad de que las dos fuerzas mayoritarias del país alcancen acuerdos mínimos. Esta situación, advierte, convierte a la democracia española en rehén de la "dictadura de las minorías, de uno y otro signo".
El exministro, que ocupó cartera en el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, propone una hoja de ruta basada en cinco ejes fundamentales: diálogo frente a polarización, argumentos frente a consignas, acuerdos frente a bloqueos, respeto institucional frente a tacticismo, y verdad frente a propaganda. Esta quinta delimitación conceptual pretende establecer las bases de una nueva forma de hacer política que priorice el interés general.
Crítica implícita al modelo Sánchez
Aunque el manifiesto no menciona directamente a Pedro Sánchez, las alusiones son evidentes. La referencia al alejamiento de nacionalistas e independentistas como sostén de la mayoría de gobierno apunta directamente a la estrategia de coalición que ha mantenido el líder socialista desde 2018. Sevilla considera que esta vía agota la capacidad de acción del PSOE y lo aleja de su electorado natural.
El documento también cuestiona la dinámica interna que ha generado el llamado "sanchismo", una corriente que, según los críticos, ha personalizado el poder dentro del partido. Sevilla pide abiertamente "un debate autocrítico en el seno del PSOE" para recuperar la autonomía política que demanda la ciudadanía y superar el "callejón sin salida" de la confrontación binaria.
La iniciativa llega en un momento en que el PSOE enfrenta serios desafíos electorales y una erosión de su base tradicional en favor de opciones más moderadas y de otras formaciones de izquierda. El manifiesto interpreta este fenómeno como una señal de alerta que requiere respuestas profundas, no meros ajustes cosméticos.
La referencia histórica a González
Uno de los momentos más destacados del texto es el elogio explícito a la generación de Felipe González. Sevilla recuerda que fue durante los años 80 y 90 cuando el PSOE marcó la pauta de las nuevas ideas socialistas en Europa. Considera que aquella etapa demostró que un partido socialdemócrata fuerte podía liderar tanto en el terreno de las ideas como en la acción política.
La analogía con el presente es clara: España vuelve a enfrentar un "contexto internacional estremecedor" que exige liderazgo ideológico y capacidad de adaptación. Sevilla insiste en que el PSOE debe ser capaz de representar a quienes viven de su salario, a quienes buscan oportunidades para progresar y a quienes sostienen el sistema de bienestar con sus impuestos.
El manifiesto también introduce una reflexión sobre la corrupción y el acoso, demandando mecanismos de transparencia robustos que eviten nuevos escándalos. Esta alusión responde a la necesidad de regenerar la confianza pública en las instituciones y en el propio partido.
Reacción institucional y eco mediático
La respuesta de Pedro Sánchez no se hizo esperar. Durante la rueda de prensa conjunta con el primer ministro griego Kyriákos Mitsotákis en La Moncloa, el presidente del Gobierno se limitó a expresar su "respeto por todas las opiniones" en el interior del PSOE. Una declaración conciliadora que busca minimizar el impacto de la crítica interna.
El vídeo promocional que acompaña al manifiesto ha circulado intensamente en redes sociales, donde Sevilla reclama directamente a la militancia un compromiso con la reflexión colectiva. La iniciativa ha encontrado respaldo entre veteranos del partido y sectores descontentos con la deriva actual, aunque también ha generado rechazo entre los defensores de la línea oficialista.
El debate se ha extendido a los medios de comunicación, donde analistas políticos interpretan el movimiento como un intento de reactivar la corriente socialdemócrata moderada frente a una dirección que, según los críticos, ha asumido posturas más progresistas y rupturistas de lo que la tradición del partido aconsejaría.
El contexto de una democracia fragmentada
El diagnóstico de Sevilla apunta a una enfermedad crónica del sistema político español: la fragmentación parlamentaria y la dependencia de minorías. Desde 2015, ningún partido ha logrado mayorías absolutas, lo que ha convertido a formaciones nacionalistas y de carácter regional en árbitros indispensables.
El exministro argumenta que esta dinámica debilita la gobernabilidad y genera percepciones de inestabilidad entre inversores y ciudadanos. Su propuesta de entendimiento PP-PSOE, aunque idealizada por muchos, choca con la realidad de una polarización creciente y con intereses electorales contrapuestos.
La referencia a la "dictadura de las minorías" es especialmente polémica. Por un lado, recoge la frustración de votantes que ven cómo partidos con escaso peso electoral condicionan decisiones de Estado. Por otro, ignora la legitimidad democrática de estas formaciones y el papel esencial que desempeñan en la representación territorial.
Implicaciones para el futuro del PSOE
El manifiesto de Sevilla no es un simple documento teórico. Representa una corriente de opinión activa que busca influir en el congreso federal del PSOE y en las decisiones estratégicas de los próximos años. Su éxito dependerá de la capacidad de movilizar a la base y de generar un discurso alternativo convincente.
Los retos son múltiples: por un lado, debe superar la resistencia de una dirección que controla los órganos de poder; por otro, necesita demostrar que su propuesta no es una vuelta al pasado, sino una adaptación moderna de la socialdemocracia a los desafíos actuales.
La cuestión de fondo es si el PSOE debe mantener su alianza con Unidas Podemos y los nacionalistas o explorar vías de entendimiento con el centro-derecha. Sevilla apuesta por la segunda opción, aunque reconoce implícitamente las dificultades de una hipotética gran coalición en el contexto español.
Conclusiones de un debate necesario
Más allá de las estrategias partidistas, el manifiesto de Jordi Sevilla abre un debate esencial sobre el rumbo de la democracia española. La pregunta central no es solo qué tipo de PSOE queremos, sino qué tipo de sistema político necesitamos para afrontar los desafíos del siglo XXI.
La propuesta de recuperar el diálogo PP-PSOE, aunque utópica para algunos, refleja una demanda ciudadana de estabilidad y gobernabilidad. La crítica a la "dictadura de las minorías", por controvertida que sea, pone el dedo en la llaga de un problema real de representatividad.
El éxito o fracaso de esta iniciativa marcará el tono de la política española en los próximos años. Si el PSOE opta por la vía del centro y el entendimiento, podría generar una nueva mayoría silenciosa. Si mantiene su alianza actual, profundizará la polarización pero conservará su base progresista.
En definitiva, Sevilla ha lanzado un órdago que va más allá de la política interna. Es una reflexión sobre el futuro de España que, guste o no, obliga a todos los actores políticos a posicionarse. La socialdemocracia, en su versión más clásica, vuelve a la carga con la intención de recuperar el protagonismo que cedió hace años.