Carlos Sainz: 'Lo dejaría todo por el Real Madrid' antes de su 20º Dakar

El piloto madrileño de 63 años confiesa que estuvo a punto de retirarse por su pasión por el club blanco mientras prepara su vigésima participación en el rally más duro del mundo

Carlos Sainz afronta el año 2026 con la mirada puesta en un nuevo reto profesional y personal. A sus 63 años, el piloto español se prepara para tomar la salida de su vigésima participación en el Rally Dakar, la prueba de resistencia automovilística más exigente del planeta. La cita, que arranca el próximo 3 de enero, no supone solo otra edición más para el madrileño, sino la oportunidad de sumar su quinto título en una competición que ya forma parte de su leyenda. Sin embargo, más allá de las dunas y los kilometrales, existe una pasión que ha marcado su vida fuera de los trazados: el Real Madrid.

La conexión entre el múltiple campeón del mundo y el conjunto merengue no es un capricho reciente. Desde hace décadas, Sainz ha manifestado abiertamente su devoción por el club de sus amores, una relación que trasciende la mera afición. En 2021, el propio Real Madrid le reconoció como socio de honor, un gesto que selló una vinculación que, según reconoce el propio piloto, ha llegado a poner en jaque su prolongada carrera deportiva. «Estuve a punto de dejarlo por el tema del Real Madrid», admitió en declaraciones recientes, dejando entrever que su amor por la entidad blanca ha sido tan intenso que ha considerado colgar el casco antes de tiempo.

La historia de Sainz con la institución madridista se remonta a 2006, cuando el piloto decidió dar un paso más allá en su condición de aficionado. En aquella fecha, formó parte de la candidatura de Juan Miguel Villar Mir para las elecciones presidenciales del Real Madrid. Sainz no ocupaba un puesto menor: aspiraba a la vicepresidencia del club, un rol que le habría situado en la línea de mandato de una de las entidades deportivas más poderosas del mundo. Finalmente, la contienda la ganó Ramón Calderón, pero aquella experiencia demostró que su compromiso con el Madrid iba mucho más allá de los estadios.

Con el paso de los años, esa ambición no ha hecho más que crecer. El cuatro veces vencedor del Dakar ha vuelto a expresar en múltiples ocasiones su deseo de formar parte de la estructura directiva del club. No le importa el puesto: ya sea como presidente o como miembro de la Junta Directiva, Sainz se siente preparado para aportar su visión y experiencia a la entidad que le ha acompañado toda la vida. Esta aspiración no es un mero capricho de famoso, sino una vocación que ha madurado con los años y que, según sus propias palabras, le ha hecho replantearse prioridades.

La otra gran tentación profesional que ha cruzado su camino ha sido la presidencia de la FIA, la Federación Internacional del Automóvil. Tras su abandono en la última edición del Dakar, el nombre de Sainz sonó con fuerza como uno de los favoritos para suceder a Jean Todt al frente de la máxima institución del motor mundial. Durante meses, el rumor creció hasta que, en junio pasado, el madrileño emitió un comunicado oficial en el que descartaba su candidatura. La razón era clara: preparar una campaña electoral de ese calibre le habría obligado a comprometer de forma notable su «preparación para el Dakar», su prioridad absoluta en ese momento.

La decisión de Sainz dejaba el camino libre para que Mohammed Ben Sulayem, expiloto de rallys de élite, accediera al puesto. Pero lo más revelador de aquel comunicado no fue solo el adiós a la FIA, sino la confesión que acompañaba a la decisión. «Estuve a punto de dejarlo por la presidencia de la FIA, pero también por todo el tema del Real Madrid», reconoció en una entrevista con AS. La frase desvelaba que ambos proyectos, tan dispares en apariencia, compartían un mismo nivel de prioridad en su escala de valores.

Ante la pregunta de en cuál de los dos cargos se siente más cercano, Sainz responde con la filosofía que le ha acompañado toda su vida competitiva: «Creo en el destino. El destino marca que el 3 de enero estaré en la salida del Dakar y nadie sabe qué va a pasar a partir de entonces». Esta actitud de dejarse llevar por el camino, tan propia de los grandes campeones, le permite mantener todas las puertas abiertas mientras sigue centrado en su objetivo inmediato: el desierto.

Mientras tanto, el automovilismo vuelve a Madrid de la mano de la Fórmula 1. La capital española acogerá entre el 11 y el 13 de septiembre de 2026 el Gran Premio de Madrid, una cita histórica que convertirá a la ciudad en el epicentro del motor mundial. Para Sainz, este evento representa mucho más que una carrera. «El hecho de que venga la F1 a Madrid es un orgullo para todos los madrileños y todos los españoles», declaró con evidente emoción. El recuerdo de su juventud, cuando presenciaba las carreras en el mítico circuito del Jarama, se mezcla ahora con la ilusión de ver a su hijo, Carlos Sainz Jr., competir en las calles de su ciudad natal con el equipo Williams.

La trayectoria del piloto senior es un ejemplo de longevidad y pasión. A sus 63 años, mantenerse en la élite de un deporte tan exigente como el rally raid requiere no solo talento, sino una dedicación extrema. Cada edición del Dakar supone meses de preparación física, mental y técnica. Los entrenamientos en dunas, el estudio de los itinerarios, la adaptación a los nuevos reglamentos y la convivencia con un copiloto durante semanas en el desierto son solo una parte del iceberg. Mantener este ritmo dos décadas después de su debut habla de una vocación inquebrantable.

Sin embargo, esa misma pasión es la que le ha hecho valorar otros horizontes. La posibilidad de dirigir el Real Madrid no es un sueño lejano para Sainz, sino un proyecto que contempla con seriedad. Conoce la entidad, respira su filosofía y entiende la responsabilidad que conlleva. Su experiencia gestionando equipos de competición, negociando con patrocinadores y liderando bajo presión son habilidades directamente transferibles a la gestión de un club de fútbol de primer nivel. La pregunta no es si está preparado, sino cuándo llegará el momento.

La dualidad entre su carrera deportiva y sus ambiciones institucionales crea un paralelismo fascinante. Por un lado, el desierto, la soledad de la cabina, la toma de decisiones en milisegundos. Por el otro, el Santiago Bernabéu, la política deportiva, la gestión de egos y expectativas. Dos mundos aparentemente opuestos que comparten una esencia común: la exigencia del máximo nivel y la necesidad de una visión a largo plazo.

Su relación con el Real Madrid también ha influido en su imagen pública. Mientras otros deportistas eligen mantener su afición al fútbol en un segundo plano, Sainz la ha convertido en un sello personal. No es raro verle en el palco del Bernabéu, compartiendo momentos con leyendas del club o participando en actos institucionales. Esta visibilidad le ha convertido en uno de los rostros más queridos del madridismo no futbolístico, un embajador involuntario que representa los valores de superación y excelencia que el club predica.

El futuro inmediato, sin embargo, sigue teniendo un color arena y polvo. El Dakar 2026 será su vigésima oportunidad de demostrar que la edad es solo un número cuando la pasión es infinita. La competición, que recorrerá nuevamente territorio saudí, presentará retos desconocidos que solo un veterano de su calibre puede anticipar. La fiabilidad del vehículo, la estrategia de navegación y la resistencia física serán factores clave en una carrera donde la mínima equivocación puede costar la victoria.

Tras esta edición, el horizonte se abre a múltiples posibilidades. La presidencia de la FIA, aunque descartada por ahora, podría resurgir en futuras convocatorias. La puerta del Real Madrid, entretanto, sigue entreabierta. Lo que está claro es que Sainz no contempla la jubilación como un final, sino como una transición. Su activo más valioso no es su palmarés, sino su conocimiento, su red de contactos y su capacidad para liderar proyectos ambiciosos.

El Gran Premio de Madrid de Fórmula 1 será, en este contexto, un momento simbólico. Ver a su hijo Carlos Jr. competir por las calles de la ciudad donde él se enamoró del motor será un cierre de círculo emocional. La generación Sainz, que ya ha dejado huella en la F1 con el podio de Monza y la victoria en Singapur, tendrá su propio capítulo en casa. Para el padre, será una oportunidad de disfrutar del espectador desde otra perspectiva, quizás anticipando el día en que su rol ya no sea el de piloto, sino el de gestor.

La lección que deja su trayectoria es clara: las pasiones no se extinguen, se transforman. El amor por el motor que le llevó a recorrer desiertos puede convertirse en la pasión por dirigir una institución centenaria. La exigencia que le hizo campeón puede ser la que le lleve a presidir. Mientras tanto, el 3 de enero marcará el inicio de otra aventura, quizás la última como competidor, pero seguramente no la última como protagonista del deporte español.

Referencias

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