La tradicional cabalgata de Reyes Magos de Madrid ha dejado este año un regusto amargo entre muchos de sus espectadores. La ausencia de Beltrán Iraburu, quien durante los últimos años había dado vida al Rey Gaspar con notable éxito popular, ha generado una ola de comentarios negativas en las redes sociales que el Ayuntamiento de la capital no ha logrado silenciar.
Desde 2022, Iraburu se había convertido en una de las figuras más queridas de la festividad madrileña. Su interpretación del monarca mago no solo cumplía con el protocolo oficial, sino que añadía un carisma personal que conquistó a gran parte del público, especialmente entre los jóvenes y adultos que siguen el desfile cada cinco de enero. La expectativa por su reaparición era, por tanto, considerable.
Sin embargo, cuando la comitiva real recorrió las principales arterias de la ciudad, los aplausos se convirtieron en murmullos de sorpresa. El rostro que aparecía en la carroza de Gaspar no era el que muchos esperaban. La reacción fue inmediata y contundente en plataformas como X, donde los usuarios no tardaron en expresar su malestar con comentarios que rápidamente se viralizaron.
Entre las críticas más repetidas destacaron comparaciones hiperbólicas con productos de baja calidad, refiriéndose al nuevo intérprete como una "versión Aliexpress" del personaje. La expresión, utilizada de forma reiterada, reflejaba el sentimiento de recibir algo inferior a lo esperado después de un año de anticipación. "¿Dónde está el Gaspar guapo?" se convirtió en una pregunta recurrente que evidenciaba el descontento generalizado.
Las autoridades municipales han mantenido un notable silencio respecto a los motivos que justifican este cambio. Fuentes no oficiales, sin embargo, apuntan a que la decisión podría estar relacionada con el caché del actor. Aunque no se han facilitado cifras concretas, la especulación sugiere que el coste de contar con Iraburu para el evento habría superado el presupuesto destinado este año a la representación del personaje.
Esta hipótesis, no confirmada por el consistorio, ha abierto otro frente de debate. Muchos ciudadanos cuestionan si el ahorro económico justifica sacrificar la calidad de un evento de tanta tradición y relevancia para la ciudad. La cabalgata de Reyes no es solo un desfile, sino un símbolo que marca el inicio de las celebraciones para miles de familias madrileñas.
El malestar ha trascendido las simples quejas estéticas para convertirse en una crítica política directa al Ayuntamiento de Madrid y a su alcalde, José Luis Martínez-Almeida. Numerosos usuarios han dirigido mensajes directos al regidor, acusándole de "estropear" la fiesta con decisiones basadas exclusivamente en criterios económicos. Algunos tuiteros han adaptado frases célebres de la política española para referirse a esta situación, mostrando cómo la indignación ha calado hondo en diferentes sectores.
Los memes y montajes comparativos han proliferado en las últimas horas. Imgenes que contrastan la interpretación de Iraburu con la del nuevo actor circulan por grupos de WhatsApp y perfiles de Instagram, amplificando el descontento más allá de quienes presenciaron el evento en directo. Esta dinámica digital ha transformado una decisión local en tema de conversación nacional.
Curiosamente, la identidad del nuevo Rey Gaspar permanece en el anonimato. El Ayuntamiento no ha facilitado el nombre del intérprete que ha asumido el rol, posiblemente consciente de la reacción negativa que podría generar. Esta falta de transparencia ha alimentado aún más las teorías y comentarios en redes, donde algunos especulan con que se trata de un actor menos conocido o incluso de un miembro del personal municipal.
La polémica pone de manifiesto el poder que tienen las figuras populares en eventos de esta naturaleza. Iraburu no era solo un actor disfrazado, sino que se había convertido en parte del imaginario colectivo de la Navidad madrileña. Su sustitución no es percibida como un simple cambio de reparto, sino como una ruptura de una tradición reciente pero muy arraigada en la memoria ciudadana.
Desde el sector cultural, algunas voces advierten de los riesgos de valorar únicamente en términos económicos la participación de profesionales en eventos públicos. Argumentan que la calidad artística y la conexión con el público construida durante años tiene un valor intangible que no debe menospreciarse cuando se elaboran presupuestos.
El caso de Beltrán Iraburu y el Rey Gaspar se suma a otros debates sobre la gestión cultural en las grandes ciudades, donde la tensión entre austeridad y calidad se vuelve cada vez más evidente. Mientras tanto, los madrileños se preguntan si volverán a ver a su "Gaspar guapo" en futuras ediciones o si este cambio marca el fin de una era.
Para las familias que acuden con ilusión a la cabalgata, especialmente los más pequeños, estas polémicas pasan desapercibidas. Pero para un público adulto cada vez más crítico y conectado, la calidad de los eventos municipales se ha convertido en un indicador de la gestión política. La presión en redes sociales demuestra que cada decisión, por pequeña que parezca, puede tener un impacto mayor del previsto.
El Ayuntamiento de Madrid tendrá que valorar si la reacción ciudadana justifica una rectificación en próximas ediciones o si, por el contrario, mantendrá su apuesta por un modelo más económico para la cabalgata. Mientras tanto, Beltrán Iraburu continúa con su carrera profesional, ahora con el añadido de haberse convertido en tendencia por una ausencia que ha hablado más que muchas presencias.