Estíbaliz Sanz revela su lucha contra la esquizofrenia: 'Las voces me insultan'

La exmodelo de los 90, conocida por su relación con Pocholo, pide ayuda económica mientras recibe tratamiento en Extremadura

La exmodelo Estíbaliz Sanz, figura controvertida de la década de los noventa y expareja de José María Martínez-Bordiú, 'Pocholo', ha roto su silencio para compartir una dura realidad que ha cambiado radicalmente su vida: padece esquizofrenia. En una entrevista concedida al programa 'El Tiempo Justo', la extremeña ha descrito con crudeza el calvario que vive desde hace meses, marcado por alucinaciones, voces agresivas y un deterioro cognitivo severo que la obliga a depender de sus padres y del sistema sanitario.

Conocida por sus apariciones en los medios de comunicación durante la década de los noventa y principios de los dos mil, Sanz vivió una juventud bajo los focos que la convirtió en un rostro familiar para el público español. Su relación con José María Martínez-Bordiú, hijo de la duquesa de Franco, la situó en el centro de la cronica social. Sin embargo, lejos de esa vida de glamour y polémica, hoy se enfrenta a una batalla mucho más íntima y devastadora.

Actualmente, Sanz reside en Zafra, su localidad natal en la provincia de Badajoz, donde convive con su familia mientras asiste regularmente a un centro especializado. La enfermedad no solo ha truncado su vida laboral, sino que le ha dejado sin recursos económicos, una situación que la ha llevado a pedir ayuda pública para poder subsistir. La medicación que necesita requiere un control estricto y constante, algo que resulta imposible de mantener sin un soporte financiero estable. Esta circunstancia pone de relieve las lagunas en la protección social para personas con enfermedades crónicas que les impiden desarrollar una actividad laboral.

El punto de inflexión llegó en 2023, cuando una neumonía grave le obligó a ser hospitalizada. Fue entonces cuando su organismo y su mente colapsaron por completo. "No me acuerdo de nada, me tuvieron que atar a la cama. Solo recuerdo que mi hermana estaba muy nerviosa", ha reconocido. Ese episodio marcó el inicio de su primer brote psicótico, un momento que ella misma califica como desconcertante y aterrador. La hospitalización por la infección respiratoria desencadenó una cascada de síntomas psiquiátricos que hasta entonces habían permanecido latentes.

El impacto neurológico fue tan devastador que los profesionales sanitarios no dudaron en establecer paralelismos con patologías degenerativas. "Los psiquiatras me decían que yo era como una persona mayor con alzhéimer. Tenía visiones, voces...", ha explicado. Esta comparación refleja la gravedad del cuadro clínico que experimentó, donde la pérdida de capacidades cognitivas se asemejaba a las manifestaciones de una demencia. El deterioro fue tal que incluso las funciones básicas de memoria y orientación se vieron comprometidas, generando una sensación de despersonalización total.

Los síntomas de la esquizofrenia se manifiestan en Sanz de forma fluctuante. En ocasiones, las alucinaciones auditivas son leves, murmullos que puede gestionar con cierta dificultad. Sin embargo, cuando la crisis se agudiza, se convierten en una tortura incesante. "Los brotes son algo bestial, no se lo deseo ni a mi peor enemigo", ha asegurado. "Hay veces que son murmullos que se pueden sobrellevar. Pero cuando son gritos, las voces fuertes me insultan, me llaman gorda y estúpida... Me dicen que me haga daño". Esta descripción ilustra la naturaleza paranoide y persecutoria de las alucinaciones, que atacan directamente su autoestima y seguridad.

Esta última confesión resulta especialmente impactante. Las voces no solo la denigran, sino que la incitan a la autodestrucción. En los momentos de mayor desesperación, la tentación de hacerles caso ha estado presente. No obstante, existe un ancla emocional que la mantiene firme: su hijo. "Gracias a que me viene mi hijo a la cabeza no me hago daño", ha revelado, mostrando cómo el amor maternal actúa como escudo contra las peores manifestaciones de la enfermedad. Este detalle pone de manifiesto la importancia de los factores protectores emocionales en la evolución de trastornos severos.

La necesidad de un tratamiento adecuado la llevó recientemente a una nueva hospitalización de varios días. El objetivo era claro: encontrar la combinación farmacológica que permitiera estabilizar su estado sin efectos secundarios incapacitantes. El proceso de ajuste de medicación en pacientes con esquizofrenia es complejo y requiere tiempo, ya que cada organismo responde de manera diferente a los antipsicóticos. Según ha indicado, el equipo médico parece haber logrado ese equilibrio tan delicado. "Los murmullos y las visiones las tengo alguna vez, pero ya no es como antes", ha dicho con un dejo de esperanza.

La historia de Estíbaliz Sanz pone de manifiesto la cruda realidad de la enfermedad mental y las dificultades que enfrentan quienes la padecen, especialmente cuando carecen de recursos. Su decisión de hablar abiertamente no solo busca obtener apoyo económico, sino también visibilizar una condición que sigue estigmatizada en la sociedad española. Aunque en los últimos años ha aumentado la concienciación sobre salud mental, los trastornos psicóticos siguen siendo mal comprendidos y temidos.

La esquizofrenia afecta aproximadamente al 1% de la población mundial y se caracteriza por alteraciones en la percepción de la realidad, pensamientos delirantes y alucinaciones. En el caso de Sanz, la enfermedad se ha manifestado de forma tardía, lo que no es infrecuente en mujeres. El diagnóstico precoz y el tratamiento continuado son fundamentales para el pronóstico, pero el acceso a estos servicios no siempre es equitativo. Las listas de espera en salud mental y la falta de recursos especializados en zonas rurales como Zafra complican aún más la situación.

La situación de la exmodelo refleja una brecha en el sistema de protección social. A pesar de su historial como figura pública, Sanz no cuenta con una red de seguridad económica que le permita enfrentar su condición con dignidad. Su llamamiento subraya la precariedad que viven muchos pacientes con enfermedades crónicas cuando no pueden trabajar y dependen exclusivamente de la atención familiar y sanitaria pública. Esta realidad es especialmente dura en España, donde las prestaciones por incapacidad permanente son difíciles de obtener y a menudo insuficientes.

El apoyo familiar ha sido crucial en su caso. Convivir con sus padres en Zafra le proporciona un entorno estable y controlado, lejos de la presión mediática que marcó su juventud. Esta estructura de contención es esencial para pacientes con esquizofrenia, donde el estrés y los cambios bruscos pueden desencadenar brotes agudos. La familia actúa como monitor de síntomas, recordatorio de medicación y, sobre todo, como red afectiva que amortigua el aislamiento social tan común en estos casos.

El testimonio de Sanz también destaca la importancia de la investigación en salud mental y el desarrollo de tratamientos más efectivos. Aunque la medicación actual ha mejorado su calidad de vida, la enfermedad sigue presente. Los murmullos y visiones persisten, aunque en menor intensidad, recordándole que la lucha es diaria y prolongada. Los nuevos antipsicóticos de segunda generación ofrecen mejores perspectivas, pero aún existen efectos secundarios metabólicos y neurológicos que complican la adherencia al tratamiento.

La decisión de compartir su experiencia públicamente es valiente. En un país donde el estigma hacia la enfermedad mental persiste, hablar abiertamente de esquizofrenia, voces suicidas y deterioro cognitivo contribuye a normalizar el debate. Su historia puede servir de inspiración para otras personas en situación similar, mostrando que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de fortaleza. Cada testimonio público ayuda a desmontar mitos y prejuicios que aún rodean a los trastornos psicóticos.

El futuro de Estíbaliz Sanz sigue siendo incierto, pero el control de sus síntomas le abre una ventana a la esperanza. Mientras tanto, su llamamiento resuena como un recordatorio de la necesidad de políticas sociales más inclusivas, que garanticen que ninguna persona con enfermedad mental se quede sin el apoyo que necesita por razones económicas. La visibilidad de casos como el suyo es fundamental para presionar a las administraciones y a la sociedad en su conjunto a tomar conciencia de que la salud mental es un derecho, no un privilegio.

Referencias

Contenido Similar