El 29 de octubre de 2024 quedará marcado en la memoria colectiva valenciana como una de las jornadas más trágicas de su historia reciente. Mientras la gota fría desataba su furia sobre la Comunidad Valenciana, provocando inundaciones devastadoras y dejando un rastro de víctimas mortales, en los teléfonos móviles de los máximos responsables políticos populares se tejía una estrategia de comunicación que ahora ha salido a la luz.
La magistrada que investiga las causas de la catástrofe ha incorporado a la causa la conversación íntegra mantenida aquel fatídico día entre Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, y Carlos Mazón, entonces titular de la Generalitat Valenciana. Los mensajes de WhatsApp, entregados por el propio Feijóo este viernes, dibujan un escenario donde la prioridad no eran las personas afectadas, sino la narrativa mediática.
La cronología de los hechos resulta demoledora. A las 20:26 horas, cuando la magnitud del desastre ya era evidente, Feijóo le escribió a Mazón: "Ánimo. Lidera informativamente como hiciste con el incendio". Esta frase, lejos de ser una muestra de apoyo genuino, revelaba una preocupación centrada en la imagen pública. Durante casi una hora, el líder popular no volvió a contactar con su homólogo valenciano. A las 21:29, justificó su ausencia con un escueto: "Estoy en un acto, no puedo cogerte el teléfono".
Lo que Feijóo no mencionaba en ese mensaje era que el "acto" al que asistía era la entrega de premios de un medio de comunicación, celebración a la que acudió acompañado de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Mientras tanto, Mazón ya le había advertido de la gravedad extrema: "No lo hemos hecho público aún pero ya están apareciendo muertos en Utiel y van a aparecer bastantes más. Un puto desastre va a ser esto presi".
La respuesta de Feijóo, horas después, a las 23:27, mantenía el mismo tono: "Lógico. Ánimo amigo. Lleva la iniciativa de comunicación… es la clave. Los alcaldes diputaciones coordinados y con la gente y tu informando". En ningún momento de la conversación se evidencia una preocupación directa por las víctimas, por desplegar recursos de emergencia o por coordinar ayuda humanitaria. La única "clave" era el control de la información.
Rosa Álvarez, presidenta de la Asociación Víctimas Mortales de la DANA 29-O, no oculta su indignación. "Hoy sabemos con su parte de los mensajes que tampoco le importaban las víctimas, ni la catástrofe provocada por la DANA", afirma tajante. Para Álvarez, estos mensajes confirman lo que las familias venían denunciando desde el primer momento: una gestión más preocupada por la reputación que por las personas.
La representante de los afectados va más allá. Según su análisis, la insistencia de Feijóo en que Mazón "liderara informativamente" y "llevara la iniciativa de comunicación" demuestra una estrategia premeditada. "Estaba únicamente interesado en que su barón autonómico liderara la comunicación. Hasta en dos ocasiones hace referencia a liderar o a llevar la iniciativa de la información y de la comunicación porque esa 'es la clave', pero la clave para qué, pues evidentemente para todo lo que vendría y nos tenían preparado después", argumenta.
Esta "clave" que menciona Feijóo se traduce, en la interpretación de las víctimas, en una maquinaria de relato diseñada para proteger a la administración de las críticas. La realidad sobre el terreno, con decenas de fallecidos y miles de afectados, parecía secundaria frente a la necesidad de mantener una imagen de control y eficiencia.
La acusación de Rosa Álvarez es contundente: "Todo indica tras estos mensajes y los relatos tejidos posteriormente que son los claros ideólogos también del maltrato de las familias y asociaciones críticas con la gestión negligente llevada a cabo y por no comulgar con el relato impuesto desde el gobierno valenciano y desde Génova". La referencia a la sede nacional del PP en Génova 13 deja claro que la responsabilidad, en su opinión, trasciende lo individual y se enmarca en una estrategia de partido.
El concepto de "maltrato a las familias" no es nuevo para quienes han seguido esta crisis. Desde las primeras semanas, las asociaciones de afectados denunciaron presiones, falta de información, trámites burocráticos insoportables y un trato que consideran vejatorio. Lo que ahora aportan estos mensajes es una posible explicación de origen: que este trato no fue una mera consecuencia de la improvisación, sino parte de una estrategia consciente para silenciar las voces disidentes.
La investigación judicial avanza lentamente pero inexorablemente. La incorporación de estos mensajes aporta un elemento crucial: muestra la mentalidad de quienes ostentaban el poder en esas horas críticas. Mientras la ciudadanía pedía ayuda, mientras los cuerpos de emergencia trabajaban contra reloj, mientras las familias lloraban a sus seres queridos, la conversación oficial giraba en torno a cómo "liderar informativamente".
El paralelismo con el incendio mencionado por Feijóo resulta significativo. El líder del PP alude a una gestión previa de una emergencia, presumiblemente la del incendio de Valencia de 2022, como modelo a seguir. Sin embargo, las víctimas interpretan esta referencia como prueba de que la prioridad siempre fue la misma: la comunicación, no la prevención ni la respuesta efectiva.
El tiempo transcurrido desde la tragedia no ha atenuado el dolor ni la indignación. Si algo ha cambiado es la certeza documental. Los mensajes de WhatsApp, esos registros íntimos que suelen permanecer ocultos, han sacado a la luz una dinámica de poder que las familias intuían pero no podían probar. Ahora tienen en sus manos una evidencia que consideran irrefutable.
La demanda de Rosa Álvarez y de las asociaciones es clara: reconocimiento de la negligencia, asunción de responsabilidades políticas y un trato digno para las víctimas. No se trata solo de castigar, sino de garantizar que una tragedia como esta no vuelva a repetirse. Para ello, consideran fundamental entender cómo se tomaron las decisiones, qué criterios primaron y por qué la comunicación fue más importante que la acción.
El caso ha trascendido los límites de la Comunidad Valenciana. La oposición en el Congreso de los Diputados ya ha solicitado explicaciones. Los medios de comunicación nacional han recogido las declaraciones de Rosa Álvarez. La presión sobre Feijóo crece, no solo por el contenido de los mensajes, sino por lo que representan: una forma de entender la política donde la imagen prima sobre la sustancia.
Mientras tanto, en los pueblos afectados de la Vega Baja, en las zonas de Utiel y Requena, en los barrios de Valencia que aún recuperan la normalidad, las familias continúan con su duelo. Para ellas, los mensajes no son solo una noticia política, son la confirmación de que sus seres queridos no fueron la prioridad. Y eso, aseguran, es algo que no pueden perdonar.
La investigación continúa. La juez de Catarroja tendrá que valorar estos mensajes en el contexto de todas las pruebas. Pero para las víctimas, el daño ya está hecho. Lo que buscan ahora es justicia, verdad y el compromiso de que nunca más una conversación sobre "liderazgo informativo" sustituya a la acción humanitaria. El tiempo dirá si este nuevo elemento evidencial acelera el proceso o si, como temen, se diluye en el laberinto judicial y político.