La localidad barcelonesa de Sentmenat ha sido escenario este viernes de una tensa confrontación entre unos 400 manifestantes antifascistas y los Mossos d'Esquadra, que ha dejado como saldo cuatro agentes policiales lesionados. El motivo: la inauguración de una nueva sede del grupo de extrema derecha Núcleo Nacional en un polígono industrial de esta población del Vallès Occidental, a escasos 30 kilómetros de la capital catalana.
La convocatoria, promovida por diversos colectivos de la izquierda independentista y organizaciones antifascistas, tenía su origen en Barcelona, donde inicialmente se había anunciado la concentración. Sin embargo, la noticia de que la ubicación definitiva del acto sería Sentmenat, concretamente en una nave apartada del centro urbano, provocó que cientos de activistas se desplazaran hasta esta localidad para mostrar su rechazo a la presencia de esta organización neonazi en territorio catalán.
Entre los convocantes destacaban colectivos como Arran, la rama juvenil de la CUP, y el Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans, que a través de redes sociales habían movilizado a sus bases contra lo que consideran una amenaza directa para la convivencia democrática y los valores de tolerancia de la sociedad catalana. La respuesta fue masiva y rápida, con manifestantes llegando a Sentmenat en cuestión de minutos tras conocerse la ubicación exacta del evento, gracias a una red de información entre activistas que monitorizan la actividad de grupos de extrema derecha.
El dispositivo policial desplegado por los Mossos d'Esquadra era considerable pero inicialmente discreto. Varias furgonetas de la brigada móvil permanecían ocultas hasta la llegada de los grupos de protesta, momento en el que se estableció un amplio cordón de seguridad para separar a los manifestantes de la nave industrial donde se celebraba el acto de inauguración. Fuentes oficiales de la policía catalana han justificado esta presencia recordando que no pueden prohibir preventivamente la apertura de un local o la celebración de una reunión, aunque sí se comprometen a intervenir si se producen discursos xenófobos o racistas que inciten al odio.
La tensión se palpaba en el ambiente desde el primer momento. Los cerca de 400 antifascistas, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 25 años, se acercaron hasta a pocos metros del local de Núcleo Nacional, coreando consignas como "Aquí están los antifascistas" y "Ni un paso atrás". Algunos asistentes al acto de la ultraderecha salieron al exterior para observar la protesta, lo que incrementó la crispación y creó momentos de máxima tensión a las puertas de la nave, con intercambios verbales que no llegaron a mayores gracias a la presencia policial.
El punto de inflexión llegó cuando un grupo de manifestantes comenzó a desplazar contenedores de basura del polígono hacia la línea policial, mientras otros lanzaban bengalas y objetos contundentes. Según las fuentes consultadas, las acciones incluyeron el lanzamiento de piedras y palos contra los agentes, además de petardos y otros artefactos pirotécnicos, lo que provocó la respuesta inmediata de los antidisturbios que formaban el cordón de seguridad.
Las cargas policiales fueron contundentes y buscaban dispersar a los concentrados y alejarlos del perímetro de la nave industrial. El enfrentamiento, aunque breve en duración, fue intenso y ha dejado un balance de cuatro mossos heridos, aunque sin heridas de gravedad según el parte médico inicial. Curiosamente, y a diferencia de otros episodios similares en Barcelona o Valencia, no se han producido detenciones en el momento de los hechos, aunque la investigación continúa abierta y no se descartan identificaciones posteriores a través de las cámaras de seguridad del polígono.
El grupo Núcleo Nacional había anunciado su llegada a Cataluña con un vídeo promocional grabado en la icónica plaza de España de Barcelona, donde aseguraban "disfrutar mucho viendo enfurecer a rojos, progres e indepes". Esta provocación deliberada no pasó desapercibida para los movimientos sociales catalanes, que interpretaron el mensaje como una declaración de guerra ideológica y una provocación directa a las bases de la sociedad catalana.
La estrategia de mantener en secreto la ubicación exacta hasta última hora es una táctica habitual de este tipo de organizaciones para evitar contraprotestas masivas y garantizar la celebración de sus actos. Sin embargo, la capacidad de respuesta y movilización de los colectivos antifascistas consiguió desarticular parcialmente este plan, logrando concentrar a cientos de personas en tiempo récord gracias a las redes de comunicación instantánea que utilizan estas organizaciones.
El municipio de Sentmenat, con algo más de 8.000 habitantes, no está acostumbrado a este tipo de incidentes que sacuden las grandes ciudades. La elección de un polígono industrial alejado del centro urbano respondía precisamente al deseo de pasar desapercibidos, pero la cobertura en redes sociales y la rápida movilización lo convirtieron en un foco de atención mediática y política a nivel autonómico.
Desde el ayuntamiento, el consistorio ha mostrado su preocupación por los hechos y ha reiterado su compromiso con la convivencia pacífica y el rechazo a cualquier tipo de discriminación o violencia. La presencia de una organización neonazi en su término municipal genera inquietud entre la población local, que teme posibles repercusiones en la tranquilidad de la comunidad y la imagen del pueblo.
El incidente de Sentmenat se enmarca en una tendencia creciente de actividad de grupos de extrema derecha en Cataluña, que han intensificado su presencia en los últimos meses, aprovechando la coyuntura política y social postpandemia. Las contraprotestas antifascistas han respondido con igual firmeza, creando un ciclo de tensiones que las autoridades locales y autonómicas intentan gestionar con equilibrio y sin ceder a la escalada violenta.
Expertos en movimientos sociales apuntan que la clave está en la prevención comunitaria y el diálogo intercultural, aunque reconocen la dificultad de convivir con organizaciones cuya ideología niega los derechos fundamentales de parte de la población. La legislación española permite la existencia de partidos y asociaciones de ideología extrema siempre que no inciten directamente a la violencia, lo que crea un terreno jurídico complejo para su regulación y posible ilegalización.
La protesta de Sentmenat ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la presencia de grupos neonazis en territorio catalán y la respuesta social y policial que estos provocan. Mientras los colectivos antifascistas consideran imprescindible la movilización ciudadana para frenar su expansión y visibilizar el rechazo social, las autoridades buscan fórmulas que garanticen el derecho de reunión sin comprometer la seguridad pública ni la paz ciudadana.
El episodio concluyó con la dispersión de los manifestantes y la celebración del acto de Núcleo Nacional pese a la protesta, aunque la imagen de un grupo de extrema derecha instalándose en Cataluña no ha pasado desapercibida en el panorama político. La herida en el brazo de la democracia, simbolizada por los cuatro agentes lesionados, es un recordatorio doloroso de los costes de la confrontación ideológica en las calles y la necesidad de encontrar respuestas democráticas a las amenazas antidemocráticas.
La presencia de Núcleo Nacional en Cataluña no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de expansión de la ultraderecha española que busca afianzar su presencia en territorios donde tradicionalmente ha tenido menor arraigo. La respuesta de la sociedad civil organizada ha sido contundente, demostrando que no hay espacio para la impunidad ni el silencio cómplice ante las amenazas fascistas.