Florentino Pérez ausente en Supercopa: relaciones rotas entre Madrid y Barcelona

El presidente del Real Madrid no asistió a la recepción oficial en Yeda mientras Laporta confirma el distanciamiento entre los clubes por el caso Negreira

El hotel Marriott de Yeda, en territorio saudí, acogió la ceremonia oficial de presentación de la Supercopa de España, un evento que tradicionalmente reúne a las principales autoridades del fútbol español. No obstante, la figura más destacada por su ausencia fue Florentino Pérez, máximo mandatario del Real Madrid, quien decidió no participar en la recepción institucional organizada por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). Aunque su llegada a la ciudad se produjo el sábado por la tarde, el presidente blanco optó por no asistir al cóctel, replicando la misma decisión que ya causara polémica en la edición anterior del torneo.

La recepción, moderada por Rafael Louzán, presidente de la RFEF, contó con Joan Laporta y Emilio Butragueño como principales representantes del FC Barcelona y del Real Madrid, respectivamente. La decisión de Florentino de no acudir no pasó desapercibida, especialmente porque se produce en uno de los momentos de mayor tensión institucional entre ambas entidades en las últimas décadas.

Durante sus declaraciones a los medios presentes en el evento, Laporta no eludió el tema de la ausencia de su homólogo madridista. «No tengo constancia de si ha llegado o no a territorio árabe, pero a este acto concreto no ha asistido. Es libre de hacer lo que considere oportuno y el Barcelona mantiene el máximo respeto hacia nuestro rival histórico y sus representantes», manifestó el presidente azulgrana con diplomacia. Sin embargo, minutos después fue más allá al reconocer abiertamente que las relaciones entre ambas entidades están rotas.

«Existen diversos asuntos de calado que nos han distanciado de manera significativa. Si ya éramos adversarios acérrimos y eternos por naturaleza, ahora hay una circunstancia concreta que provoca que las relaciones estén rotas», explicó Laporta, haciendo referencia implícita a la crisis actual. A pesar de la gravedad de sus palabras, hizo hincapié en la necesidad de mantener el respeto institucional: «Hay un respeto que preservar como valor fundamental». Y dejó la puerta abierta a una posible solución futura: «Todo tiene solución y es reconducible, pero depende exclusivamente de la voluntad de las partes implicadas».

El origen del enfrentamiento actual se remonta a los últimos meses, cuando Florentino y Laporta abandonaron la cordialidad que les unía en torno al proyecto de la Superliga Europea. El caso Negreira se ha convertido en el principal foco de discordia y el detonante de las críticas mutuas. Pérez lanzó duras críticas contra el Barcelona durante la última Asamblea de socios del Madrid, lo que provocó una contundente respuesta de Laporta que no se hizo esperar.

El presidente del Barcelona aludió entonces a la «barcelonitis» del madridismo. «Ya es aguda y crónica. Está instalada en el corazón del madridismo más profundo. Hay que decirlo con claridad. En este sentido, nosotros venimos aquí a competir en fútbol y a ofrecer una buena imagen institucional», declaró Laporta antes del duelo de Copa del Rey contra el Guadalajara, en una clara alusión a la obsesión anti-Barça que percibe en el club blanco.

Florentino Pérez, por su parte, no ha ocultado su indignación en ningún momento. En el tradicional almuerzo navideño del club blanco, cuestionó públicamente: «¿Cómo es posible que el presidente de los árbitros [Fran Soto] nos pida que lo olvidemos? ¿Cómo vamos a olvidar el mayor escándalo de la historia del fútbol español?». Sus palabras dejaron clara su posición intransigente.

«La mayor preocupación del Madrid es la situación del arbitraje en España. Perjudica gravemente la reputación de nuestra Liga. Es obligatorio que se haga justicia con lo ocurrido con Negreira durante veinte años. Las instituciones han dejado solo al Madrid en esta batalla», insistió Florentino, en una evidente alusión tanto a la RFEF como a LaLiga Santander.

La ausencia de Pérez en el evento de Yeda no es un hecho aislado, sino la confirmación de un distanciamiento que parece cada vez más profundo y estructural. Mientras tanto, el fútbol español contempla con preocupación cómo la máxima rivalidad del país se enquista en un conflicto institucional que trasciende el terreno de juego y afecta a la gobernanza del deporte.

El contexto de la Supercopa en Arabia Saudí añade otra capa de complejidad. La decisión de la RFEF de celebrar este torneo en territorio saudí ha sido controvertida desde su inicio, y la ausencia del presidente del club más laureado de España en el acto oficial no hace más que cuestionar el formato y la legitimidad del evento. Los derechos televisivos, el lucro económico y la proyección internacional son factores que pesan en esta ecuación.

Desde el punto de vista institucional, la RFEF se encuentra en una posición incómoda. Louzán, como anfitrión, tuvo que moderar un evento donde el principal ausente era precisamente el líder del Real Madrid, club que ha ganado la mayoría de las ediciones recientes de la Supercopa. Esta situación pone de manifiesto la tensión entre los intereses comerciales del fútbol moderno y las tradiciones institucionales.

Para el Barcelona, la presencia de Laporta en el evento, aunque con declaraciones contundentes, demuestra una estrategia diferente: asistir pero ser claro en el mensaje. El club azulgrana parece querer marcar distancias con el Madrid sin romper completamente el diálogo institucional. La presencia de Butragueño, por su parte, representa la cara más diplomática del Madrid, aunque sin el peso de la presidencia.

El futuro de las relaciones entre ambos clubes parece incierto. El caso Negreira continúa en los tribunales y en los titulares, y cada nueva declaración sirve para profundizar la brecha. La Superliga, que algún día los unió, ahora parece un proyecto lejano mientras ambos clubes se enfrentan en múltiples frentes: arbitraje, competiciones internacionales, y ahora, protocolo institucional.

La pregunta que muchos se hacen es si este distanciamiento es temporal o marca una nueva era en la relación entre los dos gigantes del fútbol español. La historia ha visto momentos de tensión similar, pero la magnitud mediática y la complejidad de los intereses económicos actuales hacen que esta crisis tenga matices diferentes. La resolución dependerá no solo de la voluntad de los presidentes, sino también de cómo evolucionen los procesos judiciales y las decisiones de los organismos rectorales.

Mientras tanto, el espectáculo futbolístico continúa. Los jugadores saltan al césped sin la carga directa de estas disputas, pero el ambiente institucional contamina inevitablemente el entorno. Los aficionados, divididos entre ambos bandos, observan con preocupación cómo las diferencias se amplían más allá de lo deportivo.

En definitiva, la ausencia de Florentino Pérez en Yeda no es solo un gesto protocolario, sino un síntoma de una enfermedad que aqueja al fútbol español: la incapacidad de sus máximos representantes para mantener una relación institucional mínimamente funcional. La confirmación de Laporta sobre las relaciones rotas deja claro que, al menos por ahora, no hay vuelta atrás inminente. Todo dependerá de cómo se resuelvan los conflictos pendientes y de si ambas partes encuentran el camino del entendimiento.

Referencias

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