El movimiento volcel: por qué más mujeres eligen el celibato voluntario

Rosalía y Drew Barrymore encabezan una tendencia que reivindica la soledad electiva como forma de empoderamiento femenino

En una época donde las relaciones personales parecen sometidas a una constante evaluación pública, donde las dinámicas de pareja se analizan sin filtro en redes sociales y la presión por encontrar "la media naranja" se ha intensificado, surge una corriente de pensamiento que invita a la reflexión: el celibato voluntario como elección consciente y empoderada. Este fenómeno, lejano de ser un aislamiento forzoso, encuentra su máxima expresión en el movimiento volcel, término que ha ganado notable tracción en plataformas digitales y que cuenta con referentes de peso en el mundo del espectáculo.

La cantante Rosalía y la actriz Drew Barrymore han situado este debate en el centro de la conversación cultural. Sus declaraciones públicas sobre la decisión de abstenerse de relaciones sentimentales o sexuales no como una imposición, sino como una decisión personal, han resonado especialmente entre un público femenino que cuestiona cada vez más los mandatos tradicionales sobre el amor romántico.

Pero ¿qué significa exactamente ser volcel? La palabra, acrónimo de "voluntarily celibate" (celibato voluntario en inglés), representa la antítesis de otro concepto que ha generado amplia polémica: el incel (involuntarily celibate). Mientras que los seguidores de esta última corriente experimentan su abstinencia como una condición forzosa y, en muchos casos, cargada de rencor hacia el sexo opuesto, el volcel se erige como una postura activa, deliberada y, sobre todo, liberadora. La clave reside en la autonomía sobre el propio cuerpo y las propias decisiones afectivas.

Las cifras oficiales reflejan un contexto social interesante. Según datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes a 2023, en España existen más de 3,8 millones de mujeres solteras en el rango de edad comprendido entre los 20 y los 39 años. Esta cifra, que ya superaba los 3,6 millones en 2021, en plena pandemia, sugiere una tendencia creciente hacia la independencia sentimental que va más allá de circunstancias puntuales. No todas estas mujeres son volcel, evidentemente, pero el dato dibuja un panorama donde la soltería deja de ser una condición temporal para convertirse en un estilo de vida legítimo y cada vez más común.

La plataforma TikTok ha funcionado como un poderoso altavoz para esta corriente. Al teclear "vol" en su buscador, la predicción automática sugiere términos como "volver con tu ex", pero también, y cada vez con mayor frecuencia, "volcel". Esta aparición no es casual: responde a una ristra interminable de contenidos generados por usuarias que comparten sus experiencias, motivaciones y reflexiones sobre el celibato electivo. El algoritmo, lejos de juzgar, refleja simplemente lo que la comunidad demanda y consume.

Rosalía, figura central de la música urbana internacional, no solo ha mencionado el término, sino que lo ha hecho en un contexto que generó debate. Durante una entrevista en Radio3, la artista se posicionó sobre el feminismo con palabras que dividieron opiniones: "Creo que me rodeo de ideas feministas. No soy moralmente lo suficientemente perfecta como para considerarme dentro de un 'ismo', pero sí que me inspiran y me rodeo de ideas feministas". Esta declaración, que algunos interpretaron como una elusión de compromiso, contrasta con su posterior afirmación en el podcast de Primavera Sound, donde respondió a la pregunta sobre su "crush" actual: "Ya no tengo espacio para eso. Se ha acabado esta fantasía, esta ilusión que no aporta nada. De aquí en adelante, soltería, volcel, celibato voluntario".

La frase, contundente y sin ambages, resonó como un manifiesto. No es una renuncia amarga, sino una reivindicación de la energía personal. La artista, consciente de su influencia, estaba dibujando una línea clara: la soledad electiva como fuente de poder, no como síntoma de fracaso. Su posicionamiento llega en un momento en que muchas mujeres cuestionan el tiempo y la energía invertidos en dinámicas relacionales que, a menudo, resultan desgastantes o insatisfactorias.

Por su parte, Drew Barrymore ofrece una perspectiva más madura y reflexiva. En su programa de entrevistas, The Drew Barrymore Show, la actriz confesó que tras su divorcio de Will Kopelman en 2016, mantuvo una etapa de celibato que se prolongó durante años. Su narrativa no buscaba polémica, sino honestidad. Barrymore describió este período como un espacio necesario para reconectar consigo misma, para sanar y para redescubrir su identidad fuera del marco de una relación de pareja. Su experiencia, lejos de ser presentada como una norma universal, funcionó como un testimonio que validaba la elección de ponerse a uno mismo en primer lugar.

El contraste entre ambas figuras ilustra la diversidad dentro del movimiento volcel. Mientras Rosalía lo enmarca en una decisión futura y radical, casi una declaración de principios, Barrymore lo presenta como un proceso de sanación y autodescubrimiento. Ambas, sin embargo, comparten un núcleo común: la reapropiación del tiempo propio y la desconexión de la obligación social de estar en pareja.

Este fenómeno no emerge en el vacío. Las últimas décadas han visto cómo las mujeres han conquistado espacios de autonomía económica, profesional y social que hacen posible, por primera vez en la historia moderna, la elección real de la soltería. No se trata de una imposición de la circunstancia, sino de una libertad adquirida. En este sentido, el volcel se alinea con corrientes feministas que defienden el derecho a no reproducir estructuras patriarcales dentro de las relaciones íntimas.

La psicología social ofrece claves para entender este cambio de paradigma. La presión constante para estar en pareja, especialmente sobre las mujeres, ha generado durante generaciones un sentimiento de incompletud. El volcel desafía esta narrativa al proponer que la plenitud emocional no depende de una relación romántica. Esta perspectiva resulta especialmente atractiva en un contexto donde las aplicaciones de citas, lejos de facilitar conexiones genuinas, a menudo generan fatiga emocional y una sensación de mercantilización del afecto.

No obstante, el movimiento no está exento de críticas. Algunos sectores interpretan el volcel como una forma de desengano o incluso de rechazo al otro sexo, aunque sus propugnantes insisten en que se trata de una elección personal, no de una ideología contra nadie. La distinción es crucial: mientras el incel culpabiliza al exterior por su situación, el volcel asume la responsabilidad plena de su decisión, sin resentimiento.

La industria del entretenimiento y la cultura popular han comenzado a reflejar esta tendencia. Series, películas y canciones exploran cada vez más la vida de mujeres que encuentran la felicidad fuera de los convencionalismos románticos. Este cambio en la representación media es fundamental, ya que la visibilidad normaliza las elecciones alternativas y ofrece modelos de referencia.

Desde una perspectiva más amplia, el auge del volcel puede interpretarse como parte de una redefinición más general de las relaciones humanas en la era digital. La hiperconectividad ha traído consigo una paradoja: nos sentimos más solos que nunca. En este contexto, elegir la soledad física puede ser una estrategia para proteger la salud mental y emocional, un refugio contra la sobreexposición y la presión constante.

El futuro de esta tendencia es incierto, pero su impacto actual es indiscutible. Lo que comenzó como un término de nicho en foros digitales ha saltado a los medios mainstream gracias a voces influyentes. Su evolución dependerá de cómo se articule en el debate público: si permanece como una opción personal válida o si se politiza en exceso.

Mientras tanto, miles de mujeres encuentran en el volcel una forma de reafirmar su autonomía. No es una renuncia al amor, sino una redefinición de su lugar en la vida. No es el fin de las relaciones, sino el comienzo de una relación más honesta con una misma. Y en ese gesto, simple pero radical, reside su poder transformador.

Referencias

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