La provincia de Albacete se ha convertido en el escenario de una masiva celebración clandestina que, al igual que en ediciones anteriores, ha desbordado las previsiones de las autoridades. El denominado BigFucking Party, una macrofiesta de música electrónica de carácter ilegal, ha congregado a numerosos asistentes en las proximidades del pantano del Cenajo, una zona recóndita situada entre los municipios de Férez y Hellín. El dispositivo de seguridad desplegado es de gran magnitud, con unos 300 efectivos de la Guardia Civil supervisando el desarrollo del evento, que comenzó la pasada Nochevieja y podría prolongarse hasta el día de Reyes.
El despliegue operativo ha sido considerable, movilizando no solo a agentes de la Comandancia de Albacete, sino también refuerzos procedentes de provincias como Madrid, Murcia, Valencia y Sevilla. Este amplio contingente tiene como objetivo principal controlar la situación, evitar nuevos accesos al área y garantizar la seguridad vial en las carreteras cercanas. Por el momento, las fuentes oficiales confirman que la celebración transcurre sin incidentes graves, aunque la tensión es palpable en toda la comarca.
Una de las medidas más impactantes para la población local ha sido el corte de la carretera AB-408, que permanece cerrada desde el kilómetro 0 hasta el 12,2 según la información facilitada por la Dirección General de Tráfico (DGT). Esta restricción, junto con el desvío de tráfico y los controles policiales, ha generado importantes molestias en los desplazamientos cotidianos de los residentes. La carretera N-330, que une Hellín con Puente de Híjar, se ha convertido en una vía crítica que los organizadores y participantes deben respetar, ya que constituye el eje vital para el acceso al hospital de Hellín y a los servicios de urgencia de municipios como Férez, Socovos, Letur o Elche de la Sierra.
La preocupación de las asociaciones vecinales y colectivos sociales no se ha hecho esperar. Entidades como la Protectora de Animales y Plantas de las Sierras del Segura y Alcaraz, junto con la Asociación de Profesionales del Trabajo Social Tejiendo Redes, han iniciado una campaña informativa entre los asistentes. Su objetivo es concienciar sobre la necesidad de respetar el entorno natural y a las comunidades locales que habitan estas zonas rurales. Los materiales informativos, redactados en castellano, francés e inglés, contienen recomendaciones esenciales sobre convivencia y seguridad.
Entre las advertencias más destacadas figura la relativa al propio embalse del Cenajo. Los folletos distribuidos recuerdan expresamente que esta masa de agua no está habilitada para el baño, sino que su uso está restringido a la pesca. Los riesgos son múltiples: bajo la superficie se ocultan las ruinas de la antigua aldea de La Alcantarilla de Jover, sumergida tras la construcción del pantano, además de numerosos anzuelos y restos de pesca que convierten cualquier intento de baño en una práctica extremadamente peligrosa. La profundidad variable y las corrientes submarinas añaden un factor de riesgo adicional para los posibles bañistas.
Los primeros indicios de esta concentración masiva se detectaron durante la noche del pasado martes, cuando decenas de vehículos, especialmente caravanas y furgonetas con matrículas extranjeras, comenzaron a llegar a la localidad de Tobarra. Muchos de estos vehículos procedían de países como Francia y Dinamarca, lo que evidencia el carácter internacional de este evento clandestino. Inicialmente, los agentes consiguieron disuadir a los asistentes y dispersar las primeras concentraciones en la madrugada del martes al miércoles, pero los organizadores lograron reagruparse y establecer su campamento base en las inmediaciones del embalse.
La situación presenta un complejo equilibrio entre el derecho a la seguridad de los residentes locales y la gestión de un evento que, aun siendo ilegal, requiere un control profesional para evitar mayores problemas. Las autoridades han optado por una estrategia de contención, cerrando el perímetro para evitar la llegada de más participantes mientras se monitorea la evolución de la fiesta. Esta decisión busca minimizar los riesgos tanto para los asistentes como para la población autóctona, especialmente teniendo en cuenta el carácter envejecido de la población rural y su dependencia de las vías de comunicación para acceder a servicios sanitarios esenciales.
El impacto ambiental también es una fuente de preocupación. La zona del Cenajo forma parte de un entorno natural protegido, con una biodiversidad que puede verse afectada por la presencia masiva de personas, la generación de residuos y la contaminación acústica. Los colectivos ecologistas han hecho un llamamiento a la responsabilidad individual, recordando que la conservación de estos espacios depende del respeto colectivo. La limpieza posterior del terreno será una tarea monumental que, previsiblemente, recaerá sobre las administraciones locales y los voluntarios ambientales.
Desde el punto de vista organizativo, el BigFucking Party representa un desafío logístico considerable. La capacidad para movilizar a miles de personas mediante canales informales de comunicación, el uso de tecnología para eludir los controles policiales y la creación de infraestructuras temporales en lugares remotos demuestran la evolución de estas celebraciones clandestinas. Los participantes llegan preparados para permanecer varios días, con provisiones, sistemas de energía propios y estructuras de acampada que transforman el paisaje.
La respuesta institucional ha sido coordinada entre diferentes cuerpos de seguridad y administraciones. Además de la Guardia Civil, están involucradas las autoridades locales de Férez y Hellín, la Diputación de Albacete y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. La prioridad común es evitar que la situación derive en incidentes graves, garantizar la asistencia sanitaria si fuera necesaria y proteger los intereses de los ciudadanos residentes en la zona.
La experiencia de años anteriores ha demostrado que estos eventos, si no se gestionan adecuadamente, pueden generar problemas de convivencia, daños medioambientales y tensiones sociales. Por ello, el dispositivo actual no solo se centra en la vigilancia, sino también en la mediación y la prevención. Los agentes mantienen canales de comunicación abiertos con los organizadores para intentar minimizar los impactos negativos y garantizar una desescalada pacífica cuando el evento finalice.
Mientras tanto, la población local permanece expectante, con una mezcla de curiosidad, preocupación y resignación. Muchos vecinos recuerdan ediciones anteriores y temen repeticiones de incidentes, mientras otros confían en la capacidad de las autoridades para mantener la situación bajo control. Lo cierto es que el pantano del Cenajo se ha convertido, una vez más, en el epicentro de una celebración que desafía la legalidad y pone a prueba los límites de la gestión pública en zonas rurales.
La vigilancia se mantendrá activa las próximas horas, con refuerzos continuos si fuera necesario. La clave estará en evitar que la fiesta se prolongue más allá de lo previsto y en garantizar una retirada ordenada de los asistentes sin que ello suponga un nuevo colapso de las infraestructuras viarias. La lección para las administraciones es clara: la anticipación y la inteligencia preventiva son fundamentales para evitar que estas macrofiestas se consoliden como una tradición incontrolable en el territorio nacional.