Un nuevo incidente vuelve a poner de manifiesto los riesgos de confiar ciegamente en la tecnología de navegación por satélite en entornos rurales. Este miércoles, un furgón de reparto de paquetería quedó completamente calcinado en la zona de Mondoñedo, Galicia, después de que su conductor, siguiendo las indicaciones de su GPS, se viera forzado a introducirse por un camino forestal que resultó ser intransitable.
El suceso, que tuvo lugar alrededor del mediodía, ha generado debate sobre la fiabilidad de los sistemas de navegación en zonas de montaña y la necesidad de que los conductores profesionales mantengan el sentido común como herramienta principal. El repartidor se encontraba realizando su ruta habitual cuando el dispositivo de geolocalización le indicó un "atajo" que le llevaría de vuelta a Mondoñedo, a unos quince kilómetros del lugar del incidente.
El punto exacto del percance fue el monte Agudo, una zona de difícil acceso ubicada cerca del mirador de Os Castelos, entre las localidades de Viloalle y Estelo. El camino, cubierto de barro y con una anchura insuficiente para vehículos de mayor tonelaje, se convirtió en una trampa para el conductor, que al intentar avanzar por él, vio cómo su vehículo quedaba completamente inmovilizado.
La secuencia de eventos fue rápida y desesperante. El conductor, consciente de su situación, intentó sin éxito salir del camino. Fue entonces cuando, posiblemente debido al esfuerzo continuado del motor para liberarse del lodo, el vehículo comenzó a sobrecalentarse. En cuestión de minutos, el calor excesivo provocó que el motor se incendiara, convirtiendo el furgón en una antorcha en medio del monte gallego.
Ante la gravedad de la situación, el propio conductor tuvo que dar la voz de alarma. A través de una llamada al 112, el servicio de emergencias de Galicia, explicó con voz angustiada que se había introducido por un camino forestal del que no podía salir y que, para empeorar las cosas, su vehículo acababa de estallar en llamas. La rapidez en la alerta fue crucial, aunque las circunstancias del terreno complicarían enormemente la labor de rescate.
Desde el centro de emergencias se activó de inmediato el protocolo correspondiente. Se dio aviso a la Protección Civil de Mondoñedo, a la policía local, a Tráfico y a la Guardia Civil. Sin embargo, el principal obstáculo se presentó cuando los bomberos de Barreiros, que habían salido del parque con urgencia, se encontraron con que su camión de extinción no podía circular por el angosto sendero que conducía al vehículo en llamas.
Esta circunstancia evidencia uno de los grandes problemas de la gestión de emergencias en zonas rurales y montañosas: la inaccesibilidad. Los caminos forestales, diseñados principalmente para maquinaria agrícola o para el paso de peatones, no están preparados para vehículos de emergencia de gran tonelaje. En este caso, los bomberos se vieron obligados a abortar su misión, dejando que las llamas consumieran por completo el furgón de reparto.
Afortunadamente, y a pesar del dramatismo del incidente, el conductor logró salir ileso del vehículo antes de que las llamas se propagaran. Su rápida reacción y la llamada oportuna al 112 evitaron que el suceso tuviera consecuencias personales irreparables. No obstante, el vehículo quedó totalmente destruido, convirtiéndose en un amasijo de chapa retorcida y cenizas en medio del paisaje forestal.
La única presencia institucional que pudo llegar hasta el lugar fue una brigada de la Consellería de Medio Rural, cuyos vehículos están adaptados para circular por este tipo de vías. Su presencia, más que para apagar el incendio, fue para evaluar los daños y coordinar las tareas de limpieza y retirada del vehículo siniestrado, una vez que el fuego hubiera consumido todo lo combustible disponible.
Este incidente no es aislado. En los últimos años, han proliferado los casos de conductores, tanto particulares como profesionales, que confiando ciegamente en las indicaciones de sus dispositivos GPS, se han visto atrapados en caminos impracticables, ríos o incluso precipicios. Los expertos en seguridad vial recomiendan siempre complementar la tecnología con el sentido común. Un GPS puede ser una herramienta invaluable, pero no debe sustituir el juicio humano.
El sector del reparto de paquetería, especialmente en zonas rurales como Galicia, enfrenta diariamente el desafío de equilibrar eficiencia y seguridad. Las presiones por cumplir con plazos de entrega pueden llevar a los conductores a tomar atajos que, como en este caso, resultan contraproducentes. Las empresas deberían incluir en su formación módulos sobre uso responsable de navegadores y toma de decisiones en situaciones de riesgo.
Desde el ámbito tecnológico, las empresas desarrolladoras trabajan en mejorar algoritmos para detectar vías no aptas. Algunas apps permiten configurar el tipo de vehículo, pero la precisión es limitada en zonas rurales. La colaboración entre administraciones y empresas de navegación es clave para mejorar la cartografía digital y diferenciar vías aptas de caminos restringidos.
La comunidad local ha mostrado comprensión hacia el conductor, pero también preocupación. Vecinos de Viloalle y Estelo sugieren colocar señalética adicional en las entradas de estos caminos para advertir a conductores desconocedores del terreno. Conocen bien los peligros de los caminos forestales y expresan sorpresa de que un conductor profesional tomara una ruta tan evidentemente peligrosa.
El incidente de Mondoñedo es una llamada de atención: la confianza excesiva en la tecnología puede tener consecuencias graves. La combinación de juicio humano, formación y tecnología bien configurada es la única fórmula segura. Mientras tanto, la empresa evalúa pérdidas que incluyen el vehículo, posibles indemnizaciones y costes de retirada.
La historia termina con un conductor a salvo, pero con un vehículo destruido, en un escenario evitable con precaución. El GPS, herramienta que nos saca de apuros, esta vez condujo al desastre. Es una lección para todos: la tecnología es un complemento, no un sustituto de nuestra capacidad de razonamiento.