La publicación de 'Esto no existe' de Juan Soto Ivars ha generado un intenso debate en el ámbito cultural y político español. En su cuarta edición, este volumen de casi 450 páginas presenta una particularidad que no pasa desapercibida: parece contener dos libros en uno, escritos por dos autores distintos que conviven en tensión constante.
Por un lado, encontramos un análisis jurídico serio y fundamentado que examina con detenimiento la legislación sobre violencia de género. Esta parte del trabajo, breve pero consistente, ofrece una reflexión equilibrada sobre los procesos de aprobación de estas leyes y las posibles objeciones que se les pueden plantear desde un punto de vista legal. El tono es mesurado, el argumento riguroso, y plantea cuestiones legítimas sobre el marco normativo actual. Es el tipo de contribución que enriquece el debate público, aunque su alcance limitado probablemente no le convierta en un éxito de ventas.
Sin embargo, este núcleo razonable queda envuelto por una extensa capa de contenido que resulta mucho más problemático. La mayor parte del libro constituye una diatriba sistemática contra el feminismo y, por extensión, contra las mujeres. El autor construye un alegato que, lejos de aportar matices al debate, se convierte en una crítica en bloque de todo el movimiento feminista. Es precisamente esta faceta la que ha generado la polémica y, paradójicamente, las múltiples ediciones del volumen.
El objetivo declarado de Soto Ivars no es tanto cuestionar las leyes de violencia de género en sí mismas, sino desmontar lo que él considera la ideología feminista que las sustenta. Para ello, parte de una premisa fundamental: la negación del patriarcado como estructura social real. El autor parece no comprender que no se necesita creer en una "mano invisible" del patriarcado para constatar que nuestra sociedad ha sido construida y está gobernada mayoritariamente por hombres. Esta realidad estructural es observable en todos los ámbitos del poder: político, económico, institucional.
Curiosamente, el propio Soto Ivars proporciona ejemplos que desmienten su tesis cuando se queja, en repetidas ocasiones, de que los hombres deben realizar el servicio militar o luchar en guerras mientras las mujeres quedan excluidas de estas obligaciones. Esta obsesión con el ámbito militar resulta reveladora. El ejército es, efectivamente, una institución creada por hombres, compuesta mayoritariamente por hombres, dirigida por hombres y, en última instancia, movilizada por hombres. Son los hombres quienes han decidido históricamente excluir a las mujeres de estas funciones. Ahí está, precisamente, la evidencia del patriarcado en acción.
Culpar a las mujeres por una exclusión que unos hombres han impuesto a otros hombres constituye un sofisma clásico de ciertos activistas masculinistas. Este razonamiento no solo es falaz, sino que revela una envidia mal disimulada y una mezquindad intelectual que pone en cuestión la neutralidad y buena fe del autor. El argumento se desmorona bajo su propio peso: no puede negarse el patriarcado y simultáneamente quejarse de sus consecuencias.
La estructura argumentativa del libro sigue un patrón predecible y poco riguroso. El autor presenta una idea preconcebida, la adorna con anécdotas supuestamente ilustrativas, y extrae conclusiones que ya estaban decididas de antemano. El problema es que, con frecuencia, los mismos ejemplos que aportan revelan las fallas de su propio razonamiento, algo que Soto Ivars parece ignorar deliberadamente.
Este método es especialmente evidente en el capítulo dedicado a las denuncias falsas. Aunque el texto completo no se muestra en el fragmento proporcionado, la crítica sugiere que el análisis pretende ser minucioso pero termina siendo sesgado. La viabilidad y los márgenes de error en los sistemas de protección contra la violencia de género son temas legítimos de estudio, pero el enfoque del autor parece más orientado a desacreditar a las denunciantes que a mejorar el sistema.
La paradoja final de este libro es que su éxito comercial se debe precisamente a lo que debería ser su mayor defecto. La polémica generada por su faceta antifeminista ha impulsado las ventas, convirtiendo lo que podría haber sido una contribución seria al debate jurídico en un manifiesto de reclamo para ciertos sectores. El resultado es una obra que, en lugar de iluminar un tema complejo, lo oscurece con argumentación emotiva y prejuicios evidentes.
En definitiva, 'Esto no existe' representa una oportunidad perdida. Entre sus páginas había material para un análisis constructivo sobre la legislación de violencia de género. Sin embargo, ese potencial queda sepultado bajo una montaña de retórica antifeminista que no aporta al debate sino que lo contamina. La crítica al feminismo que plantea no es la de quien busca matizar o enriquecer, sino la de quien pretende anular un movimiento social necesario. Y eso, lejos de avanzar en la comprensión de la violencia de género, solo consigue perpetuar los mismos vicios que dice combatir.