Kenan Kodro y el instante que definió el destino del Real Zaragoza

El delantero bosnio falló una ocasión clamorosa en el minuto 85 y el Las Palmas anotó el gol de la victoria dos minutos después

Kenan Kodro sabía que ese momento no se borraría fácilmente de su memoria. "Esa jugada me perseguirá en sueños, no dejaré de pensar en ella", reconoció el delantero bosnio tras el duro golpe sufrido por el Real Zaragoza. Sus palabras reflejaban la cruda realidad del fútbol profesional, donde una décima de segundo puede dibujar la línea entre la gloria y el fracaso.

El encuentro había sido un verdadero túnel emocional para la escuadra maña. Durante los primeros cuarenta y cinco minutos, el conjunto canario había impuesto su ritmo, controlando los tiempos y generando peligro con su toque preciso. Sin embargo, la reanudación trajo consigo una versión completamente distinta del Zaragoza. Los de Fran Escribá salieron al terreno de juego con una actitud renovada, presionando arriba y buscando la velocidad en las transiciones. Fue en ese contexto de empuje donde Kodro encontró el premio del empate, batir al portero rival con un remate contundente que devolvió las tablas al marcador.

La dinámica del choque había cambiado por completo. Lo que comenzó como un duelo controlado por el Las Palmas se transformó en un enfrentamiento volcánico, lleno de duelos individuales y contragolpes vertiginosos. El Zaragoza había logrado trasladar el peso del partido a su campo, incomodando a los visitantes y creando sensaciones de victoria en las gradas de La Romareda.

Llegó el minuto 85 y el destino extendió su mano hacia Kodro. Una jugada que parecía escrita para ser el desenlace perfecto se gestó en tres segundos que se congelaron en el tiempo. Marcos Cuenca, desbordante por la banda derecha, superó en velocidad a su marcador directo, Enrique Clemente, quien solo pudo frenarle mediante un claro agarrón. En pleno despliegue, Cuenca mantuvo el equilibrio y dirigió su mirada hacia el área.

Allí estaba Kenan Kodro, perfectamente posicionado en el carril central, completamente solo ante la portería. La pelota llegó a sus pies, pero no con la trayectoria ideal. Ligeramente retrasada, obligaba a un ajuste técnico inmediato. Desde las gradas, miles de voces gritaban el mismo mandato: ¡Dispara de primeras!

Sin embargo, el bosnio cometió el error fatal que todo delantero teme: dudó. En lugar de confiar en su instinto y conectar un disparo directo, Kodro decidió controlar el esférico, ganar unos centímetros más, acomodar el cuerpo para un golpeo perfecto. En ese lapso, en esa pausa milimétrica, perdió todo lo que había ganado: espacio, tiempo y, sobre todo, la sorpresa. La defensa del Las Palmas, liderada por Barcia y Viti Rozada, se cerró como una tumba y bloqueó la ocasión.

El balón quedó muerto en los pies del delantero, y con él, las esperanzas de los suyos. La crítica instantánea fue unánime: había que rematar, no pensar. En el fútbol moderno, la velocidad de ejecución es tan crucial como la técnica misma. Kodro, por un instante, olvidó esa máxima.

El guion del partido, tan cruel como impredecible, giró su trama en apenas 120 segundos. Mientras el Zaragoza digería la frustración, el Las Palmas preparaba su estocada final. Una pérdida de balón en la línea de medios, una transición fulgurante y el talento de Estanis Pedrola hicieron el resto. El joven canterano definió con la frialdad que Kodro había echado de menos, sin toques de más, sin dudas. La pelota entró limpia en la red y con ella, el golpe de nocaut definitivo.

La sustitución de Kodro en ese intervalo de dos minutos añadió un tinte dramático extra. Ver desde el banquillo cómo el rival castiga tu error es una de las imágenes más duras para cualquier futbolista. El delantero, que había sido figura tanto en el gol del empate como en la ocasión fallida, se convirtió en el protagonista de una noche para olvidar.

El análisis técnico de la jugada revela detalles demoledores. Cuenca realizó un desplazamiento perfecto, ganando la línea de fondo con determinación. Su centro, aunque no óptimo, era rematable. Kodro, por su parte, mostró un movimiento inteligente para desmarcarse, pero falló en la ejecución final. El control innecesario le hizo perder la ventaja de un segundo que tenía sobre los centrales. Barcia y Rozada, experimentados, no perdonaron.

En el lado opuesto, el gol del Las Palmas fue un manual de eficacia. Guti perdió el balón en zona comprometida, Enzo Loiodice ganó el carril central con autoridad y Francho Serrano no cerró el espacio a tiempo. Pedrola, con la claridad que Kodro había perdido, definió sin complejos. Tres toques, gol. Esa es la diferencia entre pensar y actuar.

El fútbol, en esencia, es un deporte de momentos. Tres segundos pueden definir una jornada, una semana, una temporada entera. Kenan Kodro lo sabe ahora mejor que nunca. Su reflexión postpartido mostró madurez: "A veces acertaré, otras me equivocaré, pero siempre asumo mis decisiones". Esa es la mentalidad que necesita para superar este bache.

Para el Real Zaragoza, la lección es clara: la eficacia en las áreas decide categorías. Crear ocasiones no basta si no se materializan. El equipo de Sellés demostró carácter y capacidad de reacción, pero careció de la puntilla necesaria. En una liga tan competida como la Segunda División, estos detalles cuestan puntos caros.

La noche terminó con un sabor amargo en La Romareda. Los aficionados, que habían vivido una montaña rusa emocional, se quedaron con la peor parte. Ver cómo se escapa una victoria merecida por un instante de duda es una de las sensaciones más desgarradoras del fútbol. Para Kenan Kodro, el camino es largo, pero la única salida es mirar al frente. Como él mismo dijo: cabeza arriba y a seguir adelante. El fútbol da revanchas, y el bosnio tendrá nuevas oportunidades para convertirse en héroe. Porque al final, los grandes delanteros se miden no por los goles que fallan, sino por cómo se levantan después de cada fallo.

Referencias

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