Las carreras de San Silvestre se han consolidado como un ritual ineludible para despedir el año en todo el planeta. Esta tradición, que vio la luz en las calles de Sao Paulo (Brasil) hace casi un siglo, se ha extendido por todos los continentes con la misma intensidad que la pasión por el deporte. En España, esta práctica ha calado profundamente en la cultura popular, convirtiéndose en tan emblemática como las campanadas de Nochevieja. La provincia de Teruel no es una excepción, y cada 31 de diciembre sus calles se llenan de corredores que combinan esfuerzo físico, espíritu solidario y celebración colectiva.
La capital turolense celebró su trigésimo segunda edición de la San Silvestre con una masiva participación que superó los 1.100 atletas de todas las edades y niveles. La cita, que se ha consolidado como uno de los eventos deportivos más importantes del año en la ciudad, atrajo a corredores locales y visitantes que quisieron despedir el año de la manera más saludable posible.
En la categoría masculina, Izan Edo se alzó con la victoria, demostrando una vez más su dominio en el atletismo provincial. Su estrategia de carrera y su excelente estado de forma le permitieron imponerse desde el inicio, cruzando la meta con un tiempo que dejó claro su superioridad en esta edición.
En la categoría femenina, Elena Martín fue la gran protagonista, cruzando la meta en primera posición y consolidándose como una de las referentes del deporte femenino en la zona. Su victoria no fue sorpresa para quienes siguen el atletismo local, pero sí una confirmación de su progresión constante y su dedicación al deporte.
La prueba, que discurrió por el centro de la ciudad, contó con un ambiente festivo donde lo competitivo se mezcló con lo lúdico. Muchos participantes acudieron disfrazados, convirtiendo la carrera en una verdadera fiesta callejera donde el deporte fue el mejor pretexto para la convivencia vecinal. La organización dispuso de avituallamientos, servicios médicos y un protocolo de seguridad que garantizó el desarrollo sin incidentes de la prueba.
No muy lejos de la capital, la localidad de Alcañiz organizó su propia San Silvestre con un éxito rotundo. En esta edición, los triunfadores fueron Roberto Martín en categoría masculina y Carmen Cantero en la femenina. La prueba congregó a numerosos vecinos que quisieron cerrar el año con actividad física y buen ambiente.
La iniciativa, impulsada desde el área municipal de deportes, demuestra el compromiso de los pueblos turolenses con la promoción de hábitos saludables y la creación de eventos que fortalecen el tejido social. La participación en Alcañiz superó todas las expectativas, consolidando esta carrera como una cita ineludible en el calendario deportivo local.
El recorrido, diseñado para ser accesible para todos los niveles, atravesó las calles más emblemáticas de la localidad. La presencia de público animando a los corredores creó un ambiente de verdadera fiesta, donde los más rápidos compartieron espacio con familias completas que corrían a ritmo más pausado pero con la misma ilusión.
La villa de Andorra, también en la provincia de Teruel, celebró su vigésimo octava edición de la San Silvestre con una participación de 400 corredores. A pesar de las bajas temperaturas propias del invierno en la zona, la ausencia de viento y precipitaciones creó las condiciones perfectas para la práctica del atletismo.
El circuito urbano, de dos kilómetros, recorrió las principales calles del municipio y fue completado por la inmensa mayoría de los participantes de forma lúdica y no competitiva. Sin embargo, en la parte delantera de la carrera hubo una intensa lucha por los puestos de honor, con estrategias bien definidas y un ritmo elevado desde el kilómetro inicial.
En categoría masculina, Alberto Sábado se proclamó vencedor, imponiendo su ritmo en los últimos metros y demostrando una gran capacidad de sufrimiento. Mientras que en la femenina Carlota Gasión brilló con luz propia al cruzar la meta en primera posición, liderando la carrera de principio a fin.
El evento, organizado por el Servicio Municipal de Deportes del Ayuntamiento de Andorra con la colaboración del Club Zancadas, repartió premios en metálico de 80, 60 y 50 euros para los tres primeros clasificados de cada categoría. Esta dotación económica, aunque simbólica, sirve como incentivo para los corredores más competitivos y como reconocimiento a su esfuerzo.
Más allá de estas tres principales citas, numerosas localidades turolenses se sumaron a la celebración. Ojos Negros, Calamocha, Monreal del Campo y Utrillas fueron solo algunas de las poblaciones que organizaron sus propias carreras populares, demostrando que esta tradición está más viva que nunca en el territorio.
En cada uno de estos municipios, la fórmula fue similar: una prueba accesible para todos los públicos, un ambiente festivo y, en muchos casos, una causa solidaria que recibió las donaciones de los participantes. La combinación de deporte, solidaridad y alegría es el sello distintivo de estas iniciativas.
La participación en estas localidades más pequeñas, aunque numéricamente inferior, tiene un valor añadido: mantiene vivo el espíritu comunitario que tanto caracteriza a la provincia de Teruel. En pueblos donde la población es menor, estos eventos se convierten en verdaderos actos de cohesión social, donde vecinos de todas las edades comparten una experiencia común.
Es interesante reflexionar sobre cómo una práctica que nació en el hemisferio sur se ha convertido en una tradición global. La primera San Silvestre se celebró en Sao Paulo en 1924, y desde entonces no ha dejado de crecer. La idea de despedir el año corriendo resonó en otros países, y España la adoptó con especial entusiasmo.
En la década de los 60 y 70, las primeras carreras comenzaron a organizarse en ciudades españolas. Hoy en día, es prácticamente imposible encontrar una localidad que no cuente con su propia San Silvestre. La popularidad de estas pruebas reside en su carácter inclusivo: no se trata tanto de competir como de participar, de compartir un momento especial con la comunidad.
Este carácter democrático del evento es precisamente lo que ha garantizado su éxito. No importa la edad, el nivel físico o la experiencia previa: cualquiera puede inscribirse y formar parte de esta fiesta del deporte. Esa es la esencia que ha permitido que la tradición se mantenga viva y se expanda año tras año.
Con la experiencia de esta edición, los organizadores ya piensan en mejoras para el próximo año. La creciente participación exige una mayor planificación logística, más recursos y una coordinación más estrecha entre las diferentes localidades. Sin embargo, el espíritu seguirá siendo el mismo: un evento popular, accesible y festivo.
La San Silvestre de Teruel, con sus más de 1.100 participantes, se ha consolidado como un referente provincial que podría aspirar a convertirse en una prueba de ámbito regional. La de Alcañiz y Andorra, con sus respectivas ediciones, demuestran que el deporte de base tiene un peso fundamental en el territorio. Y las carreras de los pueblos más pequeños mantienen vivo el espíritu comunitario que tanto caracteriza a la provincia.
Los desafíos para el futuro son claros: mejorar la seguridad vial durante las pruebas, aumentar la sostenibilidad de los eventos, potenciar el componente solidario y seguir fomentando la participación femenina, que cada año va en aumento. La tecnología también jugará un papel importante, con cronometrajes más precisos, aplicaciones móviles para los corredores y una mayor presencia en redes sociales.
Las San Silvestre turolenses han demostrado una vez más su capacidad de convocatoria y su poder de integración social. Más allá de los resultados deportivos, lo que realmente importa es el mensaje que transmiten: que el deporte es para todos, que la comunidad se fortalece compartiendo experiencias y que despedir el año corriendo es una excelente manera de recibir el nuevo año con energía positiva.
Los 1.100 atletas en Teruel, los 400 en Andorra y los cientos más en Alcañiz y otros municipios conforman un movimiento ciudadano que merece ser reconocido y apoyado. En un momento en el que la sociedad busca fórmulas para reconectar con sus vecinos y con el territorio, estas carreras populares ofrecen una respuesta sencilla pero efectiva.
El deporte turolense tiene mucho que celebrar, y estas San Silvestre son solo el broche final de un año intenso. Ahora, con el 2026 recién estrenado, toca seguir trabajando para que el atletismo, el running y el deporte en general sigan ocupando el lugar que merecen en la agenda social y deportiva de la provincia. La base está puesta, la participación es masiva y el entusiasmo es innegable. Solo falta seguir sumando esfuerzos para que esta tradición siga creciendo y llegue a más personas.