Egipto en cólera: amenazas a Ramos tras la lesión de Salah

La posible ausencia de la estrella egipcia en el Mundial desata una ola de furia contra el defensa del Real Madrid

La final de la Liga de Campeones del pasado sábado dejó en el aire la participación de Mohamed Salah en el Mundial de Rusia 2018, un torneo que Egipto afronta con ilusión renovada tras 28 años de ausencia. La lesión sufrida por el delantero del Liverpool en el duelo contra el Real Madrid ha provocado una reacción de indignación sin precedentes en todo el país norteafricano, donde la figura de Sergio Ramos se ha convertido en blanco de duras críticas y amenazas.

El incidente ocurrió a los 30 minutos de partido, cuando el capitán del conjunto blanco mantuvo un forcejeo con el egipcio que terminó con Salah en el suelo, sujetándose el hombro izquierdo y con gestos de evidente dolor. Las lágrimas del futbolista al abandonar el terreno de juego anticiparon la gravedad de la situación. Las primeras exploraciones médicas apuntan a una posible luxación del hombro, una dolencia que podría mantenerle alejado de los terrenos de juego durante varias semanas, poniendo en serio riesgo su presencia en la cita mundialista.

En las calles de El Cairo, la noticia cayó como un jarro de agua fría. Cafés y locales donde cientos de seguidores habían congregado para presenciar la final del torneo europeo vivieron momentos de estupor colectivo. Muchos aficionados no pudieron contener el llanto al ver a su máximo ídolo, el artífice de la clasificación histórica de los Faraones para el Mundial, abandonar el campo visiblemente afectado. La escena se repitió en miles de hogares, donde familias enteras contemplaban con desolación cómo se desvanecían las esperanzas de un equipo que depende casi exclusivamente del talento de su estrella.

La ira no tardó en canalizarse hacia una única dirección. Sergio Ramos, cuya acción fue calificada por numerosos expertos como intencionada, se convirtió en el principal objetivo de la frustración nacional. En las redes sociales, el defensa español recibió una lluvia de insultos en árabe, inglés y español. Epítetos como 'perro', 'animal' o 'sucio' se multiplicaron en cuestión de minutos en sus perfiles oficiales de Facebook y Twitter, acompañados de mensajes que prometían venganza y exigían justicia.

La prensa local no se quedó atrás. El periódico El-Watan publicó este domingo un contundente editorial en el que, aunque evitó las amenazas directas, dejó claro que el destino de Ramos quedaba en manos divinas. El tono mesurado del rotativo contrastaba con la virulencia de los comentarios en línea, donde incluso analistas deportivos de renombre no dudaron en calificar la acción como un acto deliberado para eliminar al jugador más peligroso del rival.

La dimensión del problema trasciende el ámbito puramente deportivo. Para Egipto, Mohamed Salah representa mucho más que un futbolista talentoso. Es el símbolo de una generación, el motor de una ilusión colectiva y, en gran medida, la única esperanza real de competir con garantías en un grupo complicado donde les esperan Uruguay, Rusia y Arabia Saudita. Sin su presencia, las opciones de los Faraones pasan de ser complejas a prácticamente inexistentes, según reconocen los propios expertos locales.

Karim Said, director editorial de Yalla Kora, medio especializado en el deporte rey, no dudó en afirmar que 'el ataque del equipo se basa esencialmente en Salah'. Sus palabras reflejan una realidad ineludible: el sistema de juego de la selección egipcia gira en torno a su figura indiscutible. La posible baja del delantero del Liverpool sería, en palabras de Said, 'una tragedia nacional' que dejaría al conjunto sin su principal fuente de peligro y sin referente ofensivo.

La respuesta organizada no se hizo esperar. Una petición lanzada en la plataforma change.org reclama a la FIFA y a la UEFA que investiguen y castiguen a Sergio Ramos por 'lastimar intencionadamente' a Salah. En menos de 24 horas, la iniciativa superó las 80.000 firmas, una cifra que evidencia la magnitud del malestar social. Los impulsores del texto argumentan que la acción del defensa merengue no solo afecta al club inglés, sino que pone en peligro la participación de un país entero en el evento futbolístico más importante del planeta.

El propio Jürgen Klopp, técnico del Liverpool, mostró su preocupación en la rueda de prensa posterior al partido. 'Perdimos a un jugador importante y Egipto puede haber perdido a un jugador importante para la Copa del Mundo', declaró el alemán, consciente de que la repercusión de la lesión iba más allá del resultado de la final. Sus palabras, lejos de calmar los ánimos, alimentaron la teoría de que la acción de Ramos buscaba precisamente ese efecto: debilitar al rival eliminando a su figura.

El contexto emocional de la reacción egipcia resulta comprensible. Tras casi tres décadas sin asistir a un Mundial, el país vivió una euforia colectiva cuando Salah anotó el penalti decisivo que clasificaba a los Faraones para Rusia 2018. Desde entonces, cada actuación del delantero ha sido seguida con devoción religiosa. Su éxito en la Premier League y su liderazgo en la Champions League han convertido cada gol en un motivo de celebración nacional. La posibilidad de perderle justo en el momento cumbre se percibe como un golpe injusto, una mala jugada del destino o, peor aún, una acción dolosa.

Los expertos en medicina deportiva consultados por distintos medios egipcios ofrecen diagnósticos contradictorios. Mientras algunos apuntan a una recuperación de tres semanas que le permitiría llegar justo al estreno mundialista, otros hablan de hasta dos meses de baja, lo que significaría decir adiós al torneo. La incertidumbre alimenta la ansiedad de una afición que espera con impaciencia los resultados de las pruebas médicas definitivas.

Mientras tanto, la caza contra Sergio Ramos continúa. Memes, vídeos editados y montajes que ridiculizan al defensa se viralizan por WhatsApp y Telegram. Las autoridades egipcias han tenido que pedir calma a una población que exige respuestas contundentes. El Ministerio de Deportes emitió un comunicado en el que confirma que seguirá de cerca la evolución de Salah y que estudiará posibles acciones legales si se demuestra mala intención en la acción del futbolista español.

La FIFA, por su parte, mantiene silencio oficial ante las peticiones de sanción. Las normativas actuales dificultan la imposición de castigos retroactivos por acciones no sancionadas en el momento del partido, aunque la presión popular podría forzar una revisión del caso. La UEFA, como organizadora de la Champions League, tampoco se ha pronunciado, aunque fuentes internas reconocen que el asunto ha generado debate en los despachos.

El grupo A del Mundial, donde Egipto compartirá cartel con Uruguay, Rusia y Arabia Saudita, adquiere ahora una dimensión diferente. Sin Salah, los cálculos cambian por completo. La victoria en el partido inaugural contra los uruguayos, ya de por sí complicada, parece una quimera. El duelo contra los anfitriones rusos, programado para el segundo encuentro, se convierte en una montaña casi inasequible. Solo el choque contra Arabia Saudita mantendría algún atisbo de esperanza, pero insuficiente para pensar en el pase a octavos.

La lesión de Salah no es solo un contratiempo deportivo; es un problema de estado. En un país donde el fútbol funciona como válvula de escape social y elemento de cohesión nacional, la ausencia de su máximo referente supone un golpe anímico de primera magnitud. Las autoridades temen que la frustración derivada de una posible eliminación temprana pueda traducirse en inestabilidad social, especialmente en un contexto político ya de por sí complejo.

Mientras tanto, en los campos de entrenamiento de la selección egipcia, el ambiente es de máxima tensión. El cuerpo técnico, dirigido por Héctor Cúper, prepara planes alternativos que no incluyen a su estrella. Los jugadores, conscientes de la responsabilidad que recae sobre sus hombros, intentan mantener la moral alta. Pero el fantasma de la ausencia de Salah planea sobre cada sesión, sobre cada charla táctica, sobre cada ronda de calentamiento.

La historia del fútbol está llena de lesiones inoportunas y de polémicas que marcan épocas. Sin embargo, pocas veces un solo episodio ha tenido tanto impacto emocional y deportivo en una nación entera. La acción de Sergio Ramos, ya sea intencionada o no, ha trascendido el terreno de juego para convertirse en un asunto de estado. Mientras el mundo espera el veredicto médico, Egipto continúa con el pulso acelerado, pendiente de cada noticia, de cada comunicado, de cada gesto de su héroe nacional. El destino de los Faraones en Rusia, y quizá algo más, depende ahora de la recuperación de un hombro maltrecho y de la capacidad de una nación para canalizar su frustración sin perder la esperanza.

Referencias

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