La Real Sociedad dejó escapar dos puntos valiosos en su visita al Wanda Metropolitano tras empatar a uno contra el Atlético de Madrid en un encuentro donde los txuri-urdin demostraron una clara superioridad sobre el césped. La figura indiscutible del choque fue Take Kubo, quien no solo desequilibró con su habitual magia, sino que además firmó la asistencia decisiva para el tanto del empate. Su actuación le valió el reconocimiento como mejor jugador del partido, un título que compartió con la sensación de frustración por no haberse llevado la victoria.
El centrocampista japonés fue el cerebro ofensivo de su equipo durante los noventa minutos. Sus regates, cambios de ritmo y visión de juego desconcertaron en múltiples ocasiones a la defensa colchonera. Fue precisamente una de sus genialidades la que permitió a Gonçalo Guedes batir a Jan Oblak en el segundo acto, estableciendo el definitivo uno a uno en el marcador. La jugada, una combinación de velocidad y precisión, evidenció el momento de forma del internacional nipón, quien parece haber recuperado su mejor versión tras superar las molestias físicas que le limitaron en semanas anteriores.
Al término del encuentro, Kubo no ocultó su disconformidad con el resultado final. «Lástima el punto. Nosotros hemos merecido más que ellos. Una lástima, la verdad», manifestó el futbolista ante los micrófonos de DAZN. Estas palabras reflejan el sentir general del vestuario donostiarra, consciente de que el dominio territorial y las ocasiones generadas merecieron una recompensa mayor. La Real Sociedad plantó cara al conjunto de Simeone con una propuesta valiente, controlando el balón y buscando siempre la portería rival con criterio.
El choque dejó claro el guion que quiere imponer el nuevo cuerpo técnico. Desde el primer minuto, los visitantes ejercieron una presión bien estructurada que dificultó la salida de balón del Atlético. Las bandas, especialmente la derecha con Kubo, se convirtieron en una vía constante de peligro. Los centros, las diagonales y las combinaciones en corto desbordaron a los laterales rojiblancos, que vieron como su área se convertía en un punto de recurrente peligro. No obstante, la falta de puntería en los metros finales y la efectividad del meta esloveno impidieron que la superioridad se tradujera en goles.
La llegada de Pellegrino Matarazzo al banquillo ha supuesto un giro notable en la dinámica del equipo. El técnico, que aterrizó durante el parón navideño, ha tenido apenas seis sesiones de entrenamiento para inculcar sus ideas, pero los primeros indicios son prometedores. «Muchos cambios durante el parón para nosotros. Hemos tenido seis días para preparar el partido y lo hemos preparado muy bien», explicó Kubo, destacando el trabajo intensivo realizado en Zubieta. Esta nueva etapa se caracteriza por una mayor intensidad, un modelo de juego más proactivo y una atención meticulosa a los detalles tácticos.
El breve período de adaptación no ha impedido que los conceptos nuevos se asimilaran con rapidez. La plantilla ha respondido con entusiasmo a las exigencias del entrenador, mostrando una actitud renovada en cada sesión. La preparación específica para el duelo ante el Atlético evidenció que el cuerpo técnico analizó a la perfección las debilidades del rival, diseñando una estrategia que, salvo por el resultado final, cumplió todos los objetivos previstos. La capacidad de reacción y el compromiso mostrado en el terreno de juego hablan de una buena sintonía entre el técnico y sus jugadores.
Otro aspecto que Kubo destacó fue el papel fundamental de la afición. A pesar de las bajas temperaturas que se registraron en la capital española durante la jornada dominical, los seguidores donostiarras desplazados al estadio y los que siguieron desde casa no dejaron de apoyar al equipo. «La afición lo notó. Nos ha animado todo el rato. Ellos ven que nosotros estamos intentando cambiar», aseguró el japonés. Esta conexión entre el equipo y sus seguidores resulta esencial en momentos de transformación, ya que genera una confianza mutua que se traduce en mayor rendimiento sobre el césped.
El futbolista también se refirió a su evolución personal. Tras semanas de gestionar dolencias que mermaron su rendimiento, Kubo asegura encontrarse en franca mejoría. «Como dije en la entrevista en el Diario Vasco, me veo cada vez mejor», reconoció. Esta progresión física se ha visto reflejada en sus últimas actuaciones, donde recuperó la explosividad y el desparpajo que le caracterizan. La posibilidad de contar con un Kubo al cien por cien representa una noticia excelente para la entidad guipuzcoana, que ve en él a uno de sus activos más determinantes para alcanzar los objetivos de la temporada.
El empate en el Metropolitano debe servir como punto de inflexión para la Real Sociedad. El rendimiento colectivo, liderado por un Kubo inspirado, demuestra que el equipo tiene potencial suficiente para competir contra los grandes de LaLiga. La sensación de haber dejado escapar dos puntos puede convertirse en motivación para afrontar los próximos compromisos con mayor determinación. La regularidad será la clave para consolidar esta línea ascendente y transformar las buenas sensaciones en victorias concretas.
La prueba inmediata llegará en los próximos días, cuando la Real deba demostrar que este nivel no fue flor de un día. La confianza generada en el seno del grupo, unida al trabajo metódico de Matarazzo y al talento de futbolistas como Kubo, dibuja un horizonte esperanzador. Si consiguen mantener esta dinámica, los donostiarra pueden soñar con pelear por las posiciones de privilegio que les lleven de nuevo a competiciones europeas. Por ahora, el mensaje es claro: el juego está ahí, la actitud es la correcta y la victoria está a la vuelta de la esquina.