Crisis en Navarra: Chivite cesa a su vicepresidente

María Chivite remodela su Ejecutivo en plena crisis por el caso Cerdán y cesa a Félix Taberna, su mano derecha

La presidenta de Navarra, María Chivite, ha iniciado el año 2026 con una decisión política de gran envergadura: una profunda remodelación de su Ejecutivo que afecta directamente a las figuras más representativas del socialismo en el Gobierno foral. Fuentes políticas han confirmado que el vicepresidente primero del gabinete, Félix Taberna, y la portavoz del Ejecutivo, Amparo López Antelo, dejarían sus respectivos cargos en las próximas horas.

La salida de Taberna resulta especialmente significativa por el vínculo personal y político que mantenía con la mandataria. Originario de Marcilla y nacido en 1961, Taberna había sido el asesor político más cercano a Chivite durante la legislatura anterior, y su salto al Ejecutivo como vicepresidente y consejero de Presidencia e Igualdad respondía directamente a la voluntad expresa de la presidenta. Hace apenas dos años, Chivite le aupó personalmente a esta vicepresidencia, convirtiéndose en su consejero político más influyente dentro del Gobierno. Ahora, de forma inesperada, decide prescindir de sus servicios a mitad de la legislatura.

El malestar del vicepresidente era un secreto a voces en los corrillos políticos de Iruña. Desde que estalló el caso Cerdán el pasado mes de junio, Taberna se mostraba visiblemente incómodo en el seno del Ejecutivo. Los medios de comunicación y los analistas políticos especulaban durante semanas con la posibilidad de que presentara su dimisión por propia voluntad. Sin embargo, las quinielas han fallado. La presidenta ha optado por adelantarse y ejecutar un cese fulminante, demostrando que mantiene el control absoluto de las decisiones en su gabinete.

Junto a Taberna, también dejaría el Gobierno López Antelo, natural de San Sebastián y nacida en 1971, quien hasta ahora ejercía como portavoz del Ejecutivo y consejera de Interior, Función Pública y Justicia. Su salida, aunque también relevante, no tiene el mismo peso simbólico que la del vicepresidente, pero refuerza la idea de que Chivite está llevando a cabo un golpe quirúrgico en el núcleo duro de su equipo de gobierno.

Esta no es la primera vez que la presidenta modifica la composición de su gabinete desde que fue reelegida en agosto de 2023. El primer cambio se produjo en diciembre de ese mismo año, cuando el consejero de Universidad, Innovación y Transformación Digital, Juan Cruz Cigudosa, fue llamado a desempeñar el cargo de secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades en el Gobierno central de Pedro Sánchez. Su puesto fue ocupado por la exparlamentaria socialista y médico de profesión, Patricia Fanlo Mateo.

El segundo movimiento tuvo lugar el 23 de enero de 2025, cuando Chivite cesó de manera fulminante a Fanlo y nombró a Juan Luis García Martín como nuevo consejero de Universidad e Innovación. Con esta tercera remodelación en enero de 2026, la presidenta demuestra que no duda en tomar decisiones drásticas cuando lo considera necesario, aunque reste menos de año y medio para la conclusión natural de la legislatura.

El contexto que explica esta decisión radical no puede entenderse sin el caso Cerdán, que ha marcado la agenda política navarra desde el pasado verano. La presidenta atraviesa sin duda su etapa más complicada desde que estalló el escándalo en junio, con las continuas revelaciones sobre la presunta participación en la trama corrupta de Santos Cerdán, quien fuera su amigo personal y persona de máxima confianza durante años.

La presión sobre Chivite se intensificó cuando tuvo que prescindir del que había sido su brazo derecho en el PSN, el vicesecretario general y portavoz del partido en el Parlamento, Ramón Alzórriz. Este dimitió tras hacer público que su pareja había trabajado en Servinabar, una de las empresas investigadas en la trama corrupta y en la que, según documentos policiales, Cerdán habría mantenido una participación del 45%.

La remodelación de enero de 2026, por tanto, no es un capricho organizativo, sino una respuesta directa a la mayor crisis política que ha afrontado María Chivite en su trayectoria al frente del Gobierno foral. La presidenta intenta reconducir la situación con un golpe de timón que demuestra su capacidad de reacción, pero también pone de manifiesto la gravedad de los problemas internos que atraviesa su administración.

Con menos de dieciocho meses por delante hasta el final de la legislatura, los cambios en el equipo de gobierno generan incertidumbre sobre la estabilidad de la coalición y la capacidad de Chivite para mantener el control de la agenda política. La oposición ya ha anunciado que pedirá explicaciones en el Parlamento, mientras que dentro del PSN crecen las voces que demandan una renovación profunda de los equipos técnicos y políticos.

La salida de Taberna, en particular, deja un vacío difícil de llenar. Su experiencia como asesor y su conocimiento del entramado institucional eran activos valiosos para la presidenta. Quien ocupe su lugar deberá no solo demostrar lealtad absoluta a Chivite, sino también una capacidad de gestión impecable en un momento de máxima tensión política.

Para López Antelo, su paso por el Gobierno termina después de años al frente de carteras tan sensibles como Interior y Justicia. Su gestión había recibido críticas por la falta de comunicación en momentos clave, aunque también reconocimientos por la modernización de algunos procesos administrativos.

La presidenta ha convocado a los medios de comunicación para este jueves 9 de enero, donde se espera que oficialice los cambios y explique los motivos de esta remodelación. La comparecencia será seguida con lupa por analistas y ciudadanos, que esperan respuestas contundentes sobre el futuro del Gobierno y las medidas que se adoptarán para superar la crisis institucional generada por el caso Cerdán.

Mientras tanto, los nombres de los posibles sustitutos ya circulan por los pasillos del Palacio de Navarra. En el área de Presidencia e Igualdad se barajan varios perfiles técnicos del PSN, mientras que para la portavocía se especula con la posibilidad de que la propia presidenta asuma temporalmente esta función hasta encontrar a la persona adecuada.

Lo que está claro es que María Chivite ha decidido tomar las riendas de la situación con mano firme. La remodelación de enero de 2026 será recordada como uno de los momentos más críticos de su mandato, un punto de inflexión que marcará el devenir de la política navarra en los próximos meses. La presidenta apuesta por el control absoluto de su gabinete, pero el éxito de esta estrategia dependerá de su capacidad para restaurar la confianza ciudadana y mantener la cohesión interna de su formación política.

Referencias

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