El Carlos Tartiere presenció un intenso duelo de LaLiga EA Sports que terminó con reparto de puntos entre dos conjuntos con necesidades bien distintas. El Real Oviedo 1-1 Real Betis refleja una historia de frustración local y oportunidad visitante, donde la calidad individual volvió a marcar la diferencia en un contexto de máxima igualdad.
El encuentro arrancó con los carbayones mostrando una cara renovada bajo el mando de Guillermo Almada, quien buscaba su primera victoria desde que aterrizó en el banquillo ovetense. Los locales salieron con una idea clara: presionar alto y aprovechar los espacios que dejaba un Betis que, pese a su calidad, mostraba cierta relajación tras su buena racha europea.
La primera mitad fue un monólogo de intentos ovetenses que chocaron una y otra vez con la madera. Chimy Ávila, el delantero argentino, se convirtió en la gran amenaza verdiblanca y tuvo en sus botas el gol en dos ocasiones clarísimas. Primero con un cabezazo potente que se estrelló contra el larguero, y posteriormente con un disparo cruzado que besó el poste derecho de la portería defendida por Valles. La mala fortuna parecía cebarse con un Oviedo que merecía adelantarse en el marcador por méritos propios.
Por su parte, el Betis de Manuel Pellegrini mostraba su versión más pragmática. Consciente de su posición privilegiada en la tabla, el conjunto sevillano administraba los tiempos y esperaba su momento. La posesión era local, pero el peligro latía en las botas de Lo Celso y Riquelme, dos futbolistas con capacidad para cambiar el signo de cualquier compromiso en un instante.
La segunda mitad trajo consigo el desenlace que el partido demandaba. En el minuto 58, una jugada de ensueño de Ilyas Chaira rompió la igualdad. El joven extremo marroquí recibió en la banda izquierda, recortó hacia el interior y, desde la frontal, sacó un zurdazo imparable que se coló por la escuadra derecha de la meta de Valles. El Tartiere estalló de júbilo, y la primera victoria de Almada parecía cada vez más cerca.
Sin embargo, el fútbol tiene estas cosas. El Betis, lejos de descomponerse, apretó el acelerador. Pellegrini movió el banquillo introduciendo más mordiente ofensiva, y el premio llegó en el 72'. Giovani Lo Celso recibió un pase en la frontal, protegió el balón con el cuerpo y, tras un contacto con el defensor local, definió con un disparo raso y cruzado que batió a Valles.
La polémica no se hizo esperar. Jugadores del Oviedo reclamaron falta previa en la genesis de la jugada, argumentando que el argentino había empujado al central para ganar posición. El VAR revisó la acción durante varios minutos, generando una tensión palpable en el estadio. Finalmente, el gol fue validado. El analista arbitral Iturralde González dejó clara su postura: "Que le pone las manos, está claro. ¿Crees que hay empujón? No es claro y manifiesto para que llame el VAR. El otro cuando nota el apoyo, hace por caer. Muchas veces pone las manos para que el defensor no venga para atrás, le marcas. No le empuja. Gol legal. Exagera porque ya no llega al balón".
El argumento de Iturralde pone sobre la mesa un debate recurrente en el fútbol moderno: la interpretación del contacto en ataque. Lo Celso utilizó su cuerpo para blindar la posición, un recurso técnico legal que el VAR no consideró suficiente para anular la diana. La decisión, si bien técnicamente correcta según el protocolo, dejó un regusto amargo en la parroquia ovetense.
Los últimos quince minutos fueron un ida y vuelta constante. El Oviedo, necesitado de oxígeno en la tabla, se volcó hacia el área de Valles con un ímpetu desesperado. Por su parte, el Betis, con la calma que da la experiencia, buscó la contra para sentenciar. La ocasión más clara llegó en el descuento, cuando Riquelme se encontró solo ante Valles tras una gran acción de Bellerín, pero su remate se estrelló en el larguero cuando ya cantaba el gol.
El pitido final dejó sensaciones encontradas. Por un lado, el Oviedo suma su tercer empate consecutivo con Almada, una racha que, si bien invicta, no resuelve su principal problema: la falta de victorias. Los carbayones se mantienen en la última posición de LaLiga con 13 puntos, a seis de la salvación. La sensación de oportunidad perdida planea sobre el vestuario, conscientes de que el primer triunfo estaba al alcance de la mano.
Por otro lado, el Betis ve cómo se le escapa la posibilidad de acercarse a los puestos de Champions. Los verdiblancos se quedan con 29 puntos, firmes en la sexta plaza que da acceso a la Conference League, pero a ocho puntos del cuarto puesto. La derrota del Atlético de Madrid hubiera supuesto un incentivo extra para recortar distancias, pero el empate en territorio complicado deja un sabor agridulce en el seno bético.
El análisis estadístico del encuentro refleja la igualdad sobre el césped. El Oviedo dominó la posesión con un 58%, traduciéndose en 14 disparos, 5 de ellos entre los tres palos. El Betis, más efectivo, necesitó 11 remates para generar el mismo peligro. La precisión de pases fue similar (82% para los locales, 80% para los visitantes), evidenciando que la calidad, no la cantidad, fue la clave del resultado.
Lo Celso emergió como figura del partido no solo por su gol, sino por su capacidad para generar juego en zonas de peligro. El argentino completó 3 regates, 2 pases clave y 4 disparos, convirtiéndose en el motor ofensivo de un Betis que echó de menos la pegada de Borja Iglesias. Por su parte, Chaira demostró que su gol no fue flor de un día: el marroquí fue el jugador más desequilibrante del Oviedo, con 5 regates completados y una constante amenaza por la banda izquierda.
La defensa del Oviedo, pese al gol encajado, mostró una solidez que invita al optimismo. La pareja formada por Calvo y González concedió pocas ocasiones claras, y solo la genialidad de Lo Celso pudo batir a Valles. El problema sigue siendo la falta de efectividad: con 13 goles a favor en 17 jornadas, es el segundo ataque menos productivo de la categoría, solo superado por el Granada.
En el bando bético, la sensación es de deber incompleto. Pellegrini ha construido un equipo sólido y competitivo, capaz de competir en tres frentes, pero la falta de regularidad lejana del Benito Villamarín está lastrando sus aspiraciones europeas. Solo 4 victorias en 8 desplazamientos hablan de un problema de competitividad que debe resolver si quiere soñar con la Champions.
El calendario no da tregua a ninguno de los dos. El Oviedo visita el Sánchez-Pizjuán en la próxima jornada, un escenario donde las opciones de puntuar son mínimas. El Betis, por su parte, recibe al Valencia en un duelo directo por la zona noble. La victoria es imperativa para ambos, aunque por motivos bien diferentes.
La crónica completa del encuentro, elaborada por nuestro compañero Nacho Azparren, confirma lo que los espectadores presenciaron: un partido vibrante, con polémica, ocasiones claras y dos equipos que merecieron más de lo que finalmente obtuvieron. El fútbol, en su esencia, es justo e injusto a la vez. Justo porque el empate refleja lo visto sobre el césped; injusto porque tanto el esfuerzo ovetense como la ambición bética reclamaban un premio mayor.
En definitiva, el Real Oviedo 1-1 Real Betis se convierte en un nuevo capítulo de una temporada llena de matices para ambos conjuntos. Para los locales, la confirmación de que el trabajo de Almada empieza a dar frutos, pero que necesitan traducirlo en victorias urgentes. Para los visitantes, la evidencia de que la calidad individual puede salvar puntos, pero que la regularidad es imprescindible para alcanzar las metas ambiciosas. La Liga está viva, y cada jornada escribe su propia historia.