La trayectoria profesional de Pelayo Gayol representa un cambio de paradigma en la cultura de los cuerpos de élite españoles. Durante décadas, este inspector de la Policía Nacional se formó y actuó bajo el máximo secretismo, siguiendo el principio inherente a los años de plomo del terrorismo: que nadie conociera su identidad ni las operaciones que ejecutaba. Sin embargo, el documental G.E.O., más allá del límite alteró radicalmente su perfil, transformándolo de agente anónimo en referente público de la unidad especializada más prestigiosa de España.
Ahora, Gayol afronta una nueva etapa profesional que le ha obligado a revisar sus propios fundamentos. Su trabajo reciente en Colombia contra el narcotráfico ha supuesto no solo un desafío operativo, sino también una reflexión sobre la necesidad de visibilizar la labor de estas unidades. En una reciente entrevista con David Broncano en el programa La Revuelta, el inspector ha defendido con rotundidad esta nueva apertura: considera que compensa "pagar el peaje de que se vea mi careto" si con ello la ciudadanía comprende mejor dónde se invierten los recursos públicos y la preparación constante de estos profesionales.
La perspectiva de Gayol sobre el crimen organizado resulta especialmente crítica con las representaciones cinematográficas habituales. El inspector cuestiona la glamourización de los delincuentes que propone Hollywood, donde los criminales aparecen como genios sofisticados que escuchan música clásica mientras planean sus fechorías. La realidad, según su experiencia directa, es bien distinta: "la mayoría son unos mataos". Esta visión desmitificadora busca desmontar la fascinación que cierta cultura popular ha creado en torno a figuras delictivas, restándoles el aura romántica que a menudo se les atribuye.
Durante la conversación con Broncano, el tema económico surgió con la habitual franqueza del programa. Gayol dejó claro que quien aspire a "hacerse millonario" escogiendo la función pública "está equivocado". No obstante, muestra una satisfacción plena con su trayectoria: la profesión le ha proporcionado "una forma de vida" y recursos "suficientes para mantener a mi familia". Esta declaración refuerza el perfil de funcionario vocacional, alejado de especulaciones sobre beneficios indebidos.
La entrevista también abordó cuestiones personales con el característico humor del programa. Ante la inevitable pregunta sobre su vida íntima, Gayol respondió con una reflexión que revela su forma de pensar: "¿Quién lleva la cuenta de eso? Cuidado con la gente que conteste un número concreto, porque está cucú". La frase, lejos de ser una simple boutade, expone su desconfianza hacia quienes cuantifican excesivamente aspectos humanos que escapan a lo meramente numérico.
El proceso de apertura al documental no fue inmediato. Inicialmente, existían reticencias naturales en mostrar al público las pruebas de selección y preparación del GEO. El propio Gayol reconoce que "no estamos acostumbrados a que se hable de ello". No obstante, el resultado final le ha convencido de los beneficios. El documental ha permitido que la población vea con transparencia el destino de sus impuestos y la preparación constante de estos agentes, disponibles "día y noche para lo que haga falta".
La dureza de los entrenamientos, lejos de ser gratuita, responde a escenarios reales. Gayol ilustró este punto con un ejemplo contundente: la prueba de resistencia en agua helada durante media hora en plena noche invernal no es "un puteo gratuito". Tiene una aplicación táctica directa, como demostró en la operación de captura del violador de Ciudad Lineal, donde el equipo mantuvo una espera prolongada en un contenedor metálico durante las altas temperaturas de finales de agosto. Esta analogía entre entrenamiento extremo y aplicación práctica desmonta cualquier duda sobre la utilidad de tales métodos.
El inspector insiste en que el componente físico, aunque evidente, no es el factor determinante. Lo que realmente se valora es el aguante psicológico y la estabilidad emocional, considerados "fundamentales" para la profesión. Esta afirmación abre la puerta a un tema crucial: la salud mental en cuerpos de alta exigencia.
Gayol considera que, de forma generalizada, "no se da la importancia suficiente a la salud mental" en las profesiones de alto riesgo. Afortunadamente, el Cuerpo Nacional de Policía dispone de servicios de apoyo psicológico para sus agentes. En el caso concreto del GEO, existe una red de apoyo interna especialmente efectiva. Los compañeros se conocen tan profundamente que no necesitan "preguntas chorra" para detectar cuando uno de ellos atraviesa una crisis. Esta cohesión grupal funciona como sistema de alerta temprana, fundamental en una profesión donde el estrés postraumático y la tensión constante son inherentes al trabajo.
La carrera de Pelayo Gayol simboliza la evolución necesaria de las fuerzas de seguridad en democracia. El equilibrio entre eficacia operativa y transparencia pública resulta esencial para mantener la confianza ciudadana. Su disposición a mostrar la cara, a explicar los métodos y a humanizar la figura del agente especializado contribuye a cerrar la brecha entre instituciones y sociedad.
La experiencia en Colombia ha marcado un punto de inflexión en su percepción sobre la necesidad de comunicar la labor policial. En un contexto donde el crimen organizado globaliza sus redes, la respuesta institucional requiere no solo capacidad de acción, sino también de explicación. Que la ciudadanía comprenda los retos, los riesgos y los métodos justifica, en opinión de Gayol, el sacrificio del anonimato.
Finalmente, su testimonio sirve como llamada de atención sobre la humanización de los cuerpos de élite. Detrás del uniforme, las armas y las operaciones cinematográficas hay personas que requieren apoyo emocional, formación continua y condiciones dignas. La visibilidad, lejos de debilitarles, fortalece el contrato social que sustenta su trabajo. La lección que aprendió en los años de plomo no la ha olvidado, pero ha sabido adaptarla a una nueva realidad donde la transparencia se convierte en la mejor herramienta de seguridad democrática.