La empresaria y colaboradora televisiva Amor Romeira ha anunciado el cierre definitivo de su negocio de moda en Canarias, un proyecto que compartía con su hermana y que se ha visto obligada a liquidar ante la imposibilidad de hacer frente a las obligaciones económicas. La noticia, compartida a través de sus redes sociales, ha generado conmoción entre sus seguidores y ha puesto de relieve las dificultades que enfrentan muchos emprendedores en el sector textil.
Romeira, conocida por su participación en programas de televisión, había apostado por crear un plan de futuro familiar con esta iniciativa. "Cuando abres un negocio lo haces con toda la intención, con la idea de tener algo como plan de futuro familiar, algo de lo que vivir en el futuro. Mi hermana era mi empleada y mi idea era esa, que mi familia y yo pudiéramos vivir de ello", explicó la empresaria en sus publicaciones.
La situación económica, sin embargo, se ha complicado hasta el punto de no poder continuar. La colaboradora ha sido transparente sobre las causas del cierre, reconociendo que se encontraba asfixiada por los pagos y que la tienda no generaba los ingresos necesarios para sostenerse de forma autónoma. Esta circunstancia ha sido determinante para tomar la difícil decisión de poner fin a la actividad.
En un movimiento estratégico para minimizar pérdidas, Romeira ha optado por una liquidación total de stock. A través de sus canales digitales, anunciaba: "Liquidación total. La nueva colección está a 15 euros". Posteriormente, la tienda realizó una "súper liquidación" con precios que oscilaban entre los 5 y los 10 euros, una medida desesperada pero necesaria para recuperar parte de la inversión y saldar compromisos.
Lo más destacable del caso es que, pese a las adversidades, la empresaria ha logrado cerrar el negocio sin deudas pendientes. "Hice las cosas bien y gracias a eso no tengo pufos. He cerrado porque yo tenía claro que no iba a hacer la montaña más grande, un amigo me dijo que no debía invertir más dinero en la tienda, me hizo ver que estaba equivocada, que la tienda tenía que mantenerse sola", reconoció Romeira.
Este caso no es aislado en el ámbito de las colaboradoras televisivas. Ana María Aldón, también presentadora y diseñadora, ha enfrentado una situación similar con su tienda de ropa online. Aldón ha manifestado públicamente su necesidad de cerrar el negocio debido a las cargas económicas que le suponía mantenerlo activo, demostrando que incluso las figuras públicas con cierto nivel de notoriedad no están exentas de los retos empresariales.
El sector de la moda y el comercio textil presenta particularmente altas barreras de entrada y mantenimiento. Los costes de producción, almacenaje, distribución y marketing digital requieren de una inversión constante que muchas veces no se ve compensada por las ventas. La competencia con grandes plataformas y la necesidad de diferenciación son factores que complican aún más el panorama para pequeños emprendedores.
En un giro curioso relacionado con el mundo de la moda de estas colaboradoras, recientemente ha surgido la polémica del conocido como 'vestido de la discordia'. Esta prenda, diseñada por Ana María Aldón en 2019 para Gloria Camila, apareció en una plataforma de venta de artículos de segunda mano. El vestido, por el que supuestamente se pagaron 300 euros, terminó en manos de un programa de televisión, generando tensión entre las partes implicadas.
Aldón respondió con contundencia ante las acusaciones de falta de reconocimiento: "Voy a tomármelo con filosofía porque estoy en un momento de mi vida en el que puedo saltar por los aires a la mínima. Que ella diga que ha ayudado a confeccionar este vestido después de las horas que yo he invertido en diseñar y confeccionar este vestido… Yo merezco respeto, no juguéis con el pan de mi familia porque yo no juego con el pan".
Estas palabras reflejan la frustración de los creadores cuando su trabajo no es valorado adecuadamente, una sensación que se amplifica cuando el negocio principal ya no es viable económicamente. La doble vertiente de cierre empresarial y polémica sobre propiedad intelectual crea un panorama complejo para estas profesionales.
El caso de Amor Romeira sirve como lección de responsabilidad empresarial. Reconocer a tiempo que un modelo de negocio no funciona y tomar decisiones difíciles antes de incurrir en deudas insostenibles demuestra madurez empresarial. Muchos emprendedores prolongan proyectos inviables por orgullo o esperanza, agravando su situación financiera.
La transparencia con la que Romeira ha gestionado el cierre, comunicándolo directamente a su comunidad y ofreciendo liquidaciones claras, también constituye una buena práctica. Mantener la confianza del cliente incluso en el cierre puede ser valioso para futuros proyectos personales o profesionales.
Este episodio pone de manifiesto la realidad del emprendimiento en España, donde aproximadamente el 50% de los nuevos negocios no superan los tres primeros años. El sector textil, particularmente competitivo, presenta tasas aún más desalentadoras. La combinación de costes fijos elevados, margen de beneficio ajustado y necesidad de rotación constante de stock crea un entorno de alto riesgo.
Para las personas públicas, el desafío es doble: deben gestionar las expectativas empresariales mientras mantienen su imagen personal. El fracaso empresarial puede percibirse como un reflejo de su capacidad profesional, aunque en realidad responde a factores económicos mucho más complejos.
La historia de Amor Romeira y Ana María Aldón refleja la necesidad de apoyo al pequeño comercio y a los emprendedores del sector moda. Medidas como asesoramiento financiero especializado, acceso a financiación no bancaria, plataformas de comercialización conjunta o ayudas para la digitalización podrían marcar la diferencia entre el éxito y el cierre.
Mientras tanto, la liquidación de la tienda de Romeira continúa, ofreciendo oportunidades a clientes que pueden adquirir prendas a precios muy reducidos. Este último capítulo, aunque amargo para la empresaria, representa un cierre ordenado y responsable de un sueño empresarial que, por circunstancias del mercado, no pudo consolidarse.
El futuro profesional de Amor Romeira pasa ahora por reconcentrarse en sus actividades televisivas y, posiblemente, en nuevos proyectos más sostenibles. La experiencia adquirida, aunque costosa, le servirá para enfrentar con mayor preparación cualquier nueva aventura empresarial que decida emprender.