Los servicios de emergencia del País Vasco localizaron el cuerpo sin vida de Iván Apaolaza, un hombre de 54 años que había sido reportado como desaparecido tras iniciar una excursión por el Parque Natural de Peña de Aia (Aiako Harria) en el municipio guipuzcoano de Oiartzun. El hallazgo se produjo la mañana del lunes 5 de enero de 2026, después de que sus familiares alertaran de su ausencia la noche anterior, generando una intensa movilización de recursos de rescate en la zona montañosa.
El fallecido, identificado como exmiembro de la organización terrorista ETA, residía en Oiartzun y se encontraba en situación de tercer grado penitenciario, beneficiario de un régimen de semilibertad concedido por la Consejería de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco en 2025. Según fuentes oficiales, Apaolaza llevaba desvinculado de la izquierda abertzale desde finales de 2019 y había mostrado signos de arrepentimiento por sus actos del pasado, circunstancia que fue valorada positivamente por el colectivo de víctimas del terrorismo Covite durante su proceso de revisión penal. Esta situación de semilibertad le permitía realizar actividades cotidianas como el senderismo, aunque siempre bajo los parámetros establecidos por la administración penitenciaria.
## Trayectoria delictiva y condena
La historia de Iván Apaolaza está marcada por su pertenencia al comando 'Buruhauste' de ETA, responsable del asesinato del teniente coronel del Ejército de Tierra Pedro Antonio Blanco en Madrid el 21 de enero de 2000. Este atentado, perpetrado en la capital española, puso fin a la tregua que la banda terrorista había decretado el 5 de septiembre de 1998 y que concluyó oficialmente el 25 de noviembre de 1999. El asesinato del oficial del Ejército generó una profunda conmoción en la sociedad española y fue interpretado como una señal definitiva de la ruptura del alto el fuego por parte de ETA.
Tras años de huida y de estar en la lista de personas más buscadas por la justicia española, Apaolaza fue extraditado por Canadá en 2008 y sometido a proceso judicial en España. En marzo de 2014, la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional le impuso una condena de 123 años de cárcel por delitos de terrorismo, asesinato y pertenencia a banda armada. La sentencia recogió su participación activa en el comando que planificó y ejecutó el atentado contra el militar, un crimen que conmocionó a la sociedad española y que fue recordado por las asociaciones de víctimas como uno de los episodios más sangrientos del final de la tregua etarra. La condena, aunque teóricamente muy elevada, en la práctica se veía limitada por el máximo de 30 años establecido en el Código Penal español.
## Circunstancias de la desaparición
La tarde del domingo 4 de enero, Apaolaza salió de su domicilio en Oiartzun con la intención de realizar una ruta por el conocido parque natural de Peña de Aia, un enclave montañoso de gran belleza paisajística y popular entre los senderistas de la comarca. Esta sierra, que marca el límite natural entre Guipúzcoa y Francia, ofrece numerosas rutas de diferente dificultad, siendo algunas de ellas técnicamente complejas y recomendadas solo para personas con experiencia en montaña.
Cuando no regresó en el horario previsto, su familia dio la voz de alarma alrededor de las diez de la noche, activando los protocolos de búsqueda de personas desaparecidas en zonas rurales. La preocupación era mayor debido a las condiciones invernales y a la posibilidad de accidentes en terreno escarpado. El departamento de Seguridad del Gobierno Vasco confirmó que, tras la denuncia, se estableció un dispositivo de búsqueda y rescate coordinado por un técnico de la Dirección de Atención de Emergencias. La operación, iniciada poco antes de la medianoche, contó con la participación de múltiples cuerpos de seguridad y emergencias, movilizando recursos humanos y técnicos de considerables dimensiones.
## Operativo de rescate
El dispositivo de búsqueda estuvo compuesto por efectivos de la Ertzain-etxea de Errenteria, bomberos de la zona, agentes de la Policía Local de Oiartzun y voluntarios de Cruz Roja. Además, se movilizó el helicóptero de la Unidad de Vigilancia y Rescate de la Ertzaintza, fundamental para la exploración de zonas de difícil acceso en el parque natural. La operación se vio facilitada por la experiencia de estos cuerpos en rescates montañeros, aunque la noche y la orografía complicada del terreno dificultaron las labores iniciales.
Tras varias horas de intensa búsqueda en terreno complejo y con condiciones meteorológicas adversas, el cuerpo de Apaolaza fue localizado aproximadamente a las diez de la mañana del lunes. La dificultad de acceso al lugar del hallazgo requirió la intervención del helicóptero de la Ertzaintza, que procedió al rescate del cuerpo y su traslado hasta el punto de encuentro con los servicios funerarios. Posteriormente, el cadáver fue derivado al Instituto de Medicina Legal de Donostia para la realización de la autopsia oficial y determinar las causas exactas del deceso.
Las causas exactas del fallecimiento aún están bajo investigación. La Ertzaintza no ha descartado ninguna hipótesis, barajando tanto una posible indisposición física súbita como una caída en la zona montañosa, donde los senderos presentan desniveles considerables y rocas de considerable tamaño. Los agentes también investigan si pudo tratarse de una combinación de ambos factores, algo no infrecuente en accidentes montañeros.
## Reacciones y contexto social
La noticia del fallecimiento ha generado diversas reacciones en el ámbito social y político vasco. La red ciudadana Sare, conocida por su labor en favor de los derechos de los presos vascos, ha trasladado sus condolencias a la familia de Apaolaza, calificándolo como un "preso vasco que se encontraba en tercer grado penitenciario". Este gesto ha reavivado el debate sobre la reinserción de exmiembros de ETA y la política de derechos humanos en el País Vasco, un tema que genera posiciones encontradas en la sociedad.
Por su parte, el colectivo Covite, que representa a víctimas del terrorismo, había reconocido en 2025 los esfuerzos de desvinculación y arrepentimiento de Apaolaza, aunque siempre dentro del contexto de la justicia y la memoria de las víctimas. La entidad ha preferido no hacer declaraciones oficiales sobre el fallecimiento, manteniendo su posición de respeto a la vida privada de las familias pero sin olvidar el daño causado por los actos terroristas. Esta postura equilibrada refleja la complejidad de gestionar la memoria histórica sin revictimizar a las personas afectadas por el terrorismo.
El caso de Apaolaza ilustra la complejidad del proceso de paz y convivencia en el País Vasco, donde la reinserción de antiguos miembros de ETA continúa siendo un tema sensible. Su muerte en circunstancias aparentemente accidentales mientras realizaba una actividad deportiva cotidiana pone de manifiesto la vida paralela que muchos de estos individuos intentan reconstruir tras cumplir condenas por delitos graves. La sociedad vasca se enfrenta al desafío de integrar a estas personas mientras mantiene viva la memoria de las víctimas.
## Investigación en curso
La Ertzaintza mantiene abierta la investigación para esclarecer las causas exactas del deceso. Los agentes están recabando testimonios de familiares y conocidos, analizando el recorrido que planeó realizar Apaolaza y revisando posibles evidencias en el lugar del hallazgo. La autopsia en el Instituto de Medicina Legal de Donostia determinará si el fallecimiento fue consecuencia de causas naturales, un accidente o una combinación de factores. Los resultados forenses serán clave para cerrar el caso.
El Parque Natural de Peña de Aia, a pesar de ser un destino muy frecuentado por senderistas de todos los niveles, presenta zonas de cierta dificultad técnica que requieren experiencia y precaución. Las autoridades aprovechan este incidente para recordar la importancia de la seguridad en la montaña: informar sobre las rutas, llevar equipamiento adecuado, consultar el estado del tiempo y no realizar excursiones solitarias sin avisar previamente. Estas recomendaciones son especialmente relevantes en época invernal, cuando las condiciones pueden cambiar rápidamente.
## Legado y memoria
La figura de Iván Apaolaza quedará marcada por su doble condición: por un lado, como perpetrador de uno de los crímenes que puso fin a la tregua de ETA a finales de los 90; por otro, como ejemplo de los procesos de desvinculación y reinserción que el sistema penitenciario vasco ha promovido en los últimos años. Su muerte cierra un capítulo más en la compleja historia del conflicto vasco, dejando abiertas las preguntas sobre la justicia, el perdón y la posibilidad de una segunda oportunidad.
Las asociaciones de víctimas del terrorismo insisten en que la memoria de quienes perdieron la vida por la violencia etarra, como el teniente coronel Pedro Antonio Blanco, debe permanecer intacta, independientemente de los procesos individuales de arrepentimiento. Mientras tanto, las familias de los exmiembros de ETA que han optado por la vía pacífica reclaman el derecho a una vida normalizada tras cumplir sus condenas. Este equilibrio entre justicia y reinserción sigue siendo uno de los desafíos más importantes para la sociedad vasca.
El incidente en Peña de Aia sirve como recordatorio de que, más allá de los titulares y las condenas, existen vidas humanas complejas, con pasados que marcan pero también con intentos de futuro. La sociedad vasca continúa navegando por las aguas turbulentas de la memoria histórica, la justicia restaurativa y la convivencia en un territorio que ha sufrido profundamente las consecuencias del terrorismo. La muerte de Apaolaza, aunque trágica en lo personal, no debe oscurecer el recuerdo de las víctimas ni el compromiso con una paz duradera basada en la verdad y la justicia.