Olga García (Dosrius, 1992) ha dado un giro radical a su vida. Tras una destacada trayectoria en el fútbol femenino nacional, la exjugadora de la selección española decidió colgar las botas en 2024 para dedicarse por completo a su familia. Con más de treinta partidos defendiendo la elástica roja y un palmarés que incluye pasos por clubes como el FC Barcelona, Levante UD, Atlético de Madrid y Logroño, su adiós al fútbol profesional sorprendió a muchos. Sin embargo, para ella fue la decisión más acertada.
La vida de Olga García ha estado ligada al deporte de élite desde su juventud. Su talento le llevó a codearse con las mejores futbolistas del país, conquistando títulos y dejando huella en cada uno de los equipos que defendió. Pero cuando llegó el momento de elegir entre continuar en la élite o priorizar su vida personal, la elección fue clara. La maternidad marcó un antes y un después en su carrera, especialmente tras la llegada de sus hijas, fruto de su relación con la extenista Carla Suárez.
El proceso de retiro no fue improvisado. Durante sus últimos años como futbolista, Olga ya vislumbraba un futuro más allá del terreno de juego. La distancia física y emocional que generaba la profesión deportiva le hizo darse cuenta de lo que estaba perdiendo. "Me he perdido toda la etapa de mis sobrinos", reconoce, y ese sentimiento fue el desencadenante para no repetir la misma historia con sus propias hijas. A los 30 años, cuando muchos deportistas alcanzan su madurez competitiva, ella decidió que ya había cumplido todos sus objetivos profesionales.
La transición hacia la vida civil, lejos de ser un paréntesis, se ha convertido en una etapa de crecimiento personal y profesional. Olga ha sabido reinventarse con una agilidad que demuestra su versatilidad. Su presencia en la Queens League le permite mantener el contacto con el fútbol sin las exigencias de la competición profesional. Entrenar dos o tres días a la semana cerca de su hogar le ofrece el equilibrio perfecto entre su pasión y sus responsabilidades familiares.
Pero el fútbol no es su único campo de acción. El mundo de los videojuegos y el streaming le ha abierto nuevas puertas a través de Dux Gaming, donde combina su experiencia deportiva con el entretenimiento digital. Esta faceta le permite generar ingresos desde casa, adaptando su jornada laboral a las necesidades de sus hijas. La clave está en la flexibilidad, un valor imprescindible para cualquier persona que busque conciliar vida profesional y familiar.
Los medios de comunicación han sido el tercer pilar de su nueva carrera. Su colaboración con la Cadena SER, el programa Gol a Gol y Catalunya Ràdio la han consolidado como comentarista deportiva. Aunque estos compromisos implican horarios nocturnos, encajan perfectamente en su rutina: cuando ella está al aire, sus hijas ya duermen plácidamente. Esta organización minuciosa es el resultado de una planificación exhaustiva que realiza mensualmente con su pareja.
La conciliación, ese concepto que tantas veces suena a utopía, se ha vuelto realidad para Olga gracias a una red de apoyo sólida. La proximidad geográfica de sus padres, a solo siete minutos de distancia, y la disponibilidad de la familia de Carla, que viaja desde Las Palmas cuando es necesario, conforman un sistema de cuidados que hace todo posible. "Ahora es mucho más fácil porque las niñas ya tienen 3 años", admite, aunque reconoce que la etapa inicial fue especialmente compleja.
La comparación con su pareja resulta inevitable. Carla Suárez, extenista profesional y capitana de la Copa Federación, combina su trabajo con Eurosport en los Grand Slams con la maternidad. Ambas saben que cuando los viajes se superponen, el tiempo con las niñas se reduce drásticamente. Por eso, la planificación conjunta se ha convertido en su mejor aliada. Bloquear semanas, anticipar desplazamientos y reorganizar agendas son tareas constantes en su día a día.
El mensaje de Olga García es claro y contundente: no echa de menos el fútbol profesional. La decisión de retirarse no la lamenta ni un instante. Todo lo contrario, cada día que pasa confirma que fue la mejor elección. El miedo a perderse momentos irrepetibles con sus hijas pesó más que cualquier título o reconocimiento deportivo. Su historia desafía el cliché del deportista que no encuentra su lugar tras la retirada, demostrando que es posible encontrar satisfacción profesional fuera de las líneas del campo.
La exfutbolista ha trabajado activamente para construir este nuevo presente. Nada ha sido fruto de la casualidad. Desde su etapa activa ya tejía redes profesionales y exploraba alternativas laborales que le permitieran estar presente en la vida de sus hijas. Esa visión a largo plazo es la que ahora le permite disfrutar de una vida plena, sin renunciar a sus pasiones ni a su familia.
Su experiencia sirve de ejemplo para muchas deportistas que se enfrentan a la maternidad en plena carrera. Olga demuestra que no hay una única receta, pero que la planificación y el apoyo familiar son ingredientes esenciales. La sociedad deportiva aún tiene mucho que avanzar en políticas de conciliación, pero casos como el suyo ilustran que el cambio también puede venir de decisiones individuales valientes.
Hoy, Olga García vive una segunda vida profesional intensa y gratificante. Comentarista, streamer, jugadora amateur y, sobre todo, madre presente. Su historia no es una renuncia, es una evolución. Una muestra de que el éxito no se mide únicamente en trofeos, sino también en la capacidad de construir la vida que uno realmente desea. El fútbol le dio todo lo que esperaba, y ella supo cuándo era el momento de devolverle el favor y decir adiós.