La Oreja de Van Gogh se reestructura: adiós a Leire y Pablo

El regreso de Amaia Montero desencadena una reorganización total de la banda que deja fuera a sus dos últimos vocalistas y pone en entredicho la naturaleza de las salidas

El último día de 2024 marcó un punto de inflexión en la historia de una de las formaciones más emblemáticas del pop español. La Oreja de Van Gogh estrenó nueva canción, un lanzamiento que no solo representaba su primera producción tras el regreso de Amaia Montero, sino que también confirmaba una transformación radical en su estructura artística y empresarial. Este retorno de la vocalista original, quien abandonó el grupo en 2007 en el cenit de su popularidad, ha desatado una reconfiguración que afecta a los miembros más veteranos.

Durante casi dos décadas, la banda mantuvo su actividad con Leire Martínez como voz principal, una etapa que muchos consideraban consolidada y exitosa. Desde 2007 hasta 2024, Martínez no solo ocupó el vacío dejado por Montero, sino que también se convirtió en la identidad sonora de la formación para una nueva generación de seguidores. Con siete discos de estudio grabados durante este período y una agenda de conciertos ininterrumpida, la segunda etapa de La Oreja de Van Gogh demostró una capacidad de supervivencia poco común en el panorama musical nacional.

Sin embargo, el anuncio del regreso de Amaia Montero puso fin abrupto a esta etapa. La decisión dejaba a Leire Martínez fuera del proyecto, sin participación en la nueva etapa que se avecinaba. Esta salida, justificada desde el entorno del grupo como una necesidad de retornar a las raíces originales, generó debate entre los aficionados. ¿Realmente era necesario prescindir de una vocalista que había mantenido viva la banda durante 17 años? La respuesta, al menos desde la perspectiva empresarial, parece haber sido contundente.

La reorganización no se limitó únicamente a la voz principal. Pablo Benegas, guitarrista fundador y cerebro compositivo desde los inicios, también quedó al margen de los planes futuros. Inicialmente, su ausencia en la gira se presentó como una decisión personal, una pausa temporal sin ruptura formal con el resto de miembros. Sin embargo, información reciente sobre los movimientos corporativos de la marca sugiere que su marcha podría no haber sido tan voluntaria como se apuntó en un principio.

Desde sus orígenes en San Sebastián, La Oreja de Van Gogh ha operado no solo como un conjunto musical, sino como una entidad empresarial consolidada. Los cinco miembros fundadores, incluida Amaia Montero, establecieron una sociedad de responsabilidad limitada que gestiona todos los aspectos comerciales de la marca. Esta estructura, que mantiene vigente su objeto social de creación, edición, publicación y explotación de contenido musical y audiovisual, ha permitido a la banda mantener el control sobre sus derechos e ingresos.

Los últimos informes financieros depositados, correspondientes al ejercicio 2024, revelan una empresa saneada con un activo total de 2,9 millones de euros. Esta cifra confirma que La Oreja de Van Gogh no es solo un nombre con peso artístico, sino una marca con solidez económica y capacidad de generar ingresos significativos más allá de su actividad discográfica reciente. La gestión de estos activos, sin embargo, parece haber sido un factor determinante en las recientes decisiones de plantilla.

La naturaleza dual de la banda -artística y empresarial- explica en parte por qué las salidas no se han gestionado como simples cambios de formación. Cuando Amaia Montero regresó, no lo hizo solo como vocalista, sino como parte integrante de una estructura societaria que había continuado funcionando durante su ausencia. Esta circunstancia creó un escenario complejo donde los intereses comerciales y los vínculos personales chocaban con las nuevas realidades artísticas.

La salida de Pablo Benegas resulta especialmente significativa en este contexto. Como compositor de gran parte del repertorio más emblemático del grupo, su ausencia afecta no solo a la identidad sonora, sino también a la gestión de derechos de autor y la dirección creativa futura. Si bien inicialmente se habló de una pausa temporal, los movimientos en el accionariado y la toma de decisiones empresariales indican una separación más definitiva.

Para los seguidores, estas transformaciones plantean interrogantes sobre la autenticidad de la marca. ¿Puede seguir llamándose La Oreja de Van Gogh una formación que ha perdido a dos de sus vocalistas más representativas y a un miembro fundador? La respuesta legal es sí, dado que la sociedad limitada y la marca registrada continúan vigentes. Pero la respuesta artística y emocional es más compleja.

El panorama actual deja a La Oreja de Van Gogh en una posición paradójica. Por un lado, recupera la voz que le dio fama internacional con hits como "La Playa" o "Puedes Contar Conmigo". Por otro, pierde la continuidad y estabilidad que Leire Martínez representaba, además de la creatividad de Pablo Benegas. El resultado es una formación que, aunque mantiene su nombre histórico, ha cambiado sustancialmente su ADN.

La industria musical española observa este caso como un ejemplo de cómo las bandas con trayectoria consolidada deben equilibrar legado artístico con viabilidad empresarial. La decisión de priorizar el retorno de Amaia Montero sobre la continuidad de la formación establecida refleja una apuesta comercial por la nostalgia y el reconocimiento de marca, aunque con el coste de perder talento experimentado.

A corto plazo, la gira de 2025 y el nuevo material discográfico determinarán si esta reestructura fue acertada. Los conciertos ya programados y la expectación generada por el retorno de Montero garantizan un éxito inicial, pero la sostenibilidad a largo plazo dependerá de la capacidad de la banda para reconectar con su público original sin alienar a los seguidores de la etapa de Leire Martínez.

Mientras tanto, tanto Leire Martínez como Pablo Benegas afrontan nuevos capítulos profesionales. Martínez, con una carrera en solitario que ya había iniciado paralelamente a su etapa en la banda, cuenta con el respaldo de una base de fans que valora su contribución. Benegas, por su parte, mantiene su prestigio como compositor y músico de sesión, aunque su vinculación con los éxitos pasados de La Oreja de Van Gogh queda ahora en un terreno contractual más complejo.

La lección que emerge de esta situación es clara: en la música contemporánea, las decisiones artísticas no pueden separarse de las implicaciones empresariales. La Oreja de Van Gogh demuestra que una marca musical exitosa es, ante todo, un activo que requiere gestión estratégica. El precio de esta gestión, en este caso, ha sido la salida de talentos que mantuvieron viva la llama durante años.

El futuro inmediato de la banda se presenta con incógnitas. Amaia Montero recupera su puesto al frente de una formación que, aunque mantiene el nombre, ha perdido piezas fundamentales de su maquinaria creativa. La sociedad limitada seguirá generando ingresos y gestionando derechos, pero la esencia artística que la hizo grande tendrá que demostrar que puede resurgir de estas cenizas corporativas.

Referencias

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