Chevron lidera la carrera petrolera en Venezuela tras la caída de Maduro

Las acciones de la petrolera estadounidense se disparan ante la posibilidad de expandir operaciones en el país con las mayores reservas de crudo del mundo

Las acciones de Chevron experimentaron una notable revalorización en las operaciones previas a la apertura de Wall Street, tras las noticias que confirmaron el fin del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Este movimiento político ha despertado un renovado entusiasmo entre los inversores del sector energético, que anticipan una apertura sin precedentes para las compañías petroleras norteamericanas en la nación sudamericana.

El valor de las acciones de la multinacional energética registró un incremento superior al 7% antes del inicio de la jornada bursátil, reflejando las expectativas de un mercado que ve en el cambio de gobierno una oportunidad para relajar las restricciones operativas que han limitado durante años la explotación del petróleo venezolano. La reacción no se limitó exclusivamente a Chevron, ya que otras grandes compañías del sector también vieron mejorar sus cotizaciones de forma significativa.

La noticia llega tras una operación militar ejecutada durante el fin de semana que puso fin a más de una década de gobierno chavista en el poder. Desde su residencia de Mar-a-Lago, el presidente Donald Trump anunció que este cambio político abriría las puertas para que las empresas energéticas de Estados Unidos participen activamente en la reconstrucción de la infraestructura petrolera venezolana, generando beneficios mutuos para ambas naciones.

Trump enfatizó que las principales corporaciones petroleras estadounidenses invertirían miles de millones de dólares en modernizar las instalaciones deterioradas por años de escaso mantenimiento y falta de inversión. Esta declaración marca un punto de inflexión en la relación energética bilateral, que había estado marcada por sanciones y tensiones diplomáticas durante la última década.

El potencial de Venezuela como productor petrolero es inmenso. Las estimaciones actuales sitúan la producción nacional en aproximadamente 900.000 barriles diarios, una cifra modesta comparada con su capacidad histórica. En su apogeo, durante la década de 1970, el país suramericano alcanzó los 3,7 millones de barriles por día, posicionándose como uno de los principales exportadores mundiales.

La caída de la producción ha sido dramática. En 2021, Venezuela apenas extrajo 665.000 barriles diarios, representando el nivel más bajo en décadas. Esta contracción obedece a una combinación de factores: mala gestión estatal, subinversión crónica, sanciones internacionales y el deterioro progresivo de infraestructuras críticas. Sin embargo, la recuperación observada en 2024 indica que el país mantiene capacidad de resiliencia en su sector energético.

Chevron ocupa una posición privilegiada en este escenario. Es la única gran petrolera estadounidense con presencia operativa directa en territorio venezolano, gracias a una licencia especial otorgada durante el primer mandato de Trump. Esta autorización le permite gestionar proyectos en joint venture con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), convirtiéndose en el inversor extranjero más relevante del país.

Los analistas de JP Morgan han señalado que la compañía californiana podría duplicar o incluso triplicar su producción local si se eliminan las trabas regulatorias actuales. Actualmente, Chevron contribuye con cerca de 300.000 barriles diarios, es decir, un tercio del total nacional. Este volumen podría expandirse rápidamente con inversiones en tecnología de recuperación mejorada y reparación de infraestructura básica.

El paralelismo con otros casos históricos resulta evidente. La apertura petrolera de Irak tras la invasión de 2003 atrajo inversiones multimillonarias de empresas globales, transformando su sector energético en cuestión de años. Venezuela ofrece un perfil similar: reservas probadas de más de 300.000 millones de barriles, la mayor concentración del planeta, y una infraestructura que, aunque deteriorada, puede rehabilitarse con capital y tecnología adecuados.

La competencia no se limitará a Chevron. ConocoPhillips, que también vio revalorizarse sus títulos cerca de un 9%, mantiene intereses históricos en la región y podría retomar operaciones suspendidas. Otras empresas como ExxonMobil y Occidental Petroleum han expresado en el pasado interés por retornar al mercado venezolano, aunque deberán negociar nuevos términos contractuales.

El desafío técnico es considerable. Más del 70% de la producción venezolana proviene del llamado Oriente del país, donde los campos maduros requieren inyección de gas y agua para mantener la presión de los yacimientos. La Faja del Orinoco, con sus enormes reservas de crudo pesado, necesita upgraders para convertir el bitumen en crudo comercializable. Estas instalaciones han sufrido paralizaciones recurrentes por fallos eléctricos y falta de repuestos.

La geopolítica energética también juega un papel crucial. La reincorporación de Venezuela al mercado global podría moderar los precios del crudo, beneficiando a consumidores pero presionando a otros productores. Además, el país podría diversificar su cartera de clientes, reduciendo su dependencia actual de China y Rusia, que han sido sus principales socios comerciales durante el periodo de sanciones.

Para los inversores, el riesgo político permanece como variable clave. Aunque el cambio de régimen abre oportunidades, la estabilidad institucional y la seguridad jurídica serán determinantes para atraer capital a largo plazo. La experiencia de otros países en transición muestra que la volatilidad política puede demorar proyectos de inversión incluso tras cambios favorables en el gobierno.

El sector servicios petroleros también se beneficiará. Empresas especializadas en perforación, mantenimiento de plataformas y logística verán crecer la demanda de sus servicios. Halliburton, Schlumberger y Baker Hughes, que operaron en Venezuela antes de las sanciones, podrían retomar contratos sustanciales.

Desde la perspectiva ambiental, la expansión petrolera venezolana plantea desafíos. La Faja del Orinoco tiene una huella de carbono superior a la del crudo convencional, y cualquier desarrollo masivo deberá incorporar tecnologías de mitigación. Las presiones de los inversores ESG podrían condicionar el ritmo y alcance de las inversiones.

El impacto en la economía venezolana sería transformador. El petróleo representa más del 90% de las exportaciones del país, y una recuperación sostenida del sector podría generar divisas necesarias para importar alimentos, medicinas y bienes básicos. Sin embargo, expertos advierten que sin reformas estructurales, los ingresos petroleros podrían perpetuar modelos de dependencia y corrupción.

En resumen, la caída del régimen de Maduro ha generado un momento decisivo para el sector energético global. Chevron, con su presencia establecida y experiencia local, está mejor posicionada para liderar esta nueva etapa. El mercado ya ha comenzado a descontar este potencial, pero el camino hacia una producción masiva requerirá inversiones significativas, estabilidad política y un marco regulatorio que incentive el capital privado internacional.

Referencias

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