El Arsenal consiguió una valiosa victoria por 2-1 ante el Portsmouth en la tercera ronda de la FA Cup, en un encuentro que resultó mucho más complicado de lo esperado para los gunners. Gabriel Martinelli emergió como la figura indiscutible del partido al anotar los dos goles del conjunto londinense, ambos provenientes de saques de esquina, demostrando una vez más la eficacia letal del equipo en las jugadas a balón parado.
Desde el pitido inicial, el Portsmouth salió con una intensidad sorprendente que desconcertó al Arsenal. El conjunto de la League One implementó una presión muy adelantada y bien estructurada que dificultó enormemente la salida de balón de los visitantes. Los hombres de Mikel Arteta parecieron sorprendidos por el ritmo y la entrega de su rival, y durante los primeros quince minutos no parecieron el equipo de Premier League que son. La falta de movimiento de los jugadores del Arsenal era evidente y eso no le gustaba nada a su entrenador, que desde la banda intentaba corregir las posiciones con gestos cada vez más exagerados.
La presión del Pompey dio sus frutos temprano. En una jugada de ataque rápido, Harvey Blair recibió el balón en la frontal del área, recortó hábilmente hacia el interior y lanzó un potente disparo raso que obligó a Kepa Arrizabalaga a lucirse con una intervención de gran nivel. El rechace cayó a los pies de Colby Bishop, quien remató de primeras, pero el balón se perdió por muy poco, besando el poste derecho de la meta defendida por el español.
Sin embargo, la insistencia del equipo local no tardó en materializarse en gol. En una jugada de contraataque rápido y bien orquestada, el Portsmouth adelantó en el marcador, dejando al Arsenal en una situación incómoda y revelando las carencias defensivas de los gunners en las transiciones. El gol local dejó a los de Arteta en estado de shock, y durante varios minutos el juego de los visitantes careció de la fluidez y claridad que caracteriza su estilo.
La reacción del Arsenal llegó de la mano de su especialista en balones parados, Nicolás Jover. En una jugada de córner ejecutada con la precisión de un cirujano, el balón llegó al corazón del área pequeña donde, tras un ligero desvío, Christian Nørgaard apareció para empujar el esférico al fondo de la red y establecer el empate a uno. Este gol, aunque no cambió por completo el dominio del partido, sí dio algo de tranquilidad a un Arsenal que hasta ese momento parecía perdido en el terreno de juego. La pizarra de Jover empezaba a demostrar su valor.
Gabriel Martinelli, consciente de la necesidad de su equipo de dar un paso adelante, comenzó a activarse. En una jugada por la banda izquierda, recibió un pase filtrado de Merino y, tras recortar a su marcador, disparó cruzado con intención de colocar el balón en el palo derecho, pero el esférico se perdió por muy poco, besando el lateral de la red. Era una señal de que el Arsenal empezaba a despertar de su letargo inicial y que las individualidades podían hacer la diferencia cuando el sistema no funcionaba correctamente.
La primera mitad también dejó una imagen preocupante con la lesión de Harvey Blair. El joven atacante del Portsmouth se tiró al suelo en una acción sin contacto, agarrándose el muslo derecho. Los servicios médicos entraron al campo rápidamente y, tras varios minutos de asistencia, quedó claro que no podría continuar. Su sustitución por Umeh-Chibueze representó un duro golpe para el equipo local, que perdía a uno de sus jugadores más activos en la primera línea de presión. La lesión de Blair mermó significativamente las opciones ofensivas del Portsmouth.
Tras el paso por los vestuarios, Mikel Arteta realizó ajustes tácticos significativos. La disposición del Arsenal cambió notablemente, con Merino asumiendo un rol más profundo, colocándose entre los centrales para iniciar el juego desde atrás, una función muy similar a la que desempeña Martin Zubimendi en la Real Sociedad. Por su parte, Norgaard actuó como escudero, manteniendo una posición cercana al español para ofrecle opción de pase y asegurar la salida de balón. Esta variante táctica dio más fluidez al juego de los visitantes y les permitió superar la presión del rival con mayor facilidad.
La insistencia del Arsenal tuvo su recompensa en el minuto 58. En un nuevo saque de esquina, la estrategia de Jover volvió a funcionar a la perfección. El balón, lanzado con efecto hacia el primer palo, encontró a Martinelli en carrera, quien se anticipó a su marcador y remató con contundencia, batió al portero local y estableció el 1-2. El brasileño culminaba así la remontada de su equipo y demostraba la importancia de las individualidades cuando el colectivo no funciona al cien por cien. La pizarra de Nicolás Jover se consolidaba como un arma letal en el arsenal de Mikel Arteta.
El partido, sin embargo, aún tenía más emoción por ofrecer. En una contraataque rápido, Martinelli se quedó solo ante el portero, con todo a su favor para sentenciar el encuentro. Sin embargo, de forma incomprensible, el brasileño mandó el balón al palo con la portería prácticamente vacía. Mikel Arteta, desde la banda, se echó las manos a la cabeza, consciente de que su equipo estaba desaprovechando oportunidades de oro para cerrar el duelo. Este fallo casi le costó caro a los suyos, ya que el Portsmouth seguía creyendo en la remontada.
El conjunto local no se rindió y buscó el empate con ahínco. En una jugada polémica dentro del área del Arsenal, el árbitro señaló un penalti a favor del conjunto visitante, decisión que generó protestas airadas entre los jugadores y aficionados del Portsmouth. Noni Madueke se encargó de ejecutar la pena máxima, pero su lanzamiento, aunque potente, fue detenido por Kepa, que adivinó la intención del tirador. El rechace fue aprovechado por el Arsenal para intentar una contra, pero sin éxito. Este fallo desde los once metros fue un golpe anímico importante para el conjunto local.
Los minutos finales fueron un verdadero calvario para los gunners. El Portsmouth arriesgó todo, subiendo a sus defensas al ataque y bombardeando el área de Kepa con centros y disparos lejanos. El Arsenal, por su parte, se replegó en defensa, mostrando una faceta de equipo sufridor, capaz de aguantar las embestidas de un rival que no bajó los brazos hasta el pitido final. La defensa de los visitantes, liderada por Saliba y Gabriel, se mostró sólida y bien organizada, despejando cada balón que llegaba a su zona.
El encuentro finalizó con la victoria del Arsenal, que se clasifica para la siguiente ronda de la FA Cup. A pesar de no mostrar su mejor versión, los gunners demostraron que tienen recursos para solventar partidos complicados. La efectividad en los balones parados, las individualidades de jugadores como Martinelli y la capacidad de sufrimiento fueron las claves de este triunfo. El equipo londinense sigue vivo en una competición que le permite rotar y dar minutos a diferentes jugadores sin renunciar a los objetivos de la temporada.
Para el Portsmouth, la eliminación es dura, pero el equipo dejó una buena impresión con su juego valiente y su presión constante. La lesión de Blair fue un contratiempo importante que mermó sus opciones ofensivas, pero su actitud durante gran parte del encuentro fue encomiable. El conjunto local demostró que puede competir contra los grandes de la Premier League y que su categoría no refleja su verdadero potencial cuando juega con intensidad y orden táctico.
En definitiva, un partido vibrante que cumplió con el espíritu de la FA Cup, con un equipo de menor categoría plantando cara a un gigante de la Premier League, y con un desenlace que se decidió por pequeños detalles y la calidad individual de los visitantes. La competición del fútbol inglés vuelve a demostrar por qué es una de las más seguidas del mundo, con emoción hasta el último segundo y con historias de superación y drama en cada eliminatoria. El Arsenal avanza, pero no sin antes recibir una seria advertencia sobre los peligros que entraña esta competición cuando se subestima al rival.