Bruselas advierte: una toma de Groenlandia acabaría con la OTAN

El comisario Kubilius activa la cláusula de defensa mutua de la UE mientras Rutte elogia a Trump por presionar en gasto militar

Las tensiones geopolíticas alcanzan un nuevo punto crítico ante las recurrentes amenazas de Estados Unidos sobre la soberanía de Groenlandia. En una declaración sin precedentes, el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, ha dejado claro que una agresión militar estadounidense contra Dinamarca activaría automáticamente el mecanismo de defensa colectiva de la Unión Europea, lo que supondría una crisis existencial sin paralelo para la OTAN.

Kubilius no ha empleado eufemismos al valorar las consecuencias de una hipotética anexión forzada. "Coincido con la primera ministra danesa en que sería el fin de la OTAN", afirmó tajante durante una intervención en Suecia este lunes. Su pronunciamiento refuerza la postura ya expresada por Mette Frederiksen, quien la semana anterior alertó sobre los riesgos catastróficos que tal escenario representaría para la Alianza Atlántica.

Lo más significativo de las palabras del comisario lituano radica en la invocación explícita del artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea. Esta disposición, conocida como la "cláusula de asistencia mutua", obliga a todos los estados miembros a prestar ayuda y asistencia por todos los medios a su alcance si otro país de la UE sufre una agresión armada en su territorio. "Dependerá en gran medida de Dinamarca, de cómo reaccione y cuál sea su posición, pero sin duda existe esa obligación de los estados miembros de prestar asistencia mutua si otro estado miembro se enfrenta a una agresión militar", subrayó Kubilius.

Esta advertencia directa desde las instituciones comunitarias introduce una dimensión legal y política de enorme calado. No se trata solo de una valoración diplomática, sino de la activación de un compromiso vinculante que podría enfrentar a los países europeos contra su aliado transatlántico más poderoso. La paradoja es evidente: la defensa de la integridad territorial de un estado miembro de la UE podría desencadenar un conflicto con el principal socio militar de Europa.

El silencio ensordecedor de la OTAN

Mientras Bruselas dibuja una línea roja clara, la OTAN permanece en una postura de notable cautela. El secretario general del organismo, Mark Rutte, ha optado por una estrategia de evidente contención verbal que contrasta radicalmente con la firmeza comunitaria. En una rueda de prensa celebrada en Zagreb junto al primer ministro croata Andrej Plenkovic, Rutte ha eludido cualquier crítica directa a las intenciones expansionistas del presidente Donald Trump.

En lugar de solidarizarse con Dinamarca, el ex primer ministro neerlandés ha dedicado sus declaraciones a ensalzar la figura del mandatario estadounidense. "Donald Trump está haciendo lo correcto para la OTAN al animarnos a todos a gastar más, a equiparar lo que gasta Estados Unidos", manifestó Rutte cuando se le interrogó sobre la posición de Trump respecto a Groenlandia.

El líder de la Alianza Atlántica ha defendido su postura apelando a resultados concretos. Según sus palabras, la presión ejercida por Trump ha sido fundamental para alcanzar los objetivos de gasto defensivo marcados en la cumbre de La Haya. "Tuvimos una cumbre muy exitosa en La Haya, donde decidimos un gasto en defensa del 5%, incluido un 3,5% estrictamente para defensa. Estoy absolutamente convencido de que, sin Donald Trump, nunca habríamos tenido ese resultado", argumentó.

La cifra del 2% y el legado de Trump

Rutte ha extendido su elogio a la gestión de Trump remontándose a 2014, cuando en la cumbre de Gales se estableció el objetivo de que cada aliado dedicara el 2% de su PIB a defensa. "Ahora tenemos a toda la Alianza en ese famoso 2% que anunciamos en 2014, en Gales. Estoy absolutamente convencido de que, sin Donald Trump, no tendríamos hoy a la Alianza en el 2% ni avanzando ahora hacia el 3,5%, pasos increíbles", aseveró.

El secretario general ha justificado su adhesión a Trump en base a "hechos", no a simpatías personales. "Cuando elogio a alguien, lo hago basándome en hechos, y creo que los hechos están ahí", reiteró, cerrando así cualquier atisbo de distanciamiento con la administración estadounidense.

Esta postura conciliadora de Rutte genera fricciones evidentes con la línea dura de Bruselas. Mientras la Comisión Europea prepara el escenario para una respuesta colectiva en defensa de Dinamarca, la OTAN parece más preocupada por mantener la unidad interna y no antagonizar con su principal contribuyente financiero.

El Ártico como escenario de tensión

Rutte sí ha abordado tangencialmente el tema de Groenlandia al referirse a la estrategia ártica de la alianza. "La OTAN está discutiendo cómo aumentar la protección en el Ártico. Garantizar que, como alianza, hagamos todo de forma colectiva y a través de nuestros aliados individuales para que el Ártico siga siendo seguro, como todos coincidimos en que debe ser una prioridad", explicó.

Estas palabras, sin embargo, no mencionan explícitamente la soberanía danesa sobre la isla, ni ofrecen garantías de apoyo a Copenhague en caso de tensión directa con Washington. La ambigüedad deliberada refleja el dilema estratégico que enfrenta la OTAN: cómo equilibrar la defensa de un aliado con la necesidad de no confrontar abiertamente a la superpotencia que lidera la organización.

Una fractura transatlántica en ciernes

El escenario descrito por Kubilius plantea una paradoja jurídica y política de primer orden. Si Estados Unidos materializara sus amenazas contra Groenlandia, la UE estaría legalmente obligada a defender a Dinamarca, mientras que la OTAN, lejos de activar su artículo 5 de defensa colectiva, podría verse paralizada por el veto implícito de su propio líder.

Esta situación pone de manifiesto la fragilidad de la arquitectura de seguridad europea cuando los intereses de sus socios transatlánticos entran en conflicto con el principio de integridad territorial. La respuesta diferenciada entre Bruselas y la OTAN no es solo una cuestión de estilo diplomático, sino que refleja una divergencia estructural sobre cómo gestionar las presiones unilaterales de Washington.

El futuro de la Alianza, según el propio Kubilius, pasaría por ser testigo de su propia disolución si se consumara la anexión. Mientras tanto, Rutte parece apostar por una estrategia de realpolitik que prioriza la unidad funcional de la OTAN sobre la defensa formal de la soberanía de sus miembros.

En este contexto, Dinamarca se encuentra en una posición particularmente vulnerable. Copenhague debe gestionar no solo las amenazas externas, sino también la tensión interna entre sus obligaciones como estado miembro de la UE y su rol dentro de la OTAN. La reacción final del gobierno danés, como apuntó Kubilius, será determinante para desencadenar o no el mecanismo de defensa europeo.

La geopolítica del siglo XXI está poniendo a prueba la solidez de las alianzas construidas en el siglo pasado. Cuando el comisario lituano habla del "fin de la OTAN", no solo describe una posibilidad teórica, sino que alerta sobre el colapso del orden multilateral que ha regido las relaciones occidentales durante décadas. La paradoja de una Europa defendiendo a un aliado contra otro aliado define la complejidad de una era donde las fronteras entre amigo y adversario se vuelven cada vez más difusas.

Referencias

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