Cafetería de especialidad en Viladecans: 138.000 € de facturación y un margen del 9%

Lorena, emprendedora de Barcelona, comparte los números reales de su negocio de hostelería: inversión, gastos y el camino hacia la rentabilidad

Lorena abre las puertas de su establecimiento cada mañana a las siete en punto. Mientras Viladecans aún duerme, ella ya está en Bristol Koffee, pesando granos de café, horneando bollería fresca y preparando las galletas artesanas que venderá durante el día. Esta rutina, lejos de ser idílica, representa la cruda realidad de emprender en el sector hostelero: constancia, planificación y una gestión financiera exhaustiva.

La historia de esta emprendedora catalana comenzó hace año y medio, cuando materializó su proyecto de abrir la primera cafetería de especialidad de su municipio natal. Sin embargo, el germen de esta aventura empresarial nació mucho antes, durante su estancia en la ciudad británica de Bristol. Allí descubrió un universo cafetero que trascendía la simple taza de café amargo: locales con alma, atmósfera acogedora y una bebida que se concebía como una experiencia gastronómica. Aquella experiencia marcó un antes y un después, sembrando en ella la semilla de una ambición que perseguiría durante casi diez años.

El regreso a Barcelona no supuso la renuncia a su sueño, sino su consolidación. Lorena se formó profesionalmente como barista, trabajó en diferentes establecimientos del sector y acumuló conocimientos prácticos hasta que consideró que había llegado el momento de dar el salto. La elección del emplazamiento fue estratégica: Viladecans carecía de una oferta similar, lo que representaba una oportunidad de mercado clara. No obstante, la ausencia de competencia directa no implicaba un camino exento de obstáculos.

La inversión inicial y los imprevistos administrativos

Poner en marcha Bristol Koffee requirió una desembolso de 105.000 euros. Lorena optó por la fórmula del traspaso para evitar los trámites burocráticos y las obras de acondicionamiento que supondría iniciar desde cero. Esta decisión, sin embargo, no la libró de encontrarse con sorpresas desagradables. La licencia de actividad que recibió correspondía a una panadería, una categoría que limitaba drásticamente el número de mesas permitidas. Solucionar esta incongruencia administrativa exigió gestiones adicionales y desembolsos extra que no estaban contemplados en el presupuesto inicial.

El capítulo más oneroso de la inversión fue, sin duda, la maquinaria. Una cafetera de especialidad de precisión, molinillos profesionales, hornos industriales y amasadoras conformaron el núcleo duro del gasto. Equipamiento que, además, ha ido renovando progresivamente a medida que la clientela y la demanda crecían, lo que ha supuesto reinversiones continuadas.

Análisis de la cuenta de resultados

Los números de Bristol Koffee hablan por sí mismos. La facturación media mensual se sitúa entre los 11.500 y 12.000 euros, lo que arroja un volumen de negocio anual aproximado de 138.000 euros. Sin embargo, como en cualquier negocio de hostelería, los ingresos son solo una parte de la ecuación.

Los gastos fijos constituyen la principal sangría: alquiler del local, nóminas del personal y cuotas de Seguridad Social suman entre 7.000 y 7.500 euros mensuales. A estos hay que añadir los costes variables, que incluyen 1.500 euros solo en materia prima de café, 300 euros en leche fresca de granja, además de refrescos, bubble tea y todos los ingredientes para la repostería. En total, la factura mensual puede alcanzar los 9.000-10.000 euros.

El punto de equilibrio operativo se establece en 470 euros diarios. Por debajo de esa cifra, el negocio no genera suficiente para cubrir sus costes estructurales. Superarlo, sin embargo, no garantiza un margen holgado.

Después de año y medio de actividad, Lorena ha logrado amortizar el préstamo bancario solicitado para la puesta en marcha. No obstante, los ahorros personales invertidos aún no han sido recuperados. Manteniendo el ritmo actual de crecimiento, estima que necesitará tres años en total para saldar completamente la inversión inicial.

Margen neto y rentabilidad por producto

Cuando se aborda el tema de la rentabilidad, la emprendedora es transparente: el margen neto que actualmente deposita en el banco representa un 8-9 % de la facturación anual. Un porcentaje que, si bien no es espectacular, demuestra que el modelo es viable y se sostiene por sí mismo mientras experimenta un crecimiento orgánico.

La distribución de la rentabilidad por línea de producto desmonta percepciones comunes. Contrariamente a lo que podría suponerse, el café no es el artículo más rentable. Cada dosis de café especial cuesta aproximadamente 55 céntimos y se comercializa a 1,80 euros, dejando un margen bruto muy ajustado. Su función es más estratégica: atrae a la clientela y genera fidelización.

Los verdaderos impulsores del margen son los productos de repostería. Las galletas caseras, elaboradas diariamente en el propio local, dejan un beneficio del 40 %. Los croissants comerciales, aunque no artesanos, alcanzan un margen del 55 %. Estos productos, especialmente las galletas, tienen un volumen de ventas superior durante los meses de invierno, cuando la demanda de productos de confort aumenta.

Lecciones para el emprendedor hostelero

La experiencia de Lorena ofrece varias enseñanzas prácticas para quienes contemplen iniciar un negocio similar. La primera es la importancia de la formación previa. Su periodo como empleada en cafeterías le proporcionó insights invalorables sobre la operativa diaria, la gestión de clientes y la identificación de proveedores fiables.

La segunda es la necesidad de un colchón financiero robusto. Los imprevistos, como la migración de licencia o la renovación de equipos, pueden desestabilizar un presupuesto ajustado. La tercera es la comprensión de que la rentabilidad no reside necesariamente en el producto estrella, sino en la combinación de una oferta diversificada que maximice el ticket medio por cliente.

Finalmente, la paciencia. En un sector donde muchos negocios cierran antes del primer año, el hecho de que Bristol Koffee haya devuelto el préstamo bancario y proyecte recuperar la inversión total en tres años constituye un éxito relativo. La clave está en mantener la calidad, fidelizar a la clientela y gestionar con rigor cada aspecto financiero, desde el coste de cada gramo de café hasta la temperatura del horno.

El caso de Lorena demuestra que emprender en hostelería es posible, pero exige una planificación meticulosa, una ejecución impecable y, sobre todo, la capacidad de adaptarse a la realidad de los números sin perder de vista la pasión que impulsó el proyecto inicial.

Referencias

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