ARIA, locos por la ópera proclama a Klaudya como ganadora en una gran final lírica

La joven soprano se impuso en la gala final del programa de TVE, que reunió a seis finalistas y contó con la participación del tenor Javier Camarena como jurado secreto

La gran final de ARIA, locos por la ópera transformó la parrilla televisiva en un auténtico festival lírico, celebrando la excelencia del canto clásico en horario de máxima audiencia. La gala, conducida con elegancia y solvencia por la versátil Ruth Lorenzo, se erigió como un hito sin precedentes para la difusión de la ópera en España, demostrando de manera fehaciente que el género lírico puede conectar con amplios sectores del público cuando se presenta con el rigor y la pasión que merece.

El evento contó con la participación de la prestigiosa Franz Schubert Filharmonia, que proporcionó el acompañamiento musical de lujo que requerían las piezas seleccionadas. Bajo la batuta de un director invitado, la orquesta demostró una versatilidad excepcional, adaptándose a los distintos estilos y períodos representados a lo largo de la velada. Seis concursantes llegaron a esta última cita decisiva: Carmen, Guillem, Klaudya, Marina, Merlyn y Aseel, cada uno con la misión de demostrar su madurez artística y técnica mediante arias emblemáticas del repertorio operístico universal, cuidadosamente seleccionadas para poner a prueba sus límites y potencial.

La velada arrancó con una versión coral y orquestal del tema "Viva la vida" de Coldplay, reinterpretado con un carácter lírico que sorprendió gratamente al respetable. Esta elección inicial, lejos de ser una concesión comercial, simbolizó la voluntad del programa de tender puentes entre la música popular contemporánea y la culta, estableciendo un tono accesible pero sin renunciar en ningún momento a la calidad artística. Los seis finalistas demostraron una cohesión notable, interpretando los arreglos con entusiasmo y demostrando que la formación recibida durante las semanas previas había calado hondo en su sensibilidad musical.

Tras la presentación inicial, Ruth Lorenzo dio paso a las intervenciones individuales, que se sucedieron con un ritmo pausado que permitía apreciar cada detalle. La primera en actuar fue Carmen, quien afrontó el desafío de "Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen", extraída de La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart. Se trata de una de las piezas más temidas por los sopranos coloratura debido a su tesitura extremadamente aguda, sus rápidos pasajes de coloratura y su dramatismo desbordante. Los miembros del jurado profesional destacaron su valentía al enfrentarse a semejante reto, reconociendo su capacidad para mantener la intensidad emocional que el personaje de la Reina de la Noche exige, aunque también señalaron aspectos técnicos que podrían perfeccionarse con más experiencia escénica.

El turno de Guillem llegó con la célebre "Votre toast, je peux vous le rendre", más conocida como la Canción del Toreador de Carmen de Georges Bizet. Su interpretación demostró una evolución notable respecto a las galas anteriores, mostrando una seguridad escénica y una comunicación directa con el público que antes no había sido tan evidente. El jurado elogió su versatilidad interpretativa y su disposición a explorar registros y estilos que le resultaban poco familiares al inicio del certamen, destacando especialmente su mejora en la dicción francesa y la caracterización del personaje.

El momento cumbre de la noche llegó con la actuación de Klaudya, quien se atrevió con "Casta Diva" de Norma de Vincenzo Bellini. Esta aria representa la quintaesencia del bel canto romántico italiano, exigiendo un control perfecto del fraseo, una emisión pura, un legato impecable y una expresividad contenida pero profunda. A pesar de no encontrarse en su mejor momento vocal según reconoció posteriormente en una entrevista, su entrega emocional y su técnica superaron cualquier limitación física temporal, convenciendo tanto al jurado profesional como al secreto. Su compromiso con la obra y su capacidad de superación fueron los aspectos más aplaudidos por todos los miembros del tribunal.

Marina ofreció una versión brillante y llena de gracia de "Mein Herr Marquis", la famosa Canción de la risa de Adele de El murciélago de Johann Strauss II. Su actuación combinó perfección técnica con una presencia escénica encantadora y natural, logrando un equilibrio ideal entre la exigencia vocal y la interpretación teatral cómica que requiere el personaje. El jurado coincidió en calificarla como su mejor intervención en todo el concurso, destacando su sonido luminoso, su afinación cristalina y su dominio del idioma alemán, elementos que la convierten en una promesa sólida para el futuro.

La participación de Merlyn supuso una redención artística absoluta. Tras una actuación menos conseguida en la primera gala que había generado dudas sobre su continuidad, su interpretación de "Stride la vampa" de Il trovatore de Giuseppe Verdi demostró un renacer vocal y escénico espectacular. El jurado le transmitió un mensaje de aliento y confianza, instándola a creer plenamente en sus capacidades y a liberarse definitivamente de los miedos que habían limitado su rendimiento anterior. Su voz mostró una potencia y un color que muchos no esperaban, reivindicando su lugar entre los finalistas.

Finalmente, Aseel cerró el ciclo de intervenciones con "Sempre libera" de La traviata de Giuseppe Verdi. Esta aria, que encarna el espíritu de libertad y pasión desenfrenada de la protagonista Violetta, le permitió desplegar su registro agudo con soltura y proyectar una emoción auténtica que conectó directamente con el público presente en el plató. Su técnica respiratoria y su capacidad para sostener las frases largas fueron especialmente destacadas por los expertos.

Uno de los elementos más esperados de la noche fue el desvelamiento del jurado secreto, cuya identidad había generado intensa especulación en redes sociales y entre los aficionados. Finalmente, se confirmó que el prestigioso tenor mexicano Javier Camarena había sido el encargado de valorar las actuaciones desde la perspectiva de un artista internacional de primer nivel, con una carrera consolidada en los teatros más importantes del mundo. Su presencia añadió un nivel de exigencia y legitimidad extraordinarios al certamen, y sus comentarios, aunque breves, resultaron esclarecedores sobre lo que se espera de un profesional en la escena internacional.

El programa también contó con la intervención de Valentí Oviedo, director del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, quien subrayó la trascendencia de iniciativas como ARIA para la supervivencia y renovación del género lírico en el siglo XXI. Acompañado de la soprano española Serena Sáenz, ambos coincidieron en la necesidad imperiosa de acercar la ópera a públicos más jóvenes y diversos, utilizando los medios de comunicación masivos como herramienta de democratización cultural. Oviedo destacó que el futuro de la ópera depende de la formación de nuevas audiencias, y que la televisión juega un papel crucial en este proceso.

Tras una deliberación que, según se pudo observar, fue intensa pero cordial, el veredicto fue unánime: Klaudya se alzó con la victoria, obteniendo un premio de 15.000 euros y el reconocimiento unánime de la comunidad lírica. Su triunfo representa no solo un logro personal de enorme trascendencia, sino también la consolidación definitiva de ARIA como formato televisivo capaz de combinar entretenimiento de calidad con rigor artístico, algo que no siempre es fácil de lograr en la parrilla actual.

La gala final de ARIA, locos por la ópera ha demostrado de manera fehaciente que la televisión pública puede servir como plataforma eficaz para la difusión de las artes escénicas de élite sin necesidad de simplificarlas excesivamente ni caer en el sensacionalismo. La apuesta de TVE por este formato refuerza el compromiso histórico de la corporación con la cultura contemporánea y abre nuevas vías para la formación de públicos futuros que, de otro modo, quizá nunca se habrían acercado a un teatro de ópera.

En definitiva, la primera edición del programa ha logrado sobradamente su objetivo inicial: situar la ópera en el centro del debate cultural nacional y demostrar que existe una audiencia hambrienta de contenidos de calidad que respeten su inteligencia y sensibilidad. La victoria de Klaudya es solo el comienzo de lo que promete ser una larga trayectoria para este innovador formato, que ya ha anunciado su renovación para una segunda temporada ante el éxito cosechado. El reto ahora será mantener el listón alto y continuar sorprendiendo a un público que ha reclamado con claridad más espacios donde el arte y la excelencia sean los verdaderos protagonistas.

Referencias

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