Gerard Moreno y Moleiro rescatan al Villarreal ante un Alavés sin puntería

La entrada del delantero catalán en el descanso y la magia del canario decantaron un duelo que el conjunto de Marcelino tenía perdido

El Villarreal demostró una vez más su capacidad de reacción al superar al Alavés en un encuentro que parecía escapársele de las manos. Los de Marcelino García Toral, que dominaron la segunda mitad con autoridad, se impusieron gracias a la inspiración de Gerard Moreno y Alberto Moleiro, dos futbolistas que transformaron por completo la dinámica del choque en La Cerámica. El triunfo permite al conjunto amarillo asentarse en la tercera posición de la clasificación, manteniendo la presión sobre los dos grandes favoritos del campeonato.

El encuentro comenzó con un guion inesperado. El Alavés, que llegaba a este compromiso sumido en una crisis de resultados tras tres jornadas sin conocer la victoria y con serios problemas de cara al gol lejos de Mendizorroza, salió al terreno de juego con una actitud sorprendentemente agresiva. A los treinta segundos de juego, Toni Martínez ya había avisado con una volea de espíritu acrobático que obligó a Luiz Júnior a lucirse bajo palos para evitar el tanto inicial.

Durante los primeros compases, el equipo vitoriano, bien ordenado por su entrenador Eduardo Coudet, demostró una solidez táctica que incomodó gravemente las aspiraciones locales. El plantel groguet parecía adormecido, incapaz de encontrar espacios en un muro defensivo que se cerraba con rapidez y que interrumpía constantemente el ritmo del juego mediante faltas tácticas. Tan solo en los primeros diez minutos, los visitantes cometieron media docena de infracciones que frenaban cualquier intento de contraataque por las bandas.

A medida que avanzaba el primer periodo, el dominio territorial del Villarreal se convertía en una posesión estéril. El Alavés, lejos de amedrentarse, ganó confianza y comenzó a subir su línea defensiva, tomando el control del centro del campo gracias al trabajo de Pablo Ibáñez y Guridi. Las ocasiones claras brillaban por su ausencia, y el partido se convirtió en un intercambio de imprecisiones que frustraba a la parroquia local.

Hacia el ecuador del primer acto, el duelo experimentó un breve suspiro de emoción. Por un lado, Carlos Vicente, quien había entrado en el once por la aplicación de la temida cláusula del miedo a Denis Suárez, protagonizó una internada peligrosa por la derecha que finalizó con un disparo cruzado que rozó el poste. La respuesta del Villarreal no se hizo esperar, con un potente derechazo de Georges Mikautadze que se escapó por escasos centímetros del marco defendido por Fernando Pacheco.

Sin embargo, estos destellos de peligro resultaron insuficientes para animar un choque que decayó notablemente en intensidad. El mediocampo del Alavés ejerció un control absoluto, y el conjunto de Marcelino se mostró incapaz de generar peligro con continuidad. El silbato del árbitro para el descanso dejó un regusto amargo en la grada, consciente de que su equipo había ofrecido una de las peores versiones de la temporada.

La segunda mitad comenzó con un cambio que resultaría decisivo. Marcelino, con su característica intuición, decidió sacar a Ayoze Pérez para dar entrada a Gerard Moreno. El impacto del delantero catalán fue inmediato. A los dos minutos de su aparición, ya había generado una ocasión clamorosa con una jugada de fantasía dentro del área que terminó con el balón impactando en el lateral de la red.

La transformación del Villarreal fue total. El equipo adquirió una verticalidad desconocida en los primeros cuarenta y cinco minutos, y el gol llegó de forma inevitable. En el minuto 49, Alberto Moleiro, que había sido de los pocos jugadores groguet con un nivel aceptable en la primera parte, recogió un rechace en la frontal del área. El canario, con una clase excepcional, perfiló el esférico hacia su pierna derecha y lanzó un misil que se coló en la escuadra de la portería de Sivera, absolutamente imposible de detener. El 1-0 reflejaba por fin la superioridad que el conjunto local había comenzado a ejercer.

El tanto desequilibró por completo al Alavés, que se vio obligado a abrirse en busca del empate. Este cambio de actitud dejó espacios que el Villarreal supo explotar a la perfección. Gerard Moreno se convirtió en el referente ofensivo que el equipo necesitaba, combinando con inteligencia con Moleiro y Mikautadze para crear una vendaval amarillo que asoló las aspiraciones vitorianas.

Los minutos siguientes fueron un monólogo groguet. El trío formado por Gerard, Moleiro y Mikautadze generó ocasión tras ocasión, con Sivera convertido en el único argumento defensivo de su equipo. El portero visitante evitó una goleada que parecía inevitable con intervenciones de mérito ante los constantes disparos de los atacantes locales.

El Alavés, por su parte, demostró una vez más su falta de puntería lejos de casa. Con apenas tres goles anotados como visitante antes de este compromiso, los de Coudet no encontraron la manera de inquietar a una defensa amarilla que cerró filas tras adelantarse en el marcador. La falta de recursos ofensivos se convirtió en la crónica de una muerte anunciada para los vitorianos.

El pitido final certificó una victoria vital para el Villarreal, que suma tres puntos de oro en su lucha por mantenerse en los puestos de privilegio. La reacción de la segunda mitad demuestra la capacidad de Marcelino para leer los partidos y tomar decisiones valientes que cambian el rumbo de los encuentros. La conexión entre Gerard Moreno y Moleiro se antoja como uno de los activos más valiosos para lo que resta de temporada.

Para el Alavés, la derrota supone un duro golpe en su moral. A pesar de un primer tiempo casi perfecto desde el punto de vista táctico, la falta de efectividad y la incapacidad para mantener el ritmo durante noventa minutos dejan a los de Coudet en una situación comprometida. La necesidad de encontrar una referencia ofensiva que resuelva los partidos se convierte en una prioridad urgente para el cuerpo técnico.

El Villarreal, con este triunfo, demuestra que tiene recursos para competir al más alto nivel. La calidad individual de jugadores como Gerard Moreno y Moleiro, combinada con la experiencia de Marcelino, configuran un equipo capaz de superar momentos de adversidad. La tercera plaza en la tabla no es fruto de la casualidad, sino el reflejo de un proyecto sólido que aspira a todo en esta Liga.

Referencias

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