Libe, la primera bebé de Gipuzkoa en 2026, nace en Mendaro

La pequeña llegó a las 02.43 horas del 1 de enero, mientras sus padres superaban más de treinta horas de vigilia

La esperanza llegó con retraso a Gipuzkoa esta medianoche. Mientras la mayoría de los vascos celebraban la llegada de 2026 con las tradicionales doce uvas y los brindis familiares, en el Hospital de Mendaro se vivían momentos de tensa expectación. A las 02.43 horas de la madrugada del 1 de enero, finalmente, Libe Otero Aguirrebeña hizo su entrada al mundo, convirtiéndose en el primer bebé del año en el territorio guipuzcoano.

La pequeña, que pesó 2,650 kilogramos, no se apresuró a llegar con las campanadas ni durante los primeros minutos de 2026. Su llegada, sin embargo, fue celebrada con igual ilusión por sus padres, Gorka y Lorea, quienes horas después del parto confesaban sentirse «felices, pero muy cansados». La fatiga era comprensible: llevaban más de treinta horas sin dormir, una vigilia que les impidió seguir la tradición de las uvas.

«Sobre la medianoche puse las campanadas, pero a la vez estábamos intentando dormir y descansar algo», explicaba Gorka, el orgulloso padre. La prioridad era otra: la salud de la madre y la bebé. «Todo ha ido muy bien, madre e hija están bien y eso es lo más importante», celebraba.

Mientras la mayoría de la población disfrutaba de la Nochevieja en compañía de familiares y amigos, otras familias como la de Libe vivían un comienzo de año diferente, marcado por la espera en los pasillos hospitalarios. La llegada de un hijo siempre es un momento único, pero hacerlo en la primera jornada del año añade un carácter simbólico especial que perdurará toda la vida.

El Hospital de Mendaro se convirtió así en el escenario del primer nacimiento guipuzcoano de 2026, un hecho que sitúa a este centro sanitario en el mapa de las noticias locales. No obstante, Libe no fue la única protagonista de la jornada en Euskadi, donde varios centros hospitalarios registraron nacimientos en las primeras horas del año.

La medalla de oro al primer bebé vasco del año se la llevó Ailany, que vio la luz en el Hospital Universitario de Basurto apenas media hora después de las campanadas, a las 00.30 horas. Con un peso de 2,550 kilos, esta pequeña se adelantó a todas en la comunidad autónoma. Le siguió de cerca Alain, el primer varón nacido en Euskadi este 1 de enero. Llegó al mundo a las 00.57 horas en el Hospital Universitario de Cruces, con un peso más robusto de 3,350 kilogramos.

La sucesión de nacimientos continuó en Álava, donde Ainhoa se convirtió en la primera bebé alavesa al nacer en el Hospital de Txagorritxu a las 3.17 horas, con un notable peso de 4,040 kilos. No todos los hospitales tuvieron la misma suerte. El Hospital Universitario de Donostia, por ejemplo, tuvo que esperar hasta las 07.55 horas de la mañana para dar la bienvenida a Stefan, quien se sumó a la lista de nuevos ciudadanos del año.

Estos nacimientos no son meros datos estadísticos. Representan la continuidad de la vida, la esperanza y el futuro de una sociedad. Cada pequeño llega con su propia historia, con padres que han vivido horas de incertidumbre, emoción y, en muchos casos, agotamiento extremo. El caso de Libe ilustra perfectamente esta realidad. Sus padres, Gorka y Lorea, vivieron una Nochevieja atípica. Mientras millones de personas seguían el reloj de la Puerta del Sol en televisión, ellos contaban los minutos de otra manera.

La tradición de las doce uvas se convirtió en un mero fondo sonoro mientras intentaban descansar en una sala de hospital. La experiencia de pasar la última noche del año en un centro hospitalario no es nueva, pero cada familia la vive de forma única. Los sanitarios que trabajan en estas fechas se convierten en testigos privilegiados de estos momentos, a menudo compartiendo con las familias una celebración improvisada pero llena de autenticidad.

El peso de Libe, 2,650 kilos, sitúa su nacimiento dentro de los parámetros normales, aunque en el límite inferior. Esto requiere una atención especial en los primeros días, pero los médicos del Hospital de Mendaro han confirmado que tanto ella como su madre evolucionan favorablemente. La sucesión de nacimientos en los diferentes hospitales vascos refleja la diversidad del sistema sanitario de la comunidad.

Desde el Hospital Universitario de Cruces, con su capacidad y especialización, hasta el más cercano y comunitario de Mendaro, cada centro ha tenido su protagonista en este primer día del año. Para las familias, estos nacimientos conllevan un registro civil especial. Ser el primero del año en su territorio es un dato que acompañará a estos niños y niñas toda su vida, una anécdota familiar que se repetirá en cada cumpleaños y celebración.

La historia de Ailany, la primera de toda Euskadi, será recordada en su familia con particular cariño. Nacer apenas treinta minutos después de que el año nuevo hiciera su entrada demuestra una puntualidad casi perfecta. Sus 2,550 kilos la convierten en la más pequeña de las protagonistas, pero su prematuridad en el calendario la hace la más destacada. Por su parte, Alain, con sus 3,350 kilos, representa el lado más robusto de la natalidad del día. Su nacimiento en Cruces, uno de los hospitales más importantes del norte de España, aseguró una atención de primer nivel desde el primer minuto.

En Álava, Ainhoa llegó con el peso más elevado de todas: 4,040 kilos. Su nacimiento a las 3.17 horas en el Hospital de Txagorritxu demuestra que la natalidad no sigue horarios ni protocolos, y cada bebé llega cuando decide. El Hospital Universitario de Donostia, aunque no registró el primer nacimiento, tuvo su momento de alegría con Stefan a las 07.55 horas. Cada nacimiento es único y especial, independientemente de su posición en el ranking temporal.

Estos eventos ponen de relieve el trabajo silencioso pero fundamental de los profesionales sanitarios que trabajan en festivos. Mientras la sociedad descansa y celebra, médicos, enfermeras y personal de apoyo garantizan que la vida pueda comenzar con todas las garantías. La tradición de registrar los primeros bebés del año tiene un componente simbólico importante. En una época donde los datos demográficos son motivo de preocupación, cada nacimiento se celebra como una victoria de la esperanza.

Los consejos de Gipuzkoa, Bizkaia y Álava comparten esta alegría, aunque cada uno con su protagonista particular. Para Gorka y Lorea, la llegada de Libe marca el inicio de una nueva etapa. Las más de treinta horas de vigilia quedarán pronto olvidadas ante la inmensidad de la tarea que les espera. La fatiga de la Nochevieja se convertirá en anécdota, una historia que contarán a su hija cuando sea mayor.

El Hospital de Mendaro, con este nacimiento, se suma a la lista de centros que han dado la bienvenida a los primeros ciudadanos del año. Su equipo de obstetricia y pediatría ha demostrado una vez más su capacidad para atender con excelencia momentos tan significativos. En resumen, el 1 de enero de 2026 ha sido un día de celebraciones múltiples en Euskadi. Desde la madrugada hasta bien entrada la mañana, los hospitales de la comunidad han ido registrando los nacimientos que marcarán el futuro demográfico y social del territorio.

Libe, Ailany, Alain, Ainhoa y Stefan son los rostros más jóvenes de un año que promete nuevas oportunidades y desafíos. Cada uno con su peso, su hora de nacimiento y su hospital, pero todos con algo en común: han sido los primeros en abrir los ojos en un nuevo año, portadores de la ilusión y la esperanza de sus familias y, simbólicamente, de toda una sociedad que mira al futuro con el deseo de crecer y prosperar.

Referencias

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