El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha protagonizado uno de los actos más emblemáticos del calendario festivo sevillano al encarnar al Rey Baltasar en la tradicional cabalgata organizada por el Ateneo. Durante seis horas, el líder del PP andaluz ha recorrido las calles de la capital andaluza en una carroza, con capa y vestido de mago, en un gesto que trasciende lo meramente festivo para adentrarse en el terreno de la estrategia política.
La participación de Moreno en este evento, que le ha devuelto momentáneamente a su infancia malagueña, no ha sido un simple acto protocolario. Según sus propias declaraciones, el presidente se ha preparado específicamente para lanzar 6.000 kilos de caramelos a lo largo de la tarde, una cifra que simboliza tanto el esfuerzo físico como el compromiso con una tradición que congrega a miles de familias sevillanas.
Sin embargo, más allá de la magia y la ilusión propias de la Epifanía, la cabalgata ha servido a Moreno como un auténtico baño de masas que le ha permitido medir de primera mano su capital político entre los ciudadanos. Este despliegue de proximidad llega en un momento crucial: el año 2026, que acaba de estrenar, está destinado a convertirse en el escenario de las elecciones autonómicas que definirán el futuro de la gobernabilidad en Andalucía.
La cita electoral, que debe celebrarse antes del inicio del verano y como muy tarde el 19 de junio, representa para Moreno el reto más significativo de su trayectoria política. Tras más de siete años al frente de la Junta, el líder popular aspira a revalidar los resultados obtenidos en 2022, cuando el PP conquistó una holgada mayoría absoluta de 58 escaños en el Parlamento andaluz.
La dificultad de repetir aquella gesta no pasa desapercibida para el propio Moreno ni para su equipo. En el seno del Partido Popular de Andalucía se ha instalado un discurso que califica aquel resultado de excepcional, tanto en el contexto nacional como internacional, y que advierte de que reproducirlo se antoja prácticamente imposible. Esta gestión de expectativas responde a una realidad que reflejan los últimos sondeos electorales.
El Centro de Estudios Andaluces (Centra), considerado el CIS andaluz, ha situado al PP de Moreno en el límite de los 55 escaños en sus dos últimas ediciones, justo en el umbral de la mayoría absoluta. Esta proyección sitúa al presidente en una posición de vulnerabilidad, donde cualquier desgaste podría dejarle dependiente de Vox para gobernar, replicando la situación que ya se dio tras las elecciones de 2018.
Durante el recorrido de la cabalgata, Moreno no solo ha recibido muestras de cariño. Un grupo de manifestantes le ha recordado uno de los puntos más controvertidos de su gestión: la crisis de los cribados de cáncer de mama. Los protestantes lanzaron una lluvia de globos con forma de pechos hacia la carroza del presidente, en una acción simbólica que visibilizó las deficiencias del sistema sanitario público andaluz.
Este incidente pone de manifiesto que la precampaña que ahora se inicia será notablemente más compleja que el simple desfile por las calles de Sevilla. Moreno deberá enfrentar no solo las críticas de la oposición, sino también las demandas ciudadanas que cuestionan aspectos concretos de su gestión.
La estrategia del presidente pasa por la denominada "vía andaluza", un modelo de gobernabilidad que ha definido su mandato y que ahora debe defender ante las urnas. Este enfoque, que le ha valido el éxito en convocatorias anteriores, se verá sometido a una prueba de fuego en un contexto político más fragmentado y con una ciudadanía más exigente.
La participación de Moreno en la cabalgata sevillana le convierte en el segundo presidente de la Junta en encarnar a un rey mago, tras el socialista José Rodríguez de la Borbolla. Este gesto, que podría interpretarse como una concesión a la tradición y al folclore local, esconde una calculada estrategia de comunicación política. En una época donde la proximidad con el electorado se valora cada vez más, el presidente ha aprovechado la ocasión para humanizar su imagen y conectar con las familias andaluzas en un momento de celebración comunitaria.
El líder popular, de 55 años, ha demostrado durante el desfile una capacidad de resistencia física y una disposición al contacto directo que contrasta con la imagen más institucional que proyecta en los actos oficiales. Este doble registro -el del político de salón y el del líder cercano- forma parte de su repertorio estratégico para afrontar los meses venideros.
La incertidumbre que rodea los resultados electorales ha llevado al PP andaluz a moderar sus expectativas públicamente. Los dirigentes del partido insisten en que alcanzar la mayoría estable -el eufemismo que emplean para referirse a la mayoría absoluta- es un objetivo extremadamente complicado. Esta retórica defensiva busca, por un lado, movilizar a su electorado sin caer en la complacencia y, por otro, preparar el terreno para una posible negociación postelectoral.
El contexto nacional del PP, con Alberto Núñez Feijóo al frente, también influye en la precampaña andaluza. Moreno necesita demostrar que su modelo territorial puede sostenerse por sí mismo, sin depender de los vaivenes de la política madrileña. La cabalgata de Sevilla, por tanto, no ha sido solo un acto de folklore, sino una declaración de intenciones: el presidente andaluz juega sus cartas en su territorio, con sus reglas y sus símbolos.
La crisis sanitaria, simbolizada por los globos en forma de pechos, representa uno de los talones de Aquiles de la gestión de Moreno. Las listas de espera, la saturación de los centros de salud y la polémica sobre los cribados han generado un malestar que la oposición, especialmente el PSOE-A y Por Andalucía, intentará capitalizar durante la campaña. El presidente, consciente de esta vulnerabilidad, ha anunciado medidas de refuerzo en el sistema público, aunque su efectividad será juzgada por los ciudadanos.
La participación en la cabalgata también responde a una lógica de contraste generacional. Moreno, que representa a un PP que busca renovarse sin romper con su esencia, se presenta como un líder con capacidad para conectar con todas las edades. Mientras que su figura institucional puede resultar distante para los jóvenes, su papel de Baltasar lo humaniza y lo acerca a las familias.
El reto electoral de 2026 no se limita a conservar escaños. Moreno aspira a consolidar su legado como el presidente que modernizó Andalucía sin renunciar a sus tradiciones. La mayoría absoluta no es solo un instrumento de gobernabilidad, sino un aval para continuar con su proyecto político sin condicionantes externos.
Los próximos meses serán decisivos. La precampaña ya ha comenzado de facto, y cada acto público será minuciosamente analizado por analistas y rivales políticos. Moreno ha elegido el escenario sevillano, el más mediático y simbólico de Andalucía, para lanzar su mensaje de continuidad y cercanía.
El éxito de esta estrategia dependerá de su capacidad para transformar la ilusión de los Reyes Magos en confianza electoral. Mientras tanto, el presidente andaluz ya puede presumir de haber cumplido uno de sus sueños infantiles, aunque el desafío real comienza cuando se quite el disfraz de Baltasar y vuelva a la Moncloa de San Telmo con la responsabilidad de convocar elecciones que marcarán el futuro de la comunidad.