Muere streamer español en reto online tras consumir seis gramos de cocaína

Sergio Jiménez Ramos, alias 'Sancho', falleció en Vilanova i la Geltrú durante una transmisión en directo por Google Meet

La madrugada del 30 al 31 de diciembre dejó una noticia que ha conmocionado al mundo del streaming español. Sergio Jiménez Ramos, un creador de contenido de 37 años conocido en las plataformas digitales como Sancho o Sssanchopanza, perdió la vida mientras participaba en un reto online transmitido en directo a través de Google Meet desde su domicilio en Vilanova i la Geltrú, Barcelona.

El fallecimiento, que las autoridades están investigando como una posible sobredosis, se ha convertido en el primer caso documentado en España de una persona que muere en plena emisión por llevar a cabo un desafío viral. Según las declaraciones de Simón Pérez, un economista convertido en figura del streaming de retos extremos, Jiménez habría consumido una cantidad mortal de sustancias estupefacientes durante la retransmisión.

"Murió durante un directo en Google Meet, me dijeron que se había metido seis gramos de cocaína en tres horas y una raya de dos gramos", afirmó Pérez en un vídeo difundido en sus redes sociales. Estas cifras, si se confirman, superan con creces los límites de tolerancia del organismo humano y representan una dosis letal incluso para consumidores habituales.

El testimonio de Pérez, quien mantenía una relación de conocidos con el fallecido, arroja luz sobre las peligrosas dinámicas que se generan en el ecosistema de los retos extremos. El propio Pérez reconoció que ambos habían consumido drogas en ocasiones anteriores durante emisiones: "Alguna vez habíamos hecho rayas de un gramo mientras le incitaban a que se metiera otra, yo siempre le decía que esperara, que dos gramos era sobredosis".

Este fenómeno de la mendicidad digital, donde creadores de contenido realizan acciones de alto riesgo a cambio de donaciones económicas de sus espectadores, ha crecido exponencialmente en los últimos años. Simón Pérez, quien perdió su empleo como economista y encontró en esta práctica una fuente de ingresos, se ha convertido en una figura controvertida del sector. Su modelo de negocio se basa en aceptar propuestas cada vez más peligrosas de su audiencia, quienes pagan por ver límites físicos y psicológicos traspasados.

La habitación donde ocurrió el trágico suceso presentaba un escenario desolador. Los agentes de los Mossos d'Esquadra que acudieron al lugar encontraron una botella de whisky prácticamente vacía, dos latas de bebida energética y restos de cocaína. Esta combinación de estimulantes y depresores del sistema nervioso central multiplica el riesgo cardiovascular y neurológico, creando un cóctel potencialmente fatal.

La reacción familiar no se ha hecho esperar. El hermano del fallecido ha anunciado que tomará medidas legales contra aquellos espectadores que incentivaron el consumo mediante donaciones económicas. "Irá a por los espectadores que donaban dinero a través de los movimientos bancarios", advirtió Pérez, quien también reveló que el familiar le había transmitido una seria advertencia: "Parar a tiempo o sino le pasaría lo mismo que a su hermano".

Esta amenaza de acción judicial abre un debate jurídico complejo sobre la responsabilidad de los usuarios que financian contenido de alto riesgo. ¿Hasta qué punto un donante es cómplice de las consecuencias de sus acciones? La legislación española no contempla específicamente este tipo de casos, donde la intermediación tecnológica dificulta la trazabilidad y la atribución de culpabilidad.

La investigación de los Mossos d'Esquadra permanece abierta a la espera de los resultados de la autopsia y los análisis toxicológicos. Los agentes están reconstruyendo la cadena de eventos que condujeron a la muerte, incluyendo la identificación de todos los participantes en la videollamada y el análisis de las transacciones económicas registradas durante la emisión.

Este incidente pone de manifiesto las oscuras consecuencias de la gamificación del sufrimiento en redes sociales. Plataformas que originalmente nacieron para el entretenimiento se han convertido en arenas donde la salud y la vida de los creadores se subastan al mejor postor. El algoritmo, diseñado para maximizar el engagement, premia el contenido más extremo y polarizador, creando un ciclo vicioso de escalada de riesgos.

El caso de Sergio Jiménez no es aislado. A nivel internacional, han existido múltiples incidentes relacionados con retos virales, desde la peligrosa moda de la "balas de sal" hasta juegos de asfixia que han costado vidas adolescentes. Sin embargo, la particularidad de este suceso radica en la transmisión en directo y la monetización explícita del consumo de drogas, elementos que lo convierten en un precedente preocupante.

La comunidad de streamers españoles ha reaccionado con mezcla de estupor y autocritica. Muchos creadores han condenado la práctica de los retos extremos mientras otros señalan la hipocresía de un sistema que premia la visibilidad sin importar el coste humano. La falta de regulación clara por parte de las plataformas dejaa un vacío legal que permite estas prácticas en zonas grises.

Expertos en salud mental y adicciones advierten que este fenómeno explota a personas en situaciones de vulnerabilidad económica y psicológica. La promesa de ingresos rápidos y la presión social de una audiencia en tiempo real pueden empujar a comportamientos autodestructivos que, en ausencia de controles, terminan en tragedias como esta.

La muerte de Sergio Jiménez Ramos debería servir como punto de inflexión para una reflexión profunda sobre los límites éticos del contenido digital. Las administraciones, plataformas tecnológicas y la sociedad civil deben colaborar en establecer salvaguardas que protejan tanto a creadores como a usuarios de las dinámicas perversas que pueden generarse en el entorno digital.

Mientras tanto, la familia prepara los funerales y la justicia investiga. Sergio se ha convertido en un símbolo involuntario de los excesos de una era donde la búsqueda de clics puede costar la vida. Su historia, lejos de ser un episodio aislado, es el reflejo distorsionado de un ecosistema que necesita urgentemente ser reequilibrado antes de que más vidas se vean sacrificadas en el altar de la viralidad.

Referencias

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