Bancos centrales respaldan a Powell frente a la presión de Trump

Una declaración conjunta de instituciones monetarias mundiales defiende la independencia de la Reserva Federal ante las amenazas de la Casa Blanca

Una coalición de las principales autoridades monetarias del planeta ha emitido este martes una declaración sin precedentes en defensa de la autonomía de la Reserva Federal estadounidense y de su presidente, Jerome Powell. La iniciativa, liderada por el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Pagos Internacionales (BIS), responde directamente a las crecientes presiones y amenazas judiciales que el gobierno de Donald Trump ha dirigido contra la institución financiera más poderosa del mundo.

El documento, firmado por Christine Lagarde a la cabeza del BCE y Pablo Hernández de Cos en representación del BIS, cuenta además con el respaldo explícito de una decena de gobernadores de bancos centrales de economías avanzadas y emergentes. Entre los signatarios figuran Andrew Bailey (Banco de Inglaterra), Erik Thedéen (Riksbank sueco), Christian Kettel Thomsen (Danmarks Nationalbank), Martin Schlegel (Banco Nacional Suizo), Michele Bullock (Banco de la Reserva de Australia), Tiff Macklem (Banco de Canadá), Chang Yong Rhee (Banco de Corea del Sur), Ida Wolden Bache (Norges Bank) y Gabriel Galípolo (Banco Central de Brasil).

El mensaje es claro y contundente: "Nos solidarizamos plenamente con el Sistema de la Reserva Federal y su presidente, Jerome H. Powell". Los máximos responsables de la política monetaria global no solo expresan su apoyo personal al mandatario de la Fed, sino que reivindican un principio fundamental para el funcionamiento de las economías modernas: la independencia de los bancos centrales.

La independencia como pilar de la estabilidad

En su texto, los gobernadores subrayan que "la independencia de los bancos centrales es fundamental para la estabilidad de precios, financiera y económica, en beneficio de los ciudadanos a los que servimos". Esta afirmación no es una mera formalidad diplomática, sino una defensa explícita de la doctrina que ha regido las relaciones entre poder político y autoridad monetaria en las últimas décadas.

La declaración concluye con un reconocimiento personal a Powell: "Para nosotros, es un colega respetado, muy estimado por todos los que han trabajado con él". Estas palabras adquieren mayor relevancia cuando se contextualizan en el clima de hostilidad que ha generado la actual administración estadounidense.

El enfrentamiento con Trump

Las tensiones entre el presidente de Estados Unidos y el titular de la Fed no son nuevas, pero han alcanzado un punto crítico en las últimas semanas. Durante un acto público en Detroit, Trump no solo cuestionó la gestión de Powell, sino que lo insultó abiertamente, calificándole de "cretino" e "inepto". El mandatario republicano aseguró que la tasa hipotecaria a 30 años había bajado por debajo del 6% "sin la ayuda de la Reserva Federal" y advirtió: "ese inepto, pronto se irá".

Estas declaraciones no son meros desplantes retóricos. La Casa Blanca ha puesto en marcha una investigación criminal formal contra Powell, centrada técnicamente en el proceso de renovación de la sede central de la Reserva Federal, un proyecto multimillonario que ha generado controversia por su coste. Sin embargo, el propio presidente de la Fed ha descrito esta investigación como un "pretexto" para erosionar su independencia y presionarle en la toma de decisiones sobre tipos de interés.

El control de los tipos como objetivo final

El verdadero motivo del conflicto radica en la política monetaria. Trump ha demandado en reiteradas ocasiones que la Fed reduzca agresivamente los tipos de interés para impulsar la economía, especialmente de cara a sus objetivos políticos y de crecimiento. Powell, manteniendo la tradición de independencia de la institución, ha resistido estas presiones, argumentando que las decisiones deben basarse en datos económicos objetivos y no en consideraciones políticas.

El mandatario de la Fed ha denunciado públicamente la situación a través de sus canales oficiales. En un comunicado difundido en redes sociales, Powell reveló que el Departamento de Justicia había entregado citaciones de un gran jurado a la Fed, amenazando con una acusación penal relacionada con su testimonio ante el comité bancario del Senado. Esta medida judicial, según Powell, forma parte de una estrategia más amplia para intimidar a la institución.

Un precedente peligroso

El respaldo internacional a Powell no es casual. Los bancos centrales temen que el asedio a la Fed establezca un precedente que pueda replicarse en otras jurisdicciones. La autonomía de estas instituciones es considerada esencial para mantener la confianza en las monedas y para evitar que la política monetaria se convierta en una herramienta de corto plazo al servicio de intereses partidistas.

La declaración conjunta envía una señal inequívoca a la Casa Blanca: la comunidad monetaria global no permanecerá de brazos cruzados ante lo que percibe como un ataque a un principio básico de la gobernanza económica. La coordinación entre bancos centrales de diferentes continentes para defender a una institución específica es un hecho excepcional que refleja la gravedad de la situación.

Implicaciones para los mercados

Los inversores han seguido con preocupación el enfrentamiento, ya que la incertidumbre sobre la independencia de la Fed podría afectar la confianza en el dólar y en los activos estadounidenses. La estabilidad de la Reserva Federal ha sido históricamente un ancla para los mercados financieros globales, y cualquier percance que cuestione su autonomía podría generar volatilidad.

Además, la situación plantea interrogantes sobre el futuro de la cooperación económica internacional. En un momento en que la economía global enfrenta desafíos como la inflación persistente, la guerra comercial entre potencias y la transición energética, la división entre autoridades políticas y monetarias debilita la capacidad de respuesta coordinada.

El camino a seguir

Mientras tanto, Powell mantiene su postura de no ceder a las presiones. La Fed ha reiterado que sus decisiones se guiarán exclusivamente por su mandato dual de estabilidad de precios y empleo máximo. La institución ha hecho saber que cualquier intento de interferencia política será resistido mediante los canales legales disponibles.

La comunidad internacional, por su parte, ha cerrado filas. La declaración del BCE y sus aliados no solo defiende a Powell, sino que reafirma un principio que consideran no negociable. En palabras de los signatarios, la independencia de los bancos centrales no es un privilegio, sino una condición necesaria para el bienestar económico general.

El conflicto entre Trump y Powell parece lejos de resolverse. Con una investigación criminal en marcha y un presidente dispuesto a utilizar todo su arsenal político, la batalla por el control de la política monetaria estadounidense se ha convertido en uno de los frentes más calientes de la confrontación entre el ejecutivo y las instituciones. El respaldo global al presidente de la Fed indica que el mundo entero está observando, con preocupación, cómo se desarrolla esta pugna que podría redefinir las reglas del juego económico para las próximas décadas.

Referencias

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