El pasado año 2025 marcó una fecha significativa para la historia marítima de Galicia y, en particular, para el municipio de Corme. Se celebraron los 250 años de la expedición de Francisco Antonio Mourelle de la Rúa a Alaska, un hito que ha sido conmemorado mediante diversos actos culturales y, más recientemente, con la creación de un mural artístico que permanecerá como testimonio permanente de esta gesta. La iniciativa, impulsada desde la propia localidad, materializa el reconocimiento a uno de sus hijos más ilustres, cuyas navegaciones trazaron rutas fundamentales para la exploración del Pacífico norteamericano.
La figura de Francisco Antonio Mourelle de la Rúa, natural de Corme, ocupa un lugar destacado en la nómina de marinos gallegos que contribuyeron al conocimiento geográfico mundial durante el siglo XVIII. Su participación en expediciones hacia la costa noroccidental de América del Norte, concretamente a las inhóspitas tierras de Alaska, representa un capítulo fascinante de la historia naval española. La trascendencia de su legado trasciende las fronteras locales, situando a este pequeño municipio costero en el mapa de la exploración oceánica internacional.
Para perpetuar esta memoria, la comunidad de Corme ha apostado por el arte urbano como vehículo de difusión histórica. Primo Rodríguez, artista gallego reconocido por su trabajo en murales de gran formato, es el autor de la obra que actualmente se está finalizando en la parte posterior de la lonja nueva del municipio. Esta ubicación estratégica, visible tanto para la comunidad pesquera como para los visitantes, convierte la infraestructura portuaria en un espacio de encuentro entre la tradición marinera y la expresión artística contemporánea.
El proceso creativo del mural ha seguido una metodología cuidadosa, donde la investigación histórica se ha combinado con la sensibilidad plástica. Los elementos iconográficos seleccionados buscan evocar no solo la figura de Mourelle, sino también el contexto náutico de su época: las embarcaciones de la marina española del siglo XVIII, los instrumentos de navegación, los paisajes costeros tanto gallegos como alaskanos, y los símbolos que representan la conexión transoceánica entre ambos territorios. La paleta cromática, dominada por los azules oceánicos y los tonos tierra, refuerza esta narrativa visual.
La génesis de este proyecto responde a la visión de Insua de Viastela, quien concibió la idea de materializar el homenaje de forma visual y permanente. Su propuesta encontró el respaldo institucional necesario a través de una subvención de la Deputación de Pontevedra, organismo que ha priorizado la promoción de iniciativas culturales vinculadas al patrimonio local. La colaboración público-privada se completa con la implicación directa del Concello de Corme y de Portos de Galicia, entidades que han facilitado tanto la logística como la integración de la obra en el entorno portuario.
Este tipo de sinergias institucionales resulta fundamental para la viabilidad de proyectos culturales de envergadura. La implicación del Concello asegura que la iniciativa responda a las necesidades y expectativas de la ciudadanía, mientras que el apoyo de Portos garantiza la coherencia con la planificación del espacio marítimo-terrestre. La Deputación, por su parte, aporta los recursos económicos que hacen posible la contratación de artistas profesionales y la ejecución de obras de calidad.
El contexto temporal de la conmemoración resulta especialmente relevante. El año 2025 no solo marcó el segundo centenario cincuentenario de la expedición, sino que también coincidió con un momento de creciente sensibilización hacia el valor del patrimonio marítimo gallego. En los últimos meses, Corme ha acogido conferencias, exposiciones y actos escolares que han profundizado en la biografía de Mourelle y en las circunstancias de su viaje. El mural, sin embargo, representa el elemento más duradero de toda esta programación conmemorativa.
La elección del formato mural como medio de expresión responde a una tendencia creciente en la gestión del patrimonio cultural: la musealización del espacio público. Las paredes de los edificios municipales, especialmente aquellos vinculados a la actividad pesquera, se convierten así en lienzos que narran la propia historia del lugar. Esta estrategia democratiza el acceso a la cultura, eliminando las barreras de los espacios expositivos tradicionales y llevando el conocimiento directamente a la calle, al puerto, al día a día de la comunidad.
Desde una perspectiva educativa, la obra de Primo Rodríguez servirá como recurso pedagógico para futuras generaciones. Los jóvenes de Corme y de la comarca podrán visualizar de forma inmediata la conexión entre su territorio y acontecimientos históricos de alcance global. La presencia física del mural en la lonja, lugar de trabajo de muchas familias del municipio, refuerza la identidad profesional y cultural de la comunidad, recordando que la tradición marinera de Galicia tiene raíces profundas y proyección internacional.
La figura de Mourelle, además, permite reflexionar sobre la dimensión transatlántica de la historia gallega. Durante siglos, los marinos de esta región cruzaron los océanos, integrándose en expediciones científicas, comerciales y militares que configuraron el mundo moderno. La expedición a Alaska forma parte de este relato más amplio, donde la pericia náutica gallega resultó indispensable para la corona española en sus empresas ultramarinas.
El mural de Corme se suma así a otros proyectos de recuperación de la memoria histórica a través del arte en Galicia. Iniciativas similares en localidades costeras como Baiona, Cambados o Muros han demostrado la eficacia de este formato para generar orgullo local y atraer la atención de visitantes interesados en el patrimonio cultural. La combinación de historia, arte y paisaje crea un producto turístico-cultural de calidad, que complementa la oferta tradicional basada en la gastronomía y la naturaleza.
La ejecución técnica de la obra, a cargo de Primo Rodríguez, ha requerido un estudio previo de las condiciones del soporte, la climatología del entorno portuario y la durabilidad de los materiales. Los muros exteriores de las instalaciones pesqueras están sometidos a condiciones extremas de humedad, salinidad y viento, por lo que la selección de pinturas y tratamientos específicos resulta crucial para garantizar la conservación a largo plazo de la intervención artística.
La participación ciudadana en el proceso de creación del mural ha sido otro aspecto destacado. Durante las fases iniciales, se organizaron talleres y reuniones informativas donde el artista presentó sus bocetos y recibió feedback de los vecinos. Esta metodología participativa asegura que la obra final no solo cumpla con criterios artísticos y históricos, sino que también refleje la sensibilidad y las expectativas de quienes la contemplarán diariamente.
En términos de promoción cultural, el mural de Mourelle en Corme constituye un activo intangible de gran valor. Su difusión a través de redes sociales, medios de comunicación y plataformas turísticas posiciona al municipio como destino cultural activo. La imagen del mural, compartida por visitantes y residentes, genera un efecto multiplicador que amplía el impacto de la inversión pública realizada.
La conmemoración de los 250 años de la expedición a Alaska también abre vías de colaboración internacional. La posibilidad de establecer contactos con instituciones alaskanas, museos marítimos o centros de investigación histórica en Estados Unidos podría derivar en intercambios culturales, proyectos educativos conjuntos o rutas turísticas temáticas que vinculen ambas orillas del Pacífico.
En definitiva, el mural que Primo Rodríguez está ultimando en la lonja de Corme representa mucho más que una simple decoración urbana. Es un acto de justicia histórica con un marino ilustre, un refuerzo de la identidad local y una apuesta por la cultura como motor de desarrollo comunitario. La conjunción de esfuerzos entre iniciativa privada, instituciones públicas y comunidad ciudadana demuestra que el patrimonio, cuando se gestiona de forma participativa y creativa, se convierte en un bien vivo que enriquece el presente y orienta el futuro.
Cuando el mural sea inaugurado oficialmente, Corme habrá dado un paso más en la consolidación de su memoria colectiva. Los pescadores que parten cada mañana del puerto, los niños que juegan en sus cercanías y los turistas que visitan la localidad encontrarán, pintado en la pared de la lonja, el relato de un hombre que hace dos siglos y medio surcó mares desconocidos llevando el nombre de esta pequeña villa gallega hasta las costas más remotas del continente americano. Ese es, quizás, el mayor legado que puede dejarse a las generaciones venideras: la certeza de que su historia, por local que parezca, forma parte de la gran aventura de la exploración humana.